2.29.2012

Sol de Barro- Rock experimental desde Berisso


“Venimos del barro pero vamos al Sol” o “Necesitamos hacer un Sol del barro” son aproximaciones al nombre de aquella primigenia banda de rock experimental surgida en Berisso por los años setenta. Así lo expresaba Guillermo Manso, “Memo”, cuando me comentaba el origen del grupo. Una aspiración hacia la perfección, y una visión diferente a la que imponía o sigue imponiendo el “caretaje” y la mediocridad.

Allá por el ’71 debutaba en el Cine Victoria de Berisso, el Zappa Trío, integrado por Memo en guitarra, Eduardo Manso en bajo y el “Bochi” Antonelli en batería, este último hoy muy reconocido por su labor como sonidista. Ellos hacían free rock, de igual forma como existía el free jazz, el trío metía una pequeña base, para luego imbuirse en la improvisación.

No duró demasiado este trío y Memo constituiría al poco tiempo Sol de Barro, junto a “Saturno” Distéfano en bajo y “Caíto” Geréz en batería. Desde sus inicios las influencias musicales del grupo fueron las mejores: Emerson, Lake & Palmer; Yes; Genesis; Mahavishnu Orchestra. Sus temas fueron siempre instrumentales: “Con la música era suficiente para la expresión”, ésta debía crear cierto clima y la vez hacer compatibles los distintos procesos internos de los músicos como de sus espectadores.

La primera presentación fue en Paxas, un sótano ubicado en 51 entre 10 y 11. Allí compartieron escenario junto a la Cofradía de la Flor Solar, e inmediatamente se presentaron en el programa radial “Persuasivo” conducido por Carlos Mariño, que se emitía por LS11 Radio Provincia. Sol de Barro así comenzaba a rodar todo su rock experimental en la región, e incluso ensayaban en el Pasaje Rodrigo, junto a las proto Redonditos de Ricota, y la banda de jazz rock latino que llevaba el nombre de Salsa Caliente.

Luego el grupo fue experimentando algunos cambios en su formación, Eduardo Manso reemplazó a Satur en el bajo, y también se incorporó otro bajista que hacía de suplente que era Román Báez. Por problemas de estudio, Caíto era suplido a veces por Néstor Gómez “Bujía” en la bata, hoy trabajando como músico en Marbella. Se incorporó Luis Santucci en la ejecución de flauta y violín. Eduardo Manso refiriéndose a la experiencia de Sol de Barro, comentaba que una gran falencia siempre fue la ausencia de un tecladista estable, y mucho más por las influencias del grupo. Fue así que por poco tiempo pasó por el grupo Dante Anzolini, quien hoy es un eximio director de orquesta sinfónica y que en la actualidad es el primer director invitado de la Opera de Linz (Austria). En su lugar se incorporó luego Eduardo Dragowsky.

Sol de Barro fue uno de los grupos estables que hacían su presentación en los Lozanazos, muy conocidos por ser donde debutaran Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Era costumbre que el agrupamiento de Berisso fuera el que cerrara cualquier recital en el Lozano, y la razón principal era que ellos aparecían como los con más ensayo para hacerlo.

Ya en tiempos difíciles por el hecho de la represión Sol de Barro, se iban a presentar en el mismo teatro en un espectáculo de música y poesía junto a Hamlet Lima Quintana y Armando Tejada Gómez, pero la policía desbarató el evento, que había sido ideado por Carlos Mariño. En compensación luego realizaron otro similar con cómicos de la época como Juan Carlos Mezza, Néstor Basurto y Mario Clavel, que no resultaba tan peligroso como el anterior.

De esta forma Sol de Barro desplegaba fundamentalmente sus actuaciones en el Lozano, sin poder llegar a grabar. El grupo prosiguió hasta casi los ochenta, para luego dispersarse, mientras que algunos de sus integrantes emigraron hacia Europa.

Los hermanos Manso cuentan que la inspiración ya se respiraba en su hogar. Memo recuerda que su padre el actor Víctor Manso, se reunía con otros pares a repasar textos, entre quienes estaban Federico Luppi, Lito Cruz y Gustavo Zuleta. Y por otra parte la madre de Memo y Eduardo, Dora Roldán es una reconocida cantante de tango siempre ligada al mundo de la cultura.

12.01.2011

Carlitos Mariño, entre Persuasivo y Patricio Rey. Pasado y presente del rock platense


Carlitos todavía no había hecho la colimba, tenía apenas 18 años, cuando encontró el momento justo para hacer lo que nadie aún documentó, ni patentó. Persuasivo fue el primer programa radial de rock de toda la América Indiolatina, allá por el año ´67, y la emisora fue LS11 Radio Provincia. A pesar de la dictadura iniciada en 1966, la ciudad de La Plata ya comenzaba a generar mucho sedimento contracultural, del cual uno se siente parte, pero sabiendo que indudablemente existían los pioneros y los adelantados, que aún siendo muy jóvenes ya encendían la mecha de los que algunos años después fue una movida extremadamente “grossa”, tanto en lo político como en lo cultural.

Hijo de un dibujante gráfico, Carlitos desde pequeño recibió toda una impronta, que cuando comenzaron a arribar a este margen de la ribera rioplatense, las primeras producciones del rock, para él ello no fue indiferente, y quiso propagarlo a través del sonido radial, y fue ahí donde Persuasivo tomó forma.

Discos inéditos de Deep Purple o de Procol Harum, se escuchaban al aire pero también presentaciones de grupos de la región, que tocaban en vivo en los estudios.

Pero como diría Carlitos Mariño, en aquel tiempo hablábamos de la cultura pop, esa que no reducía la expresión artística a un solo ámbito, sino que la cosa era llegar con ello en diferentes planos a distintos sitios. En 1972, junto a su colega Edgardo Rassio organizan el 1er Festival Persuasivo de la Música Progresiva, en el teatro Martín Fierro, ubicado en los márgenes del lago del bosque platense, y también organizar en algunos lugares, sesiones gratuitas para escuchar música.

Carlitos era, aún lo sigue siendo alguien sumamente multifacético, locutor de radio, productor y operador, fotógrafo, camarógrafo, sonidista, organizador de eventos y a la vez alguien comprometido con lo social. Fue alguien que militó en los últimos tiempos, con gran fuerza la aprobación de la Ley de Medios. De él se pueden escuchar anécdotas diversas, como cuando siendo allá por los setenta, camarógrafo de Canal 2, le ajustó el sonido a José Feliciano, quien le contará su pasión por el rock latino que hacían Carlos Santana, y su hermano Jorge en el grupo Malo, con quienes Feliciano se juntaba a tocar informalmente; o también de Carlitos se puede escuchar cuando, tuvo que exprimir relaciones, para sacarlos de la comisaría a varios integrantes de la Pesada de Billy Bond para que puedan tocar en Atenas, en un recital que tenía fecha y que había sido organizado por él. La tía de Carlitos era una madama que tenía un cabaret en 1 y 62, y su amante era un uniformado de peso, que le hizo la pata para sacarlos del calabozo. Probablemente el famoso Puticlub, haya sido aquel cabaret, donde un día a la semana se hacía rocanrol, donde tocaban según Carlos, músicos crápulas como Migoya y Madrid que venían de Senda y luego fueron parte ocasional de los Redondos, o el Topo Rodríguez de Idea de Ensenada.

En el ´73 comenzarían organizados por Mariño, los recitales del Lozano, verdaderos íconos del under platense, y fue unos tres años después que en ese lugar tocarían por primera vez Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, como teloneros del berissense trío Sol de Barro, donde militaban los hermanos Memo y Eduardo Manso.

Cuando los Redondos en 1978 viajan a Salta, para hacer aquella histórica presentación el bar El Polaco, Carlitos sería el sonidista, y casi alma mater del grupo, que perdió desgraciadamente en la vuelta a quien fuera su primera guitarra de entonces, Ricardo Meyer, y que uno puede escuchar en la grabación que anda circulando por la red, fraseando con la viola, un tremendo riff en Maldición va ser un día hermoso.

Mariño posteriormente, en tiempos más difíciles, se replegó en pequeños antros como el que tenía en Berisso a una cuadra de Montevideo y 13, para el lado del monte, donde funcionaba el Club Victoria y posteriormente Candombe en 6, muy cerca de Plaza Italia. Cuando en 1982 muchos músicos de rock acceden a ser partícipes de aquel gran festival por Malvinas, Carlitos creyó que esa era la muerte del rock, y en Candombe se celebró el velatorio, metiéndose el mismo dentro de un sarcófago.

Este legendario personaje de la escena del rock platense, no es alguien que se quede dormido, hace vida de topos, y en cualquier momento irrumpe, aunque nunca deje de lado sus grandes pasiones como son el rock y la radio.

11.29.2011

Don Cornelio y la Zona


Una vitrola agogó, tocando y tocando, pozo guerrillero irascible, bombardeando bombardeando.


Eran mediados de los ochenta y tal vez lo que alguna vez se había llamado rock, ya no era igual, no era lo mismo, casi no quedaban rastros contraculturales y lo underground parecía haber descendido muchos más metros debajo de la superficie, que lo que hubiera sido normal.

La banda de Don Cornelio por ese tiempo entraba en la Zona.

En la Maniac Mansion, el meteorito púrpura se estrella en tierra y con malvada inteligencia es capaz de hipnotizar a los personajes, pero también de destruir la lúgubre casona. La Zona (Stalker) es un sitio posapocalíptico donde un meteorito había arrasado lo que quedaba de una civilización extraterrestre, y donde un cerco militar impedía la entrada de cualquier visitante, ya que quien ahí entraba no salía más, y tal vez porque la Zona, tenía la capacidad de hacer cumplir los más oscuros deseos de quien allí incursionara.

Don Cornelio entró en la Zona, con un rock de estilo grunge muy marcado, y diferenciado de lo complaciente de la música de los ochenta.

Lugarteniente cabizbajo, doctor en medicinas, experimentando cuerpos, comidos por escarabajos, un anaquel con escalpelos sin sangre, y dentaduras postizas arriba: tazas de te chino, una azucarera misionera, un pericuerpo de luz, es el cuadro de coruro, que murió duro y no pudo evitar el pavor.


La metáfora de Don Cornelio examinando el pozo guerrillero, y bombardeado, era realmente significativa, y tal vez escalofriante.

Una vitrola agogó, tocando y tocando, pozo guerrillero irascible, bombardeando bombardeando.

11.27.2011

The Power to the Soul


Hoy cumpliría 69 años y ya hace más de 40 que es un mito. James Marshall Hendrix falleció a los 28 igual que Robert Johnson, aquel bluesman que muchos años antes había hecho un supuesto pacto con el demonio.

Mi historia con el blues y con el rock comenzó cuando a los 16 años escuché a nuestro trío Manal, y digo nuestro porque a ellos les debemos que el blues haya entrado al Río de la Plata, y nos haya abierto a conocer lo que sucedía en otros lugares, ya desde hacía bastante tiempo, con esta melodía atrapante.

Fue ahí donde uno pudo conocer a John Mayall, a Cream, a Fleetwood Mac, a Ten Years After, a Canned Heat, y a este genio zurdo que empuñaba su viola Fender de una forma milagrosa. Por aquel tiempo recuerdo que dudábamos entre quien era mejor, como si se tratara de una competencia, en la ejecución del instrumento de seis cuerdas, si era Eric Clapton o era el negro Jimi. Era la época del vinilo, y además donde no llegaban a esta parte del mundo todas las producciones que uno hubiera querido, sino solamente algunas que nos apurábamos por adquirir. Banda de Gitanos fue una de mis grandes adquisiciones, ese tremendo recital en vivo donde Hendrix mostraba no sólo talento con la guitarra sino principalmente por crear una atmósfera cargada de soul, plagada de ritmo y color. A mi particularmente me pasa que hay músicas que las escucho en color, y con Jimi Hendrix siempre me sucedió eso.

Woodstock ´69 en su versión fílmica debe haber sido algo que los de mi generación vimos muchísimas veces, y ahí cuando uno podía ver y escuchar a este genio de la guitarra, casi sobre el final de la película, los sonidos que sacaba del instrumento rayaban con el delirio.

Sin dudas Hendrix constituye una marca, de las más significativas, de un tiempo que ya de por sí, fue tremendamente singular, y tal vez irrepetible.

11.09.2011

Robert Johnson y el diablo, entre el 27 y el cruce de caminos


De tanta casualidad reiterando el estribillo, de tanto repetirse una cifra, las cosas pierden su razón azarosa y se convierten en emblemas causales, y en señales de que algo que está más allá de nosotros se torna cercano sin perder su halo mítico, y porque no su existencia mágica.

En una seguidilla casi fatídica que se extendió por dos años precisos, fallecieron Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin y Jim Morrison, el primero el 3 de julio del ´69 mientras que el último el mismo día, pero de 1971. El común denominador fue que todos ellos tenían 27 años, convirtiéndose esa edad en una marca del ocaso casi sacrificial de talentosos músicos del rock y del blues. Muchos años después a la misma edad fallecieron Kut Cobain y recientemente la vocalista Amy Winehouse.

Allá por el año ´71 me había comprado un álbum de los Stones que no recuerdo ahora como le habían traducido el título, pero que en el original lleva el nombre de Get Yer Ya-Ya's Out! The Rolling Stones in Concert, un disco espectacular de la banda en vivo, donde se notaba mucho la influencia de su nuevo y blusero guitarrista Mick Taylor, quien reemplazaría a Brian Jones, con apenas 18 años y que provenía de los legendarios Bluesbreakers de John Mayall. Mucho rocanrol, pero en un momento irrumpía la voz de Mick Jagger entonando un viejo blues de nombre Love in Vain, que sorprendía gratamente. Ese tema era un clásico del género y su autor había sido el legendario Robert Johnson, tal vez uno de los más grandes emblemas míticos de la música que naciera en el delta del Mississippi, y justamente hablar de él es lo que me propongo habiendo hablado de los fatídicos 27, ya que el bluesman también había caído casi trágicamente a esa edad.

Robert Johnson había nacido en 1911 en el pueblo de Hazlehurst, y a los 20 años escuchaba radicado en Robinsonville, a los intérpretes de blues más conocidos de entonces como eran Son House, Willie Brown y Charley Patton, y también se animaba a emularlos, aunque nadie tuviera para con él demasiada consideración, y fue así que un día tomo su guitarra y se alejó para dedicarse a recorrer distintos poblados, para tocar en las esquinas, pasando la gorra, y con más suerte en los bares o en los honky- tonks cercanos a las plantaciones de algodón.

Dos años después regresó a Robinsonville, y ya no era el mismo, se había convertido en un guitarrista inigualable que con las cuerdas bajas marcaba un walking bass hipnótico y le agregaba el slide con el que daba la sensación de que la guitarra gimiera. Nadie podía creerlo y fue así que comenzaron las diversas conjeturas, como que había tomado clase de algún eximio intérprete del instrumento de seis cuedas, pero la que cobró más fuerzas fue sin dudas aquella que decía que Robert había pactado con el demonio, en un cruce de caminos. En ese cruce y donde los caminos se cortan había que llevar la guitarra y estar en el sitio preciso antes de la medianoche, y tocar algo, “Un hombre grande y negro irá hasta allí, cogerá tu guitarra y tocará para ti, hará sonar tu canción y te devolverá la guitarra” haciendo que el aprendiz sepa todo lo que necesita para tocar.
Solamente hay dos fotos y 29 canciones de Robert Johnson, y hasta algunos dudan de que haya existido. La leyenda cuenta que murió envenenado por el dueño de la taberna donde tocaba, ya que éste suponía que Johnson mantenía relaciones con su mujer, y por esta razón le convidó con una botella de bebida alcohólica impregnada de estricnina. Tenía 27 años…

4.14.2011

El Comandante Intergaláctico y su violín mágico

Recomendamos este nuevo programa radial en homenaje a Jorge Pinchevsky que va todos los viernes por Radio Difusión de Berisso, donde Pin también realizara programas radiales.

11.11.2010

La Primera Flor..., 40 años después



Hace aproximadamente dos años, me sentí de alguna manera responsable, o mejor dicho autor intelectual en complicidad con Carlitos Mariño, del delito de que esta tremenda banda rockera ensenadense de los 70, volviera al ruedo. En posteos de 2 años atrás encontraremos data de ellos. Ellos después de una muy buena presentación en el Taetro Municipal de Ensenada, nos generaron muchas expectativas, aunque luego se separasen, pero no hace mucho volvieron silenciosamente a juntarse y ensayar. Hoy la sorpresa me la dio Jorgito Cantoni, el baterista de La Primera Flor, que me trajo como obsequio el disco que lograron grabar y que me parece estupendo, en ese estilo que combinan el rock, el blues y el candombe, eso que ellos llaman el rockandombe, un estilo muy de la Ensenada de Barragán, donde la impronta caboverdeana fue muy fuerte, combinándose con el rock que emergía allá en los setenta en esta región portuaria.

Les recomiendo conseguirse el disco, escribiéndole a laprimeraflor@hotmail.com