12.31.2025

Tecnología, ruido y aparición de lo nuevo (Una nota sobre arte, underground e internet)


Cada vez que se habla de tecnología suele caer la tentación de pensarla como una fuerza autónoma, casi mágica, capaz por sí sola de producir transformaciones culturales. Sin embargo, la historia muestra otra cosa: la tecnología no crea nada si no existe un sujeto capaz de forzarla, de llevarla más allá de su uso previsto. 

Eso fue lo que ocurrió con la guitarra eléctrica mucho antes de que existieran pedales, procesadores digitales o estudios de grabación sofisticados. El blues ya había enseñado que un instrumento no está cerrado sobre sí mismo: puede ser violentado, torcido, extendido. El slide, el bottleneck, el sonido “sucio” no fueron efectos estéticos buscados desde una partitura, sino respuestas materiales a una necesidad expresiva. 

En ese linaje aparece Jimi Hendrix, no como un genio aislado, sino como el punto de condensación entre desarrollo tecnológico y un sujeto capaz de extraer de un mismo instrumento sonidos que no estaban “autorizados”. Los pedales, los acoples, la distorsión no fueron adornos: fueron una forma de decir algo sobre un tiempo atravesado por la guerra, la violencia y la aceleración histórica. Machine Gun no imita una ametralladora: la obliga a sonar desde una guitarra, como si el ruido del mundo tuviera que ser devuelto en otro registro. 

Ese mismo movimiento —hacer emerger lo no previsto— es el que da origen a lo que durante décadas se llamó underground. No como una pose romántica, sino como un repliegue material frente a la sociedad de masas. Lo under no nace por fuera del sistema: nace en sus grietas. Es el lugar donde se aloja el inconformismo que la cultura dominante no puede metabolizar. 

Durante los años 60 y 70, ese espacio fue ocupado por generaciones que no heredaban un programa: irrumpían. No mediaban instituciones, ni consensos familiares, ni legitimaciones previas. De ahí la tensión, el escándalo, el corte generacional. El pelo largo, la ropa, la música, no eran símbolos: eran marcas corporales de una ruptura. 

Con el tiempo, ese mundo subterráneo adoptó nuevas formas. Radios FM, revistas artesanales, teatros independientes, centros culturales recuperados tras el 2001. En todos los casos, la lógica era similar: bajo costo, cercanía física, circulación limitada pero intensa. No se trataba de llegar a todos, sino de existir. 

La masificación de Internet pareció, en un primer momento, ampliar de manera infinita ese espacio. La red funcionó como una enorme aspiradora cultural: todo podía ser subido, compartido, replicado. Durante algunos años, pareció que lo under había encontrado su territorio ideal. 

Pero esa ilusión duró poco. La red no duplica la realidad: la selecciona. Sólo existe allí lo que alguien sube y lo que los algoritmos permiten que circule. La supuesta libertad digital pronto mostró su reverso: visibilidad condicionada, repetición, desmovilización corporal. Mucha conexión, poco encuentro. 

Sin embargo, incluso en ese contexto, algo notable ocurrió: el revival del viejo rock. Coleccionistas anónimos digitalizaron discos, subieron material olvidado, reconstruyeron historias. Bandas que parecían sepultadas en armarios volvieron a circular, incluso fuera de las fronteras locales. El rock argentino de los 60 y 70 —híbrido, periférico, cantado en castellano— encontró una segunda vida inesperada. 

No fue el mercado el que lo rescató. Fueron sujetos concretos, con tiempo, con deseo, con memoria. La tecnología fue condición, no causa. 

Tal vez esa sea la conclusión más fuerte que atraviesa estas historias: no hay tecnología sin subjetividad, ni medio que garantice por sí mismo la aparición de lo nuevo. Cada época ofrece herramientas; lo decisivo es quiénes se atreven a usarlas de un modo no previsto. 

Como escribió Karl Marx, el viejo topo siempre vuelve a cavar. No necesariamente donde se lo espera. A veces lo hace desde una guitarra distorsionada, una radio precaria, un blog olvidado o un disco ripeado con paciencia artesanal. 

Lo subterráneo no desaparece. Cambia de forma. Y sólo existe mientras haya alguien dispuesto a forzar los límites de lo dado.

En este punto se vuelve inevitable una pregunta contemporánea: ¿qué lugar ocupa hoy la inteligencia artificial en este mismo recorrido? ¿Podría la IA producir algo comparable a lo que en su momento produjeron la distorsión, el underground o el ripeo artesanal? 

Conviene despejar primero un malentendido. La IA no es, en sí misma, un sujeto creador. Del mismo modo que Internet no fue nunca una conciencia colectiva ni la guitarra eléctrica un compositor. Es una tecnología de procesamiento, de combinación, de simulación. Su potencia no reside en la novedad pura, sino en la capacidad de recombinar enormes volúmenes de material preexistente. 

Vista así, la IA se parece más al momento de los blogs que al de la industria musical. No inventa canciones: reabre archivos. No crea estilos desde la nada: pone en relación lo que estaba separado. Funciona como una mesa de montaje acelerada, capaz de hacer convivir tradiciones, géneros, épocas y procedimientos que antes requerían años de búsqueda manual. 

Pero aquí aparece el punto decisivo: eso no garantiza ninguna irrupción estética. Del mismo modo que no todo blog fue contracultural ni todo ripeo fue un gesto político, la mayor parte de los usos actuales de la IA tienden a reforzar lo ya conocido, lo ya aceptado, lo ya rentable. La automatización del gusto no produce ruptura; produce confort. 

Si algo nuevo puede emerger en este terreno, no será porque la IA “descubra” un estilo musical, sino porque alguien la use como se usó el slide sobre la guitarra, como se forzó el acople, como se ripeó un disco olvidado: contra su función esperada. No para optimizar, sino para desbordar. No para imitar mejor, sino para hacer audible el ruido del archivo mismo.

 Tal vez la IA no sea el nuevo Hendrix.

Pero puede convertirse en el nuevo amplificador:

un dispositivo capaz de amplificar no sólo sonidos, sino tensiones, errores, mezclas impropias, memorias desplazadas. 

Como siempre, la tecnología no decide nada.

Lo decisivo seguirá siendo si hay —o no— un sujeto dispuesto a usarla sin pedir permiso.


12.13.2025

Ummagumma y la sordera de Beethoven



Siempre recuerdo que el profesor Ayllón, docente de música en el Colegio Nacional de La Plata, además de muy buen pianista; nos decía que, debido a su sordera, Beethoven había compuesto un tipo de música que podría resultar extraña. Pasaba de melodías extremadamente bajas a tonalidades muy fuertes. Contrastes que sólo podían entenderse por ese déficit auditivo. Y que su verdadera genialidad no estaba separada de eso.  Que un genio de la música fuera algo sordo, nos muestra a las claras de que este arte, no es simple sonido sino una muy compleja articulación simbólica.

Lo acontecido pasó cuando yo tenía 13 años, hoy tengo 72. Me parece sumamente válido señalar el tiempo concreto, las fechas; porque si no, se corre el riesgo de no entender muy bien de qué estamos hablando. En aquel tiempo mi hermana iba a aprender a tocar el piano, con una profesora a quien supervisaba el mismo Ayllón. Cuando fui a ver la muestra anual, quise aprender a tocar el piano. Pero fui a otra profesora. No duré mucho con ese aprendizaje. No escucho hoy hablar de profesores particulares de piano, antes fue muy común.

Volviendo a la sordera de Beethoven y a su particular confección musical, cuando fui descubriendo a los 15 años, el rock y la música progresiva, me asombró que Pink Floyd utilizara esos contrastes de intensidad sonora de forma muy recurrente. La mayoría de los temas de esta banda comienzan con tonos casi inaudibles.  En este momento estoy escuchando el álbum Ummagumma de 1969 y por momentos debido a mi sordera de viejo, creo que la reproducción se detuvo y de repente irrumpen sonidos muy briosos.

8.08.2022

BB King y Lucille- Una historia de amor que venció al tiempo

 


Cuando promediando los ’60 se daban los grandes éxitos discográficos tanto de los Beatles como de los Rolling Stones, emergían la psicodelia y la cultura del rock. Muchos jóvenes por ese entonces se inclinaban a escuchar a viejos mitos del Blues como Robert Johnson y Elmore James. Se trataba de imbuirse de ese espíritu negro e intentar desde ahí producir una nueva versión del blues y el rhythm’n’blues. A eso se lo denominó en ese tiempo: Blues blanco.

Lo cierto es que desde los 50, de forma bien subterránea, había varios bluseros negros de gran talento, que si posteriormente fueran sumamente conocidos fue gracias a que esos jóvenes de los 60 se empecinaron en llevarlos a los primeros planos. Tanto es así que un desconocido Muddy Waters fue conducido al escenario por los Stones para que juntos realizaran esas composiciones que tenían su origen el Delta del Mississippi.

Al igual que Muddy, también estaban los King -Albert, Freddie y B.B.-, Albert Collins, John Lee Hooker, entre muchos más.  La mayoría de ellos con edades cercanas a los 40 años, salían del anonimato en el que habían desarrollado hasta ahí su incipiente carrera artística. En lo que sigue nos referiremos a ese gran guitarrista que se llamó B. B. King y que fue considerado como el Rey del blues.

Quien escribe se enteró de la existencia de BB cuando en una Revista Pelo o Pinup, el guitarrista argentino Claudio Gabis del trío Manal, lo nombrara como a uno de sus gustos preferidos. Al encontrar en una disquería su larga duración Indianola Mississippi Seeds, que en la tapa mostraba una sandía con forma de guitarra, no dudó en adquirirlo. Una delicia en la que se podían oír esos fraseos que seguramente inspiraron a Gabis en temas como Avellaneda Blues.

BB nació el 16 de septiembre de 1925 en Itta Bena, una pequeña ciudad en el Estado de Mississippi. Habiendo fallecido en 2015 a los 90 años llevó adelante su producción hasta casi sus últimos días. Realizó cerca de treinta álbumes y compartió escenario a lo largo de su vida con los grandes bluseros de su tiempo. Muchos de ellos añoraban hacer presentaciones con el Rey. Recordemos la importancia que le dio a ello el ya extinto guitarrista argentino Pappo, cuando ambos se presentaron en un inolvidable show en el Madison Square Garden.

Lucille

Los grandes guitarristas, de cualquier género, serán recordados por sus interpretaciones, por los sonidos que le hacen emerger a un instrumento. BB King tuvo la particularidad de que además, siempre se recordará a su guitarra con nombre de mujer.

Cuenta la leyenda de que en 1949 cuando BB estaba tocando en un salón de baile en Arkansas, dos hombres comenzaron a pelearse, produciendo un incendio. Todos tuvieron que huir del sitio. BB entró de repente a buscar el instrumento que había quedado entre las llamas. Los dos hombres murieron quemados. Se supo que peleaban por una mujer llamada Lucille. BB bautizó con ese nombre a la guitarra que logró rescatar.  

Un debate nunca realizado es ese en el cual, no se sabe perfectamente qué es lo que más atrae de una mujer a un hombre. Si son las carnes o las formas. La primera opción pareciera desmentida hoy por lo que se dio en llamar Sexo virtual. Las formas bien curvadas de una guitarra recuerdan las formas de una bella mujer.

Los gemidos bluseros que siempre emergieron de Lucille, indicaban que ella nos recordaba que su amante lo hacía de la mejor forma. Siempre se sintió profundamente amada.

Cabalgando junto al Rey

En junio del año 2000, se publicaba un trabajo conjunto realizado por dos emblemas del blues. Eric Clapton junto a BB King lanzaban Riding with the King. Ambos habían coincidido muchas veces en el escenario pero nunca habían realizado una obra de estudio en conjunto.

Clapton desde mediados de los sesenta representó siempre al guitarrista blanco de blues más notorio. Habiendo salido de la innumerable cantera de los bluesbreakers de John Mayall y luego conformando el poderoso trío Cream junto al bajista Jack Bruce y el baterista Ginger Baker desde muy joven Clapton se transformó en una verdadera estrella.  En los primeros años setenta los tres integrantes del grupo eran considerados por las principales revistas especializadas de rock como los mejores ejecutantes de sus instrumentos.

Que se hayan juntado Clapton junto a BB para realizar una obra conjunta representó un verdadero logro y ese disco algo que no debe faltar entre los coleccionistas y melómanos.

Ambos habían compartido antes, entre otras cosas, el sentido homenaje al extinto Stevie Ray Vaughan. Otro gran emblema del Blues.

3.14.2022

Santana, padre del rock latino

 


En el Festival de Woodstock irrumpió una extraña banda que con una base rítmica influida por músicas latinas principalmente caribeñas; lograba un éxtasis propio de la psicodelia rockera o blusera. Era el grupo del extraordinario guitarrista mexicano Carlos Santana, el hombre que le dio un nuevo giro al rock.

Cuando se hace la historia del rock es casi imposible no entrar en una fuerte dicotomía. En los años 50 surgió como un estilo musical transgresor que no se puede homologar a lo que aconteció una década después con el mismo significante. Aquel estilo fuertemente rítmico que inmortalizaron figuras como Elvis Presley, Chuck Berry, Little Richard o Bill Halley y sus Cometas; entrada la década del ’60 ya dejó de ser un simple género musical para convertirse en lo que muchos denominaron la cultura del rock.

Lo que surgió en los ’50 fue un género musical que podía interpretarse como la versión blanca del afroamericano Rhythm and blues, mientras que en los 60 al calor de una muy fuerte oleada contracultural, emergió un movimiento que si bien su principal expresión fue la música, logró excederlo plenamente. Sobre la base rítmica del rocanrol de los ’50, más la utilización de todo lo que ofrecía por entonces el avance de la tecnología electrónica, los nuevos intérpretes incursionaron en diferentes estilos creando uno de los productos más maravillosos del quehacer estético humano.

En el rock de mediados de los 60 hacia adelante, los principales exponentes, tanto bandas como solistas comenzaron a realizar tipos de experimentación musical hasta ese entonces inédito. Se trataba de conservar cierta base bien ligada al rocanrol, pero aprovechando las diferentes tecnologías emergentes de ese tiempo. La potencia sonora, los efectos, las distorsiones, la incorporación de los nuevos órganos electrónicos hizo que sobre la base rockera se pudiese incursionar o fusionar otros estilos.

La influencia de la música oriental en los Beatles fue muy importante. Surgieron algunas grandes bandas que fusionaban al jazz con el rock. Chicago; Blood, Sweat & Tears fueron dos grupos emblemáticos. También el denominado rock sinfónico con bandas como Yes, Genesis, Pink Floyd o Emerson, Lake & Palmer. Hay muchísimos ejemplos al respecto. En esta nota quisiéramos destacar lo que llevó el nombre de rock latino.

En el transcurso de la película Woodstock (1969), que mostraba las distintas actuaciones de las agrupaciones que estuvieron presentes en aquel célebre festival que nucleó en la campiña estadounidense a miles de jóvenes, pudo verse a una extraña banda que con una base rítmica influida por músicas latinas principalmente caribeñas; lograba un éxtasis propio de la psicodelia rockera o blusera. Era el grupo del extraordinario guitarrista mexicano Carlos Santana.

En donde el sonido de la banda se tornaba sumamente intenso, principalmente por efecto del órgano y las percusiones, irrumpía el fraseo enloquecido de la guitarra de Santana. Un instrumento que iría a sonar bajo las reglas clásicas del blues o el rock psicodélico, aunque deslizándose –sin perder la energía-  hacia esas melodías caribeñas, como el bolero, la rumba, el Calipso o el merengue. Antecedentes de este estilo seguramente fueron esos encuentros furtivos en ciertos lugares del Caribe, entre instrumentistas de jazz y músicos de salsa.

Carlos Santana, nacido en 1947 en Autlán de Navarro, Jalisco, desde niño recibió una fuerte formación musical. Su padre era un violinista de los grupos de mariachis. Si bien Carlos había comenzado también como violinista, luego se inclinó por la guitarra, escuchando mucho blues, principalmente a B. B. King, T-Bone Walker y John Lee Hooker con quienes ya siendo conocido, pudo compartir escenarios. Poco se dice que su gran maestro fue el guitarrista mexicano Javier Bátiz que para todos aquellos que alguna vez escucharon su discografía fue un gran cultor de un rock emparentado en su sonido al de Eric Burdon & the Animals o al de ese maravilloso grupo inglés Spencer Davis Group en el que descollaba la voz de Stevie Winwood. El estilo de Bátiz estaba emparentado principalmente al rock and roll y el rhythm and blues, cantando incluso, en inglés.

Santana iría más allá del estilo de su maestro y crearía el rock latino. Muchos de sus temas estaban cantados en español, tal como los clásicos Guajira, Oye como va o Se acabó. Aunque se destacaban esos grandes interpretaciones fundamentalmente instrumentales como fueron Sacrifice soul (tema que se puede ver en Woodstock), Jingo o ese precioso bolero Samba pa ti, en el que Santana mostraba toda su creatividad con la seis cuerdas. Hoy está considerado uno de los mejores guitarristas formados a fines de los sesenta, compartiendo muchas veces el escenario junto a Eric Clapton.

Menos conocida en ese género es la agrupación Malo, fundada en 1970 y que tuviera como líder casualmente a Jorge Santana, hermano de Carlos. Un grupo que fusionaba lo latino con el jazz y el blues. Tuvieron gran éxito con temas como Suavecito o Café.

En 1969 se formaría en Inglaterra la banda Osibisa, conformada por músicos africanos y caribeños. Ellos mostrarían en sus producciones todo el encanto de los ritmos que la cultura afro desarrollaría en las islas del Caribe. Un gran éxito discográfico fue en 1975 el tema Sunshine Day. Osibisa según sus integrantes significaba "cruce de ritmos que estallan de alegría",

El término rock latino fue cambiando de significación para nombrarse así a todas esas bandas conformadas por músicos latinoamericanos aunque no practicaran ese estilo desenfrenado que creó Carlos Santana.

 

 


12.18.2020

Tecnología, Internet y los viejos discos. El revival del rock en las redes


 Con la irrupción del uso masivo de Internet, se ha dicho en una nota anterior que la gran red de conexión funcionó como una gran aspiradora que fue metiendo en su interior a las más diversas expresiones culturales. El buscador Google pasó a ser la puerta de entrada a un universo digital que aparentemente duplicaba la realidad. Más allá de la suposición, no todo estaba en la red. Podía inferirse que lo que en ella no se encontraba era porque no estaba bien buscado, pero en Internet sólo está lo que alguien se prestó a subir o en todo caso a los resultados que pueden devenir de la intervención de los logaritmos.

Si alguien no realiza el conteo de arboles presentes a  lo largo de cierta avenida, para luego subir esa cifra a algún sitio de internet, ese número nunc a estará presente por más que se utilicen los mejores buscadores. Lo dicho pareciera una perogrullada, pero espontáneamente muchos creen que vaya a saber por qué mecanismo,  la realidad es transferida a la red. Resulta importante decirlo ya que depende de la acción de ciertos sujetos el hecho de que a partir de Internet se produzcan determinados acontecimientos.

Con la llegada masiva de Internet, los usuarios no sólo comenzaron a utilizar la red para conectarse a través de correos electrónicos o mensajeros, sino que considerándola como un enorme vientre lleno y a la vez bastante libre, se prestaba a que allí se encuentre para descargar la música de todos los tiempos, las producciones cinematográficas, libros, diversos textos, etc.  El mentado acceso libre hizo que alguien como el filósofo esloveno Slavoj Zizek, considerase por entonces que Internet podía ser el lugar en el que tenga desarrollo el comunismo. El tiempo fue mostrando que el capitalismo no se permite resignar ningún lugar proclive a desarrollar ganancias y de a poco fue privatizando a la gran red.  De todas formas hubo experiencias que bien vale mencionar.

El revival del rock argentino

La música de grupos como Manal, Almendra, Vox Dei o Arco Iris; ya parecía sepultada en un tiempo remoto. Algunos sellos discográficos podían editar algunas selecciones que tal vez ni siquiera representaban bien lo que los viejos fans de esos grupos conservaban en su memoria. Sin embargo quedaban esos coleccionistas melómanos que mantenían material muy bien preservado y que se prestaron a compartirlo en internet.

No era una tarea simple, ya que a los viejos discos de vinilo, había que ripearlos de la mejor forma y que mantengan el sonido clásico, en su versión digitalizada. Transformar las pistas de un disco en mp3 para que sea accesible a remotos usuarios, no fue algo que se hizo solamente en la Argentina. Lo que si vale destacar es que si hubo un género musical que fue proclive a ser compartido, fue principalmente el rock de los 60- 70.

Si elegimos de modo arbitrario al año 2005 para indicar un tiempo aproximado, fue por ese entonces cuando irrumpieron en la red, una gran cantidad de blogueros que comenzaron a subir en esos soportes, enlaces para descargar toda esa música que cuidadosamente habían seleccionado para compartir. La tarea que emprendieron fue muy interesante porque además fueron adosando datos de las viejas bandas. El que encontraba a un grupo como Pescado Rabioso no sólo podía descargar su música, sino que podía leer parte de la historia y quiénes habían sido sus integrantes. De esta forma fue que el viejo rock rioplatense traspasó los límites que su tiempo le había impuesto.

 Por historia, por cultura, el rock argentino es un híbrido bastante interesante, tanto por el sitio geográfico donde se desarrolló, por haberse planteado cantar en castellano y porque en el momento de su aparición, resultaba una acalorada utopía que fuera conocido mucho más allá de nuestras propias fronteras. El mercado discográfico latinoamericano o español por ese entonces no era un espacio propicio para su propagación. Con respecto al mercado propiamente inglés o estadounidense, poder irrumpir ahí era casi imposible, ya que se cantaba en otro idioma, nuestra música era bastante underground, se contaba con pocos recursos tecnológicos y por otro lado, existía en una lejanía exótica. Las bandas que lograban meterse en esos rankings, siendo alemanas, holandesas o suecas lo hacían cantando en inglés.

 

La imposibilidad de aquel tiempo, con la irrupción de Internet se modificó. En una nota de la Revista Rolling Stone, escrita por Juan Ortelli aparecida en octubre de 2006, el autor señalaba  que la avanzada psicodélica estadounidense buscaba inspiración en Luis Alberto Spinetta, Pappo y todo el rock argentino de aquellas épocas. Noel Harmonson, vocalista de los Comets on Fire decía ahí: “Algunos de mis amigos y yo creemos que los discos de ese período particular del rock argentino (fines de los 60, principios de los 70) están entre los mejores del rock n´roll de todos los tiempos. Por su...sensibilidad.”

Dentro de nuestras fronteras, el viejo rock de acá, pudo salir de la encerrona en antiguos armarios. No fueron pocos los músicos que le cedieron a los blogueros material inédito que los sellos discográficos cajoneaban por considerar no redituable. Esto generó tensiones incluso legales. Lo cierto es que esa mítica música que se había originado en La Cueva de la calle Pueyrredón volvía al ruedo. Algo significativo fue que comenzara un ciclo en la misma Casa Rosada bajo el nombre de Música en el Salón Blanco. Allí volvieron a tocar en diferentes presentaciones -entre los años 2005 y 2007- los viejos íconos del rock argentino.

 

 

 

 

12.08.2020

Underground, ayer y hoy


 Durante el siglo pasado, diferentes camadas de jóvenes formados en la contracultura, la protesta social y la revuelta política encontraron en esa modalidad llamada underground, su principal modo de expresión. Hoy, la utilización masiva de internet, no hizo desaparecer todas las expresiones nombradas, sino que funcionando como una gran aspiradora, ubico todo en un nuevo soporte.

Sin la más mínima intención de realizar una apología generacional, es inobjetable que entre mediados de los 60 y pasada media década del 70, se produjo en el mundo, un cuestionamiento global a la sociedad existente, como tal vez no se hizo en ningún otro tiempo. Lo más interesante es que ello fue llevado adelante por los jóvenes de entonces casi sin mediaciones. No era algo que se heredaba sino la irrupción de lo nuevo. En muy pocos casos se podría decir que los padres de aquellos jóvenes estaban de acuerdo con las actividades de sus hijos. Era un tiempo de ruptura en la que las relaciones familiares se tensaban en su aspecto generacional.

Era el tiempo en el que el pelo largo o la barba eran vistos tanto con desprecio como peligrosidad. Gran parte de los jóvenes “sin la gomina, ni la oficina” –como rezaba aquella canción del dúo Pedro y Pablo- emprendían un nuevo rumbo. Esta pequeña introducción sobre un tiempo aún poco estudiado, fundamentalmente en su aspecto cultural e ideológico, sirve para adentrarse en lo que por entonces se llamaba underground o subterráneo, y que prosiguió de diferentes modos hasta la actualidad.  Imposible llevar adelante una apología generacional, cuando también hubo jóvenes que sí usaban “gomina” -metafóricamente hablando-, como muchos otros que comprometidos en su tiempo, luego renegaron de todo y también aquellos que al igual que el personaje de Guillermo Francella se quedaron en ese tiempo, vestidos de blanco y negro, sin incorporar todo lo nuevo que fue emergiendo.

Las diferentes camadas de jóvenes formados en la contracultura, la protesta social y la revuelta política encontraron en esa modalidad llamada underground, su principal modo de expresión. Una cultura que intentaba escindirse de la masividad generada por la televisión y los otros medios de ese tiempo. Si bien en su gran mayoría las diferentes vetas artísticas y estéticas no pretendían salir de ese plano, ya que a sus creaciones las consideraban a un nivel que no debiera contaminarse con lo masivo; se puede decir que eso podía ser lo reverso en lo concerniente a las vanguardias políticas que sí pretendían y también necesitaban alcanzar la atracción de las masas. 

Una manifestación musical como fue Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota que naciera en ámbitos casi reducidos y que lograra una masividad considerable, sin perder su espíritu contracultural, es un fenómeno bastante interesante que como experiencia incluso podría servir a las expresiones políticas de izquierda, para exceder el rango de elite. Considerando las obvias diferencias.  

Si bien la irrupción de lo subterráneo se pudo percibir durante los sesenta, resulta un antecedente considerable el surgimiento de la Generación Beat tras la posguerra, en los años 50. De todos modos las condiciones materiales para que exista lo under ya comenzaron a darse con el surgimiento de las grandes ciudades y principalmente con la irrupción de la sociedad de masas, propia a la existencia de medios de información y reproducción ampliada del quehacer cotidiano. Lo under vendría a ser ese recoveco en donde se puede reproducir todo ese inconformismo y desencanto que genera la sociedad de masas.

Con la irrupción generalizada en los 80 tanto del Pop como de la cultura mainstream, convencional, no son pocos los que intentaron mostrar que el underground había sido completamente sepultado bajo tierra y que ya ni siquiera tendría la posibilidad de retornar como aquel Viejo Topo del que hablara Karl Marx en El 18 Brumario de Luis Bonaparte.  

Lo cierto sí es que entre el tiempo señalado (Los 60-70) a la actualidad es posible rastrear diversas modalidades de expresión y comunicación que se fueron dando hasta la irrupción del uso masivo de internet, y que hoy también tienen cabida en esa imponente red de conexión. Describir o señalar todo eso tal vez sea una labor bastante ardua, y por tal motivo nos referiremos sólo a algunos casos significativos. Un término que comenzó a utilizarse durante los 80 para nombrar o asociar al espacio del que se viene hablando, fue también el de lo alternativo.

Desde inicios de los 80 se produjo la propagación de las radios de Frecuencia Modulada, las FM, que con bajo costo y llegando a un radio geográfico reducido de oyentes, lograban introducir temas propios a esa zona, o ser difusoras de música que no se escuchaba en las radios AM. Nacidas bajo la impronta de las radios piratas, poco a poco fueron sucumbiendo no sólo por dificultades económicas, sino porque las grandes emisoras de Amplitud Modulada fueron creando sus propias FM con recursos y tecnología imposibles de equiparar e incluso con una amplitud de llegada comparable a las AM.

Un fenómeno bastante interesante, surgido con el retorno de la democracia en el 1983, fue la aparición de diversas revistas y publicaciones de circulación alternativa. En estos medios impresos era posible leer a poetas desconocidos, encontrar entrevistas  a artistas e intelectuales de los que ningún medio masivo podría interesarse. Ahí podía encontrarse información sobre determinadas actividades, como el Teatro Independiente, talleres literarios o grupos de estudio tanto de filosofía como de psicoanálisis lacaniano (que por entonces no se había pasado al mainstream). Estas publicaciones se vendían mano a mano, en las mesas de diferentes agrupaciones estudiantiles y principalmente en eventos como podría ser un recital, una marcha o cualquier encuentro cultural. Tanto las FM como las publicaciones alternativas, tuvieron gran incidencia hasta los primeros años de este siglo.

Algo sumamente de interés fue, en 2001, la irrupción de diversos centros culturales surgidos en espacios recuperados, ya sea viejas fábricas o casas abandonadas o clubes de barrio en los que ya no había casi actividad. Se dio esto bajo una oleada popular que propiciaba la recuperación del espacio público, entre ellos construir plazas o parques o incluso huertas colectivas en lugares como ser vías por las que ya no pasaba ningún ferrocarril. Esos centros culturales cobijaban, entre otras cosas; a músicos, artesanos, actores, poetas que brindaban talleres o realizaban actividades públicas. La aparición masiva de las murgas se fue dando en este contexto.

La utilización masiva de internet, no hizo desaparecer todas las expresiones nombradas, sino que funcionando como una gran aspiradora, ubico todo en un nuevo soporte. Esta acción se produjo duplicando la realidad, haciendo que la denominada virtual, pasara paulatinamente a ser preponderante. Hoy se puede ver que el tradicional diario de papel, va quedando relegado a partir de que el mismo contenido es posible encontrarlo en la red. De todas formas el uso indiscriminado de internet provoca más allá de la supuesta hiperconexión, un estatus certero de desmovilización en cuanto a la relación efectiva entre los cuerpos.

Si bien Internet comenzó a utilizarse de forma domiciliaria promediando los 90, recién con la aparición de la Banda Ancha desde los primeros años de este siglo, fue cuando comenzó su irrupción masiva. El uso particular implicaba que el usuario conectara su computadora a la línea de teléfono con una velocidad de conexión muy baja. La Banda Ancha por su parte es una conexión propia de mucha mayor celeridad. Desde su aparición produjo el surgimiento casi masivo de los cibercafés que se extendió hasta aproximadamente el 2007- 2008, cuando la mayoría de la población pudo acceder a su conexión casera.

Con internet se comenzó a dar el hecho de que muchas de las viejas expresiones subterráneas volvieran a cobrar vida de otra forma. Desde ese tiempo hasta la actualidad, transcurridas poco menos de dos décadas hay cosas que fueron cambiando sustancialmente. La proliferación de los llamados algoritmos y el condicionamiento que fueron generando los buscadores hizo que hoy la vida en la red ya no sea igual, y que la variedad de expresiones contraculturales ya no tengan las mismas licencias, con las que se contaba en ese tiempo.

En una próxima nota, que será la continuación de ésta, nos referiremos a esas diversas expresiones se lo under que fueron cobrando vida con la utilización masiva de internet. 

11.16.2020

Apuntes sobre el reggae jamaiquino- Música que lucha


Nacido en Jamaica a fines de los 50, el reggae une la religiosidad y espiritualidad de los esclavos africanos con una fuerte propuesta cultural y política.

La conquista del continente americano en su conjunto tuvo como uno de sus pilares el desplazamiento de enormes contingentes de población africana para ser convertidos en fuerza esclava. Poco se sabe sobre este proceso de inmigración forzada. Lo que no se puede soslayar es la importancia étnica y cultural que tuvo y tiene lo afro en el desarrollo de nuestras sociedades. En algunas notas precedentes -publicadas en este mismo sitio- quien escribe hizo referencia a la influencia africana en estilos como el blues o el soul que tuvieron su desarrollo en los Estados Unidos. De todas maneras esta marca cultural afro tuvo incidencia a lo largo de todo el continente. En el Río de la Plata el candombe es un estilo que fue cultivado en ambas orillas. En la mayoría de los estilos surgidos es posible encontrar una gran densidad rítmica, cierta religiosidad y una marcada espiritualidad atormentada por la opresión, pero lo que no es tan común es la existencia de un género como el reggae jamaiquino en el que las cualidades señaladas se complementan con una fuerte propuesta cultural y por qué no política en la que ya no se tratará sólo de la situación particular de los jamaiquinos sino de la emancipación de todo el continente africano y de su población migrada hacia otros sitios.

El reggae es un estilo musical surgido en Jamaica a fines de los ’50 principios de los ’60. Su impronta está íntimamente ligada al rastafarismo. Musicalmente hablando es el resultado de una fusión de ritmos caribeños, soul, jazz y una singular base rítmica de procedencia africana. Vendrá a ser así un desarrollo de otras músicas de la isla como fueran el rocksteady y el ska. Coincide además con el surgimiento de la industria discográfica en Jamaica y la independencia del Reino Unido en 1962. El movimiento rastafari surgió promediando la década del ’20 en los suburbios marginales de Kingston y zonas rurales en donde vivía la población afrodescendiente. Tuvo gran importancia en ello el predicador Marcus Garvey quien desde la Asociación Universal para la Mejora del Hombre Negro (UNIA, por sus siglas en inglés) fue quien acercó la idea de emancipación ligada a la llegada al trono del imperio de Etiopía del primer rey negro africano, Haile Selassie I quien en el rastafarismo vendrá  a ser un heredero de la divinidad y a su vez el guía que conducirá a todos los africanos dispersos por el mundo hacia la tierra prometida que es naturalmente África. De tal manera los hombres negros de los barrios pobres sostendrán la idea de acercarse espiritualmente a la idea de liberación que encarna el legendario emperador etíope. La música de reggae será parte sustantiva de la praxis emacipatoria.

Roots, rock, reggae.

Se podría afirmar con una aproximación cercana a lo certero que el nacimiento del reggae coincide con la irrupción de la cultura rock que integrándose a estilos musicales, propios de Jamaica y el Caribe, le darán a la música rastafari un estilo bien particular.

Si existe alguna figura descollante del género éste será sin dudas Bob Marley. Nacido en Nine Mile, Saint Ann, Jamaica el 6 de febrero de 1945, a principios de los ’60 se verá influenciado principalmente por la música proveniente de los EEUU como el rock y el R&B.  Tras sumergirse profundamente en la cultura rastafari Marley junto a Bunny Wailer y Peter Tosh conformaron la banda The Wailers y arrancaron con el estilo característico que hizo conocer mundialmente la propuesta jamaiquina. 

De gran interés sería rastrear las letras de las composiciones de Marley, pues allí uno podrá encontrar el sentido que le dio a su producción y que hizo que lo nombren como el "sumo pontífice del reggae” y difusor del rastafarismo por fuera de Jamaica. En Africa unite expresará el deseo de unidad de los africanos dispersos por el mundo para juntos encaminarse hacia la tierra prometida. En la terminología rastafari Zion representa ese lugar mientras que Babylon será el mundo en el que prima una vida alienada estructurada principalmente por las formas que emanan del capitalismo. Zion no será en tal sentido sólo un terruño sino un estado subjetivo en el que prime la dignidad.

Muy pronto el reggae sería bienvenido entre los íconos del rock, tanto es así que figuras como Eric Clapton, Mick Jagger o Stevie Winwood grabarían temas de este estilo musical. En el caso del vocalista de los Rolling Stones cabe señalar que junto al wailer Peter Tosh harían el tema Walk and dont look back. Desde finales de los ’70 cuando el reggae se internacionalizó hizo que su propuesta musical y cultural fuera adoptada en distintos países. En el Reino Unido surgieron bandas como Steel Pulse y UB40. Tendrían ellas un gran impacto comercial e irían consolidado en Europa un público específico para el reggae. La inmigración creciente de africanos a Europa fue creando un basamento sólido para el desarrollo de esta música en el viejo continente.

El desarrollo del reggae en lugares alejados de Jamaica se dio en tanto este género pudo franquear limitaciones tanto geográficas como idiomáticas. A diferencia del rock que se expandió por el mundo casi sin transgredir su enunciación en lengua inglesa –salvo excepciones notables como la del rock argentino- el género jamaiquino logró generar adeptos que hicieron esa música en idiomas diversos. Abundan expresiones musicales que cantan este estilo en lengua francesa o española. Existen además expresiones muy interesantes que surgieron en diferentes países africanos que combinan nuevos ritmos y entonación en lenguas nativas. Hoy se podría considerar al género como una parte importante del desarrollo de la world music, y como uno de los estilos más emparentados a los movimientos antiglobalización.