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Contracultural
2.27.2015
Vida de topos. El laburo subterráneo.
1.14.2015
Manal y un sueño premonitorio
7.02.2014
Ayer Nomás
Por mediados de los años sesenta en el mundo se comenzaban a respirar nuevos aires. Se iba produciendo rápidamente un desencanto general de las mayorías mundiales con respecto a las promesas que el capitalismo había realizado tras el final de la Segunda Guerra. Esto iría a impactar significativamente en los sectores juveniles de entonces, quizás de una forma no igualable a lo que sucediera con otra generación del Siglo XX. La Argentina no fue ninguna excepción.
Algunos sostienen que en esos tiempos se vivió una profunda e inconclusa revolución cultural, que podríamos circunscribir a una multiplicidad de manifestaciones tanto políticas como artísticas, literarias, musicales, pasando por nuevos ensayos de organización social, como fueron las comunidades hippies o las comunas populares chinas.
A Buenos Aires desembarcaron tanto el Pop Art, el happening, el psicoanálisis lacaniano, las nuevas vanguardias del pensamiento marxista, el rock, mientras se imponía la literatura de Ciencia ficción o la de Cortázar, y el Che Guevara tomaba las armas en la selva boliviana. Una muestra cabal de la nueva estética fue la existencia del Instituto Di Tella donde se daban cita los artistas de avanzada.
La Cueva de la calle Pueyrredón
La aparición del grupo de jóvenes músicos, poetas y escritores que hicieron de La Cueva, su punto de encuentro, no fue un acontecimiento aislado de todo ese contexto social, cultural e ideológico, sino el resultado legítimo de la integración de parte de esos nuevos aires que soplaban por el mundo, con una cultura bastante susceptible a las nuevas tendencias de vanguardia.
Uno de los personajes claves de los que se daban cita en la Cueva, Pipo Lernoud, escribió en la Revista La Mano: “Fue en la Cueva donde empezó realmente el rock nacional. Sin el fermento de La Cueva, esa mezcla de influencias musicales, literarias e ideológicas, nuestro rock hubiera sido uno más en el continente, otro reflejo pálido de las ideas anglosajonas. Sin La Cueva no hubiera habido Avellaneda blues, ni De Nada Sirve, ni La Balsa. Y toda la historia que viene detrás, desde Charly García a Sumo, desde Los Redondos hasta Spinetta, está teñida con las inquietudes ambiciosas de los locos de La Cueva. No hay en el Continente, con la excepción de Brasil, una historia de rock, poesía y desafío como en la Argentina, y tampoco la hay en Europa fuera de Inglaterra. Porque el aislamiento cultural al que nos sometieron las sucesivas dictaduras y la multiplicidad de las influencias del rock, produjeron un híbrido original que nació ahí, a fines del 65 y comienzos del 66, cuando el mundo dejó sus viejos ‘conjuntos’ abandonó el sueño de triunfar en la Escala Musical y salió a caminar por la avenida Pueyrredón, desde La Cueva a La Perla, para empezar a escribir una historia diferente.”
De haber sido un sitio de encuentro de músicos de jazz, la Cueva se fue convirtiendo en el primer lugar de Argentina, donde se comenzaban a nuclear los pioneros del rock nacional. Allí convergían el gordo Billy Bond, los hermanos Fatorusso de la banda uruguaya Los Shakers, Tanguito, Moris, Javier Martínez, Pajarito Zaguri, Miguel Abuelo, Litto Nebbia entre otros.
Resulta importante distinguir toda esta movida cuevera, de lo que comenzaba también a desarrollarse en la Argentina, bajo el rótulo de música Beat, que consistía simplemente en un género simple que no complicaba demasiado al pensamiento pero que era especialmente apto para bailar. El incipiente movimiento de rock era partidario de una música que además de “entrar por los oídos, ingresara en la cabeza, y no solamente por los pies” según expresaban los primeros representantes de esta cultura en nuestro país. En tal sentido una de las ideas fuerza, fue que siendo las letras de las canciones uno de los contenidos más importantes, se logró desmitificar esa idea eso de que el rock o el blues solamente podían cantarse en inglés. Entonado en un lenguaje poco comprensible, este estilo perdía la mayor parte de su sentido contestatario y revulsivo. Tampoco se podía cantar en español, diciendo todas esas cosas que a nadie les molesta y que refuerzan mucho más la alienación social. Es importante señalar que los grupos de música beat -también denominada comercial o complaciente-, cantaban en castellano, pero con letras que no cuestionaban lo establecido. Si hay un componente esencial en el surgimiento del rock argentino, eso fue hacer letras en castellano. Si bien un grupo mexicano como los Teen Tops habían realizado rock cantado en nuestra lengua, a principios de los ’60, sus producciones eran traducciones de clásicos del rock, que habían realizado en los ’50 figuras como Chuck Berry o Little Richard.
Las primeras bandas
Tal como se encuentra historiografiado, el 2 de junio de 1966, se produjo la edición del primer disco simple del rock nacional. Los Beatniks, formados ese mismo año, editarían los temas “Rebelde” y “No finjas más”. La banda estaba formada por Mauricio Birabent (Moris), Javier Martínez, Pajarito Zaguri, Antonio Pérez Estévez y Jorge Navarro. El grupo se iría a disolver al poco tiempo. Vale destacar que el nombre “beatnik” que tomó esta formación provenía de un movimiento literario formado en Estados Unidos para finales de los ‘40. La traducción “derrotados”, expresaba antes que nada un fuerte contenido en contra de las pautas de vida americana, resaltadas en una visión cruda y con componentes muy ácidos.
En 1967, se iría a producir el primer éxito discográfico del incipiente movimiento. Desde Rosario, habían llegado los Gatos, integrados por Litto Nebbia, Oscar Moro, Ciro Fogliatta, Alfredo Toth y Kay Galiffi. Ellos editarían los temas “La Balsa” y “Ayer nomás”, vendiendo más de 200 mil placas. Todo un éxito comercial por ese entonces. La cara principal del disco simple, “La Balsa” fue una composición conjunta de Nebbia junto al legendario Tanguito, mientras que el segundo tema era una composición de Moris con letra arreglada por Litto Nebbia, a la inicial que había escrito Pipo Lernoud. El tema original sería conocido posteriormente con la edición del álbum de Moris “Treinta minutos de vida”. La banda se iría a separar en 1969, para volver a juntarse en 1970, en una versión mucho más rockera, donde se notaba la presencia de un nuevo guitarrista: Norberto Napolitano, el inconfundible Pappo.
1968 iría a ser el año de aparición de los dos grupos que marcaron más que nadie, el futuro del movimiento de rock. Manal y Almendra, con estilos bastante diferentes, blues con letras urbanas de alto contenido social, el primero y el rock canción con una poesía surrealista de muy alto vuelo el segundo; le darían al rock argentino una impronta que es la que sellaría un estilo inconfundible.
El año 1970 representó una vuelta de tuerca para el incipiente movimiento rockero. Hasta ese momento, se venía desarrollando de manera casi lacunar, en fragmentos, como un fenómeno nuevo que no terminaba de unificarse. No todas las bandas que iban apareciendo estaban conformadas por ex parroquianos de la Cueva, y muchos de los nuevos rockeros ni siquiera se conocían. La existencia de un sello musical como Mandioca, hizo que algunos grupos pudieran grabar sus primeros discos, cosa que en aquellos tiempos no era para nada fácil. Manal, Vox Dei y Moris si no hubiera sido por Mandioca, tal vez hoy serían completamente desconocidos. De gran importancia fue también el surgimiento de la revista Pelo, que además de promocionar a los diferentes agrupamientos locales, informaba sobre bandas internacionales, que por ese tiempo nadie conocía, ya que las ni las radios ni la TV difundían. El primer festival Buenos Aires Rock (BARock) organizado por Pelo, en 1970, en el Velódromo Municipal ubicado en los bosques de Palermo, fue tal vez el primer acontecimiento importante del rock local, en el sentido de que aunó en un mismo escenario a casi todas las expresiones locales del incipiente movimiento juvenil.
Este nacimiento del rock producido promediando los ’60, paulatinamente se fue incorporando a las diferentes generaciones juveniles del país, extendiéndose hasta la actualidad. Sin dudas el rock argentino es un fenómenos singular, no sólo para haber comenzado a desarrollar letras en castellano, sino porque también a lo largo de los años se constituyó en algo sumamente masivo. Una parte importante de la cultura de los jóvenes argentinos en los distintos tiempos.
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Claudio Gabis- El Fin del Romanticismo. (Revista Pelo- 1979)
Claudio Gabis
El Fin del Romanticismo. (Revista Pelo- 1979)
Por pocos días estuvo en Buenos Aires Claudio Gabis, en una visita familiar que también incluyó las negociaciones para presentar antes de fin de año su banda brasileña, Index. Estos cinco años de residencia en el exterior, que abarcaron estudios musicales en Estados Unidos y conciertos en Europa, dotaron a Gabis de madurez profesional y humana. Este es el racconto de sus experiencias, el reencuentro con viejos compañeros de ruta en Europa, la perspectiva de su música en Brasil, y la posibilidad de tocar en Argentina.
Transcurrieron siete años desde que Manal se disolvió, seis desde La Pesada del Rock y cinco desde su radicación en Brasil. Para Claudio Gabis, como para otros tantos precursores del rock en la Argentina, el tiempo es una contabilidad de vivencias cumplidas, de las que resta el núcleo de una actitud ya despojada de confusión.
Desde la época de La Cueva, entre 1967 y 1968, el Manal donde estaba Gabis participaba, junto a Almendra y Los Gatos, del prestigio de ser uno de los primeros y de los exitosos. Cuando en 1969 se produjo la primera oleada de separaciones, la música y los músicos se eclipsaron. Con pecados y aciertos, La Pesada del Rock —a la que se incorporó Gabis— promovió un nuevo impulso, aunque marcados por el desenfreno. Gabis se fue a Brasil y cambió de música, y el músico creció en conciencia.
El Gabis de hoy, el que estuvo por unos días en Buenos Aires, es el reflejo veraz de ese balance: "Con Javier (Martínez) no nos veíamos desde hace siete años, justo desde que Manal se separó, y nunca se daba la posibilidad de que pudiera viajar a Barcelona. Cuando estuve en Portugal con Index, invitados a participar en el festival de jazz de Cascais, que es el último punto que toca la gira del festival de jazz de Newport en Europa (ahí actuamos junto a Albert King, Nancy Wilson y Dexter Gordon, entre otros), llamé a España para avisarle a Javier que iba. El reencuentro fue el de los viejos amigos, y me alegró verlo bien, activo, haciendo música, componiendo en abundancia, preparándose para mostrar una música rarísima, participando en grupos barceloneses, como Esqueixada Sniff, de alto nivel. En la Argentina se habían corrido muchos rumores tristes sobre él. Yo lo vi y quiero aclarar que está muy bien. No se quiere relacionar con los argentinos que viven allá, porque se han hecho una fama muy dudosa. Cuando llegué a Barcelona, hacía un mes que él estaba tocando en un trío de jazz, Omni Blues, y me integré a ellos. Esa fue la primera vez en mi vida que pude vivir tocando sólo jazz, y me quedé un mes con Javier. La pasamos muy bien. Pero él no quiere volver a la Argentina”.
Manal, La Pesada del Rock
En su momento, La Pesada del Rock se convirtió en una monstruosa organización que manipuló música, músicos, dinero y fama con una subestimación en algunos casos cercana a la anarquía: "Durante dos años, todos los que fuimos de la partida de La Pesada la pasamos muy bien, en muchos niveles. La idea de formar La Pesada fue muy buena y parecida a la de los músicos del sello norteamericano CTI, que consistió en constituir un staff de músicos que aparecían en los discos de los demás o funcionando como banda profesional especializada en rock, aunque también hicimos otra música. Desde el 72 al 73, no hubo un sólo día —y esto no es solamente una expresión exagerada— que no estuviéramos en los estudios de grabación trabajando para compañías discográficas distintas. Eso me llevó a mí y a los demás a una situación económica que yo sólo había conseguido con los shows —y no con los discos— de Manal, con el que solía hacer hasta veinticinco por mes. En la época de La Pesada, tenía coche y una casa en Béccar con 500 metros cuadrados de fondo, donde tenía una sala para ensayar cuando quisiera. Todo eso fue lindo, pero nos llevó al exceso que da la abundancia.
"Claro que en los comienzos con Manal nos embaucaron muchas veces. Por ejemplo, de los dos simples más importantes que tuvo Manal, 'No pibe' y 'Jugo de tomate', nunca cobramos nada de Mandioca. Manal no fue un éxito discográfico, el dinero que hicimos en esa época fue por las actuaciones en público. Ya una vez pedí a la compañía discográfica que tuvimos al final de Manal que nos hiciera las cuentas seriamente. Ahora voy a hacer lo mismo, y a partir de allí, si las hacen mal voy a iniciar un juicio. He llegado a un momento en que me doy cuenta de que de nada vale continuar con el romanticismo aquel, sino que hay que estar bien informado, sobre todo para que no te estafen. Esto no implica que uno se convierta en un ejecutivo. Por mi parte, sigo peleando por lo que decidí ser: músico y no comerciante. Otros músicos de los comienzos del rock estaban decididos a hacer dinero a cualquier precio y con cualquier música: yo preferí seguir con ésta de tratar de ser siempre mejor músico para hacer cada vez mejor música."
Index sube
Hace cinco años Gabis emigró a Brasil. Ese fue el indicio de que pretendía dejar atrás algo más que su país natal. El cambio comenzó a vislumbrarse en sus intenciones, finalmente cumplidas, de estudiar en la Berklee School de Boston, y en su música, que desembocó en el jazz progresivo. Ahora con Index, grupo con el que grabó un álbum ("Fiesta para un nuevo rey") que recibió alentadoras críticas de varios países del mundo, su carrera adoptó un giro hacia el profesionalismo y la investigación: "Lo del jazz no es nuevo en mí. Con Manal teníamos temas definitivamente jazzísticos, como 'Avellaneda blues' o 'Avenida Rivadavia'. El primer álbum estaba dentro de esa tendencia, pero ya en el segundo nos pusimos más rockeros. Con Index ahora las cosas están marchando bien. Hubo un cambio de bajista y ahora está constituido por el líder y tecladista Marcos Resende, José Paulo (guitarra rítmica), Mini Paulo (bajo), Wilson Meireles (batería) y yo en primera guitarra. Nos presentamos en el festival de jazz de San Pablo el año pasado. Después fuimos al festival de jazz de Cascais, auspiciados por la embajada brasileña. Cuando yo regrese, en septiembre más precisamente, vamos a empezar a grabar nuestro segundo álbum para Phonogram, y además ya fuimos invitados a participar en el festival de jazz de Río de Janeiro, que parece que será el mismo de Montreaux, y se hará hacia fin de año. Vamos a hacer en octubre un ciclo de diez días en una sala oficial como parte de una serie de ciclos en los que participará también gente como Gismonti y Hermeto. Después haremos una nueva gira por diez universidades ubicadas en los alrededores de Río. Fuimos invitados al festival de jazz de Edimburgo, Escocia, junto a Gismonti y el Zimbo Trío. Y espero que antes de fin de año podamos arreglar la venida del grupo a la Argentina, que es una de mis ambiciones desde que vivo en Brasil."
La única música nueva.
Transcurrió mucho tiempo desde que el rock del que emergieron Manal y Gabis se caracterizaba por una mezcla de romanticismo, caos y bohemia. La música que se produjo entonces en la actualidad sólo queda como un antecedente nostálgico: "Antes era distinto. Cuando sucedió todo el fenómeno del rock a nivel internacional, el poder de las compañías discográficas no era ni la mitad de lo que es ahora. A fines del '68 todavía eran vulnerables, y el movimiento que surgió en esa época supo captar eso. Hoy sería imposible. El rock aquel está muerto; en la actualidad todo se ha profesionalizado y depurado al mismo ritmo en que lo hizo la industria del disco. Antes de venir a la Argentina estuve leyendo el Jornal do Brasil, un diario muy importante allá, que daba la cifra del 8 por ciento de todo el mercado discográfico norteamericano para el jazz, que es tal vez la única música que continúa investigando. Pero la magia de antes se ha perdido. En Brasil se está produciendo la única música nueva del mundo, porque en el resto de los países siguen estando los mismos de siempre, como ocurre en el rock. Para los músicos de mi generación la cosa es difícil: la opción es dejarse llevar por cómo se maneja la música de consumo masivo o bien hacer la de uno, vivir dando clases y de vez en cuando haciendo conciertos con la música que a nosotros nos interesa. Ese es mi caso y el de Jorge Pinchevsky, con quien me encontré en París. Me comentaba sobre él el principal productor de rock de Francia —que es un tipo de 23 años muy macanudo— que a ningún extranjero se le abrieron las puertas como a Jorge, y él desperdició esas oportunidades. Ahora está dando clases y formando su grupo con algunos argentinos, por ejemplo el saxofonista Rubén Alterio (quien pertenece también a uno de los grupos más extraños y exitosos de Francia, compuesto solamente por cuarenta saxos y un coro), Chipi Lagos y otros. En mi caso, elegí ser músico y no puedo negar que me va bien."
7.26.2012
Los días de Kubero Díaz
Con apenas 15 años Kubero, descubrió a Los Beatles y eso le cambió la cabeza. Al igual que su padre ambos tocaban la guitarra, pero de niño interpretaba folklore. En su ciudad natal: Nogoyá (Entre Ríos) Kubero se acopló junto a Morci Requena, y otros mayores que él, a un primigenio grupo que emulaban a los de la Caverna de Liverpool. Los Grillos tenían todo el sello de la beatlemanía: trajecitos, flequillos, etc. Pero duró poco, ya que tanto Morci como los demás integrantes se vinieron para La Plata a estudiar en la Universidad. Kubero se quedó en Nogoyá, pero en poco tiempo también decidió probar suerte en la ciudad de las diagonales.
En La Plata se radicó en la casa tomada que la comunitaria Cofradía de la Flor Solar tenía, pero Kubero a diferencia del resto no vino a estudiar. En la terraza, tomaba mate y tocaba la guitarra todo el día, y fue ahí donde compuso muchos de los temas que luego la banda emergente de la comunidad realizaría. Luego consiguió trabajar como músico en una boite, cosa que le alivió la situación, ya que como el mismo contó alguna vez, sólo comía pan duro. Por no ser estudiante tampoco podía ir al comedor universitario.
Kubero sería el guitarrista, vocalista y principal compositor de la Cofradía de la Flor Solar, aquella legendaria y mítica agrupación platense enrolada en los sonidos del rock y la psicodelia.
Luego junto a otros cofrades como Jorge Pinchevsky e Isa Portugheis, formaría parte de la Pesada del Rock, liderada por Billy Bond. Con esta formación grabaría su disco: Kubero y la Pesada en 1973.
Luego el exilio en Ibiza, donde Kubero tocaría junto a Miguel Abuelo, Miguel Cantilo, y otros músicos en variados proyectos.
En 1986 Kubero regresaría al país para ser parte de la última formación de Los Abuelos de la Nada, y su amigo Miguel, le dedicaría el tema: Los días de Kubero Díaz, donde entre otras cosas Abuelo decía: “Mi entrerrianito, luz, cruz en vida. Largá un poquito de melodía”
5.29.2012
Coleccionistas de discos de rock
4.25.2012
El Zapa Trío
En Berisso allá por el ’70, se formó el Zapa Trío, integrado por “Memo” Manso en guitarra, Edu Manso en bajo, y el “Bochi” Antonelli en batería. La idea era en primer lugar la búsqueda y la experimentación en un marco de libertad, no homologable al caos. Las influencias eran fundamentales, lo que ellos escuchaban asiduamente: Led Zeppelin, Jimi Hendrix, Frank Zappa, Deep Purple. Por otro lado tener conciencia de los límites que implicaba hacer este tipo de música en el Río de
4.24.2012
La vida es una herida absurda, y es todo tan fugaz… Pinchevsky y el tango
En su obra hay algunos pasajes muy bien definidos: en Europa integrando Gong, esa increíble banda de jazz rock progresivo, en el disco Shamal de 1976, se puede escuchar una composición llamada Cat in Clark Shoes, un tema que arranca con una impronta bien jazzistica, y que en un punto se transforma en un tango bien canyengue, donde por lo bajo se escucha recitar al violinista: el gato en los zapatos de Clark, era el gato del arrabal que vio llegar a la morocha por el empedrado.
Allá por el ’95 cuando grabó su “Pinchevsky con la Samovar Big Bang", hay dos temas: Adiós Nonino de Piazzolla, y una versión tanguera del estándar de jazz: "Goodbye Pork Pie Hat " de Charles Mingus y que luego fuera rebautizado como "Theme for Lester Young", y que para la versión pinchevskiana podría haber sido el Tema para el “Polaco” Goyeneche, tan es así que Pin recita ahí La última curda de Troilo y Cátulo Castillo, aludiendo al cantante.
Tuve la oportunidad de presenciar algún tiempo antes de su inesperada partida, un espectáculo propiamente de tango hecho por él solo. A media luz, haciendo frasear un nostálgico violín y recitando, uno de sus fuertes, Pin hizo bailar a las parejas presentes. El comandante fue sin dudas un rocker del arrabal.
4.11.2012
Saludo intergaláctico

Corrían los primeros días de marzo de 2002. Hacía poco más de una semana que con varios amigos y vecinos, habíamos recuperado un viejo club barrial de Berisso, para ponerlo en marcha como un espacio abierto, con un fin principalmente cultural. Había muchas ideas dando vuelta y con un lugar como ese era posible llevarlas adelante, y eso es lo que en el “Honor y Patria” fundado en agosto del ‘45 se sigue haciendo hasta la actualidad.
Por aquellos días se acercó Nancy Geymonat, con la intención de realizar algunos talleres en el club, entre ellos: artesanías y velas. Nancy me comentó que su compañero seguramente se interesaría en hacer muchas cosas en el lugar, y cuando le pregunté quién era, me respondió: Jorge Pinchevsky. Ni le pregunté qué quería hacer, sino que desde ya podía hacerlo. Nancy me respondió que Pin nos esperaba en su programa de radio por FM Difusión, al otro día, y ahí fui lleno de entusiasmo. Caminando hacia la emisora recordaba a aquel violinista de
En la radio, Pin me dijo hablemos al aire, y que ahí le cuente la idea y el proyecto que teníamos. Eran esos raptos horizontalistas de un viejo anarco hippie formado en la contracultura, y como esa onda me iba, aunque no fuera idéntica a la mía, acepté el juego. Luego de relatarle lo que ya estábamos haciendo, y responderle algunas preguntas, Pin se comprometió al aire, en participar de la movida del club.
Al otro día junto a Nancy se arrimaron, y les presenté a otros de los integrantes. Allí el violinista, agasajó a todos con su saludo intergaláctico, que consistía en dar la mano de una forma diferente, incluyéndonos de hecho en su constelación. El comandante intergaláctico ya era parte también del proyecto.
Comenzó a dar clases de violín, guitarra, bajo y canto. La mayoría de los pibes del barrio se sumaron a sus talleres, y ya proyectaban grandes bandas de rock.
Recuerdo que en su primera clase enseñaba a interpretar con la guitarra aquel legendario tema de Tanguito: Amor de Primavera, una muy bella composición realizada en dos tonos. Pin no solamente enseñaba música, sino que también les hablaba a los pibes sobre la cultura del rock, y eso era un plus que hacía diferencia.
Se nos ocurrió realizar todos los viernes por la noche, un ciclo de charlas sobre la historia del rock argentino. Ahí Pin contaba historias de los primeros tiempos, pasaba música y también tocaba el violín. Lamentablemente no hay registros de todo aquello, ya que hoy sería un material impagable. Pin tampoco tenía precio, aunque por aquellos tiempos viviera con mucho menos de lo justo, aislado en Berisso, de un movimiento que tras casi cuarenta años de existencia por aquel entonces, no pudo dejar de reconocerlo tras su inesperada partida.
Para nosotros era un genio al alcance de la mano, en la cotidianeidad, y como tampoco contábamos con recursos, ya que lo nuestro era a puro pulmón, siempre nos quedó alguna deuda pendiente, más en lo simbólico que en lo económico propiamente dicho. El club era propiamente autónomo, no dependíamos de nadie, cosa que nos acercaba más a los grupos piqueteros de entonces que a cualquier gestión estatal. Este espíritu también lo atraía más al comandante, y cuando le hablaba a gente que se acercaba les decía que estábamos construyendo poder popular, y relataba cuando con los demás integrantes de la pesada del rock, asiduamente concurrían a la parroquia del Padre Mugica en
3.20.2012
“Búsqueda” progresiva y sinfónica, allá por el ‘78 en La Plata

Si bien en la primer mitad de la década del ’70, las principales influencias para las bandas locales fueron el hard rock de Zeppelin, Deep Purple o Black Sabbath, para la segunda mitad, la llegada al país del rock progresivo y sinfónico fue decisiva para la conformación de no pocas agrupaciones. Fue así que Yes, Genesis o King Crimson se convirtieron en referentes ineludibles, y
Casi olvidada, Búsqueda fue una banda extremadamente singular, que llegó a grabar su único disco en el ’78 para el sello CBS Columbia, bajo la dirección artística de Carlos Dattoli.
Integrada por Jorge Fernández Molina, su idicutible líder, en guitarra, mellotron, piano, órgano y voz, Alfredo Muñoz en bajo, Tomás Loidi, en guitarra acústica y voz, Daniel Carrizo en batería, y el “Conejo” Ricardo Renaldi en sintetizadores, Búsqueda dejaría plasmada una muy bella placa, donde alrededor de hermosas baladas, desplegaban todo su arsenal progresivo y sinfónico. Para los críticos de entonces pareció que lo que más importaba era lo pobre de la tapa del LP, y no la aceitada y exquisita confección de sus producciones. Cabe resaltar que hay un tema en el disco que sale de lo común, y es “Muñeco a cuerda”, que además de ser bastante corto, no llega al minuto, es interpretado por Adrián Mercado, guitarrista invitado para tal fin, y a la vez hijo del gran guitarrista platense Domingo Mercado.
Si bien el grupo no volvió a grabar otro larga duración, ellos siguieron por algún tiempo más con algunos cambios en su formación. El bajista Néstor Madrid, quien había sido integrante de Senda y Los Redonditos de Ricota, reemplazaría a Alfredo Muñoz, Guillermo “Memo” Manso que venía de Sol de Barro, se incorporaría como primera guitarra, complementando a Tomi Loidi, mientras que Fernández Molina se abocaría estrictamente a los teclados, ante el alejamiento del Conejo Renaldi.
El grupo descollaba por su tono baladístico con arreglos propios del rock progresivo y sinfónico, pero en sus actuaciones en vivo, cuando llegaba la hora de la zapada, emergía todo lo poderoso de una banda de rock, donde en su base, el hard también era parte de sus influencias.


















