7.02.2014

Ayer Nomás

Desde su inicio casi mítico, allá en la emblemática “Cueva” de la calle Pueyrredón, promediando los ‘60, la irrupción del rock argentino se metería en la médula de las diferentes generaciones de jóvenes del país.

Por mediados de los años sesenta en el mundo se comenzaban a respirar nuevos aires. Se iba produciendo rápidamente un desencanto general de las mayorías mundiales con respecto a las promesas que el capitalismo había realizado tras el final de la Segunda Guerra. Esto iría a impactar significativamente en los sectores juveniles de entonces, quizás de una forma no igualable a lo que sucediera con otra generación del Siglo XX. La Argentina no fue ninguna excepción. 
Algunos sostienen que en esos tiempos se vivió una profunda e inconclusa revolución cultural, que podríamos circunscribir a una multiplicidad de manifestaciones tanto políticas como artísticas, literarias, musicales, pasando por nuevos ensayos de organización social, como fueron las comunidades hippies o las comunas populares chinas. 
A Buenos Aires desembarcaron tanto el Pop Art, el happening, el psicoanálisis lacaniano, las nuevas vanguardias del pensamiento marxista, el rock, mientras se imponía la literatura de Ciencia ficción o la de Cortázar, y el Che Guevara tomaba las armas en la selva boliviana. Una muestra cabal de la nueva estética fue la existencia del Instituto Di Tella donde se daban cita los artistas de avanzada.

La Cueva de la calle Pueyrredón

La aparición del grupo de jóvenes músicos, poetas y escritores que hicieron de La Cueva, su punto de encuentro, no fue un acontecimiento aislado de todo ese contexto social, cultural e ideológico, sino el resultado legítimo de la integración de parte de esos nuevos aires que soplaban por el mundo, con una cultura bastante susceptible a las nuevas tendencias de vanguardia. 
Uno de los personajes claves de los que se daban cita en la Cueva, Pipo Lernoud, escribió en la Revista La Mano: “Fue en la Cueva donde empezó realmente el rock nacional. Sin el fermento de La Cueva, esa mezcla de influencias musicales, literarias e ideológicas, nuestro rock hubiera sido uno más en el continente, otro reflejo pálido de las ideas anglosajonas. Sin La Cueva no hubiera habido Avellaneda blues, ni De Nada Sirve, ni La Balsa. Y toda la historia que viene detrás, desde Charly García a Sumo, desde Los Redondos hasta Spinetta, está teñida con las inquietudes ambiciosas de los locos de La Cueva. No hay en el Continente, con la excepción de Brasil, una historia de rock, poesía y desafío como en la Argentina, y tampoco la hay en Europa fuera de Inglaterra. Porque el aislamiento cultural al que nos sometieron las sucesivas dictaduras y la multiplicidad de las influencias del rock, produjeron un híbrido original que nació ahí, a fines del 65 y comienzos del 66, cuando el mundo dejó sus viejos ‘conjuntos’ abandonó el sueño de triunfar en la Escala Musical y salió a caminar por la avenida Pueyrredón, desde La Cueva a La Perla, para empezar a escribir una historia diferente.”
De haber sido un sitio de encuentro de músicos de jazz, la Cueva se fue convirtiendo en el primer lugar de Argentina, donde se comenzaban a nuclear los pioneros del rock nacional. Allí convergían el gordo Billy Bond, los hermanos Fatorusso de la banda uruguaya Los Shakers, Tanguito, Moris, Javier Martínez, Pajarito Zaguri, Miguel Abuelo, Litto Nebbia entre otros. 
Resulta importante distinguir toda esta movida cuevera, de lo que comenzaba también a desarrollarse en la Argentina, bajo el rótulo de música Beat, que consistía simplemente en un género simple que no complicaba demasiado al pensamiento pero que era especialmente apto para bailar. El incipiente movimiento de rock era partidario de una música que además de “entrar por los oídos, ingresara en la cabeza, y no solamente por los pies” según expresaban los primeros representantes de esta cultura en nuestro país. En tal sentido una de las ideas fuerza, fue que siendo las letras de las canciones uno de los contenidos más importantes, se logró desmitificar esa idea eso de que el rock o el blues solamente podían cantarse en inglés. Entonado en un lenguaje poco comprensible, este estilo perdía la mayor parte de su sentido contestatario y revulsivo. Tampoco se podía cantar en español, diciendo todas esas cosas que a nadie les molesta y que refuerzan mucho más la alienación social. Es importante señalar que los grupos de música beat -también denominada comercial o complaciente-, cantaban en castellano, pero con letras que no cuestionaban lo establecido. Si hay un componente esencial en el surgimiento del rock argentino, eso fue hacer letras en castellano. Si bien un grupo mexicano como los Teen Tops habían realizado rock cantado en nuestra lengua, a principios de los ’60, sus producciones eran traducciones de clásicos del rock, que habían realizado en los ’50 figuras como Chuck Berry o Little Richard.

Las primeras bandas

Tal  como se encuentra historiografiado, el 2 de junio de 1966, se produjo la edición del primer disco simple del rock nacional. Los Beatniks, formados ese mismo año, editarían los temas “Rebelde” y “No finjas más”. La banda estaba formada por Mauricio Birabent (Moris), Javier Martínez, Pajarito Zaguri, Antonio Pérez Estévez y Jorge Navarro. El grupo se iría a disolver al poco tiempo. Vale destacar que el nombre “beatnik” que tomó esta formación provenía de un movimiento literario formado en Estados Unidos para finales de los ‘40. La traducción “derrotados”, expresaba antes que nada un fuerte contenido en contra de las pautas de vida americana, resaltadas en una visión cruda y con componentes muy ácidos. 
En 1967, se iría a producir el primer éxito discográfico del incipiente movimiento. Desde Rosario, habían llegado los Gatos, integrados por Litto Nebbia, Oscar Moro, Ciro Fogliatta, Alfredo Toth y Kay Galiffi. Ellos editarían los temas “La Balsa” y “Ayer nomás”, vendiendo más de 200 mil placas. Todo un éxito comercial por ese entonces. La cara principal del disco simple, “La Balsa” fue una composición conjunta de Nebbia junto al legendario Tanguito, mientras que el segundo tema era una composición de Moris con letra arreglada por Litto Nebbia, a la inicial que había escrito Pipo Lernoud. El tema original sería conocido posteriormente con la edición del álbum de Moris “Treinta minutos de vida”. La banda se iría a separar en 1969, para volver a juntarse en 1970, en una versión mucho más rockera, donde se notaba la presencia de un nuevo guitarrista: Norberto Napolitano, el inconfundible Pappo.
1968 iría a ser el año de aparición de los dos grupos que marcaron más que nadie, el futuro del movimiento de rock.  Manal y Almendra, con estilos bastante diferentes, blues con letras urbanas de alto contenido social, el primero y el rock canción con una poesía surrealista de muy alto vuelo el segundo; le darían al rock argentino una impronta que es la que sellaría un estilo inconfundible.
El año 1970 representó una vuelta de tuerca para el incipiente movimiento rockero. Hasta ese momento, se venía desarrollando de manera casi lacunar, en fragmentos, como un fenómeno nuevo que no terminaba de unificarse. No todas las bandas que iban apareciendo estaban conformadas por ex parroquianos de la Cueva, y muchos de los nuevos rockeros ni siquiera se conocían. La existencia de un sello musical como Mandioca, hizo que algunos grupos pudieran grabar sus primeros discos, cosa que en aquellos tiempos no era para nada fácil. Manal, Vox Dei y Moris si no hubiera sido por Mandioca, tal vez hoy serían completamente desconocidos. De gran importancia fue también el surgimiento de la revista Pelo, que además de promocionar a los diferentes agrupamientos locales, informaba sobre bandas internacionales, que por ese tiempo nadie conocía, ya que las ni las radios ni la TV difundían. El primer festival Buenos Aires Rock (BARock) organizado por Pelo, en 1970, en el Velódromo Municipal ubicado en los bosques de Palermo, fue tal vez el primer acontecimiento importante del rock local, en el sentido de que aunó en un mismo escenario a casi todas las expresiones locales del incipiente movimiento juvenil. 
Este nacimiento del rock producido promediando los ’60, paulatinamente se fue incorporando a las diferentes generaciones juveniles del país, extendiéndose hasta la actualidad. Sin dudas el rock argentino es un fenómenos singular, no sólo para haber comenzado a desarrollar letras en castellano, sino porque también a lo largo de los años se constituyó en algo sumamente masivo. Una parte importante de la cultura de los jóvenes argentinos en los distintos tiempos.

Nota publicada originalmente en la Revista Mascaró de julio de 2014

4.08.2014

El Lozano: el teatro donde todo comenzó

Nota publicada originalmente en la Revista Sudestada

Hay lugares que tienen nombres conocidos, sitios a los que se los asocia con determinados hechos o personajes, pero poco se sabe de sus particularidades, de cómo ciertos envases, moldean y a su vez representan a los productos que llevan adentro. El Teatro Lozano de la ciudad de la Plata es un ejemplo de eso. Sí no fuera por la trascendencia que alcanzó por el hecho indiscutido de que ahí se produjeran las primeras presentaciones del emblemático Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, su nombre sería desconocido hasta incluso por muchos habitantes de la ciudad de las diagonales. Los llamados “Lozanazos” se asocian indefectiblemente a dicha banda de rock, pero lo que acontecía en aquel pequeño teatro durante los años ’70 fue bastante más,  fue uno de esos sitios que albergaron a muchas de las principales expresiones de de la contracultura platense, entre ellas a los Redondos.
El teatro, o para ser más precisos el Salón Cultural Lozano, ubicado en la calle 11 entre 45 y 46, es un lugar perteneciente a la Agremiación Bonaerense de Empleados de Reunión del Hipódromo de La Plata, una entidad gremial con un largo antecedente de luchas y solidaridades.  El teatro está considerado por los trabajadores del sector como un factor de sostenimiento económico y verdadero orgullo de la agremiación.
Carlos Mariño uno de los precursores del rock platense, no por ser precisamente músico, sino por sus programas radiales, por ser un organizador de eventos, y sonidista entre varias cosas más; en 1972 les alquiló a los empleados por reunión del hipódromo el emblemático teatrito. Una vez por semana iría a presentar a alguna de las bandas del under platense. Según contaba Carlos por aquel entonces la mayoría de los grupos de rock de la ciudad no estaban afiliados al sindicato de los músicos, y esto hacía que fueran perseguidos y que no los dejasen tocar. En Buenos Aires era mucho más fácil entrar al gremio, pero en La Plata los requisitos eran tantos que ningún rocker aceptaba esos condicionamientos burocráticos. De esa forma realizar lo que propiamente se podría llamar un recital era casi una ceremonia clandestina, o camuflada con otros condimentos, principalmente expresiones culturales como teatro, poesía, muestras artísticas, etc. Y lo del sindicato de músicos no era pavada, una vez iba a presentarse en el Lozano una banda de Ensenada que se llamaba La Primera Flor que brotó después de la nevada, y cuando llegaron al lugar los estaban esperando con un patrullero. Burocracia sindical y policía de la mano.  No era para menos que muchos de ese sindicato eran músicos integrantes  de las bandas de la Marina y el Ejército. Tanto es así que los integrantes de la Cofradía de la Flor Solar tuvieron que afiliarse en Buenos Aires.
Eso sí, los que comenzaron a organizar eventos en el Lozano, metieron mano y tuvieron el permiso de los propietarios para hacer algunas cambios. Por ejemplo -según contaba Mariño-, la iluminación pasó a ser obra de una cantidad importante de luces de automóviles, faroles de 12 voltios metidos en latas de aceite de 5 litros, que pendían de unas barras de hierro sujetadas al techo. Esas barras se habían construido en la Escuela  Industrial de Berisso.  Las actividades tuvieron algún parate pero retomaron con fuerza a partir de marzo del ’74. Cuando a nivel de la sociedad la cosa se puso más dura, y la represión comenzó a ser moneda corriente, no solamente para los militantes de la izquierda, sino para cualquier cosa que pintase diferente, los grandes recitales en la Plata comenzaron a ser cada vez más espaciados. Ya no llegaban las bandas porteñas al Estadio Atenas, ni era factible hacer festivales ni en el Teatro del bosque, ni en el Comedor Universitario, en donde las bandas locales eran las principales protagonistas. Había que refugiarse en los tugurios, y cuidando que no se sepa que fuera un concierto, ya que los del sindicato de músicos te mandaban a la policía. No tenían ninguna compasión. Entonces eran eventos culturales, no sólo como fachada. Además porque ése era un gusto bastante arraigado en la bohemia platense. Sol de Barro, Ataúd, Liverpool, Experiencia Cósmica, Gusano, Planetas fueron algunos de esos grupos que tocaron en el Lozano desde el ’74, matizando con poetas que leían sus versos, con actores que improvisaban escenas, e incluso con espectáculos infantiles. Durante la semana la mayoría de esos grupos tenían permiso para ensayar en el lugar. El Lozano adecuaba su sala para diversas expresiones artísticas. No solamente era rock lo que se ofrecía, también tango y folklore para gente más grande, así como ciclos de cine, grupos de teatro, exposiciones de plástica y fotografía. Fue en ese escenario donde Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota iniciarían sus célebres ceremonias, con una cantidad importante de miembros que muchas veces rotaban, con dialoguistas y bailarinas que hacían striptease. Mucho se escribió sobre el antecedente de la Cofradía de la Flor Solar, pero si los Redondos musicalmente tuvieron algún predecesor, ese fue Billy Bond con su Pesada del Rock, que desde el ‘72 orbitaban por La Plata, e incluso ensayaban en una casa de Punta Lara, habiendo  incorporado a su formación a algunos ex integrantes de la Cofradía, como Kubero Díaz, Jorge Pinchevsky e Isa Portugheis. En el ’74 cuando la mano se puso dura muchos de ellos emigrarían a Europa. Y no era para menos, ya que por esos años anteriores al golpe de Estado del ’76 las patotas parapoliciales y fascistas, asediaban a todo lo que pareciera ir a contramano de la moralina social, en una ciudad en la que se convivía con una clase media bastante conservadora y reaccionaria.
Entrada ya la dictadura, allá por el ’77 la ciudad de La Plata se había vuelto grisácea y descolorida. La dictadura había golpeado muy duro en la región, mucho más que en otros sitios. Todo el empuje contracultural de años atrás había quedado reducido a pequeños tugurios, donde se pudiera ejercer cierta resistencia. Aquella “Pálida ciudad” que habían entonado Billy Bond y la Pesada del Rock, ya no sonaba ni en las diagonales, ni en la ribera. Aquel tema de Kubero, desde el silencio cobraba mucha mayor vigencia. Tan pálida se había vuelto la ciudad que ya ni siquiera era posible decirlo. Si bien el sol podía salir, su brillo estaba opacado y era preferible la noche, a pesar de sus peligros. Los sobrevivientes disimulaban su condición, a sabiendas de que a muchos amigos los habían perdido. El rock y la cultura ocuparon un lugar de resistencia, a condición de no masificarse. Los milicos no podían liquidar todo, porque menos, ya era mucho.
Durante los últimos meses del  ’77 Mariño consiguió un socio especial para darle un nuevo empuje al Lozano. Un escribano platense, de considerable billetera, y de renombre. Éste quiso ponerle  fichas a algo que para él era completamente desconocido, pero atractivo. Algunas nuevas remodelaciones, se hicieron y programaron otras actividades. El suplemento Imagen Platense del diario El Día, les brindó una hoja de una de sus publicaciones. El escribano tenía sus influencias. Fue así que llegaron al Lozano los cómicos Juan Carlos Mesa y los hermanos Basurto.  Pero también se daban hechos que no hay que dejar pasar por alto. Una vez se llevó la clásica obra "Pabellón 7" de Paul Vanderberg que interpretaba el actor Alberto Mazzini, una obra que mostraba la prisión y los avatares que suceden en ella. Justo enfrente del teatro está el Instituto Inmaculada, un tradicional colegio católico femenino, de los más caros; y el cura encargado se cruzó la calle para reclamar que esa obra no se realice más porque era una perversión, un mal ejemplo para las señoritas que cursaban en su institución. Obviamente no fue escuchado. Durante las presentaciones de Patricio Rey no pocas veces cayeron de Inteligencia y se suspendían las actividades. Un hecho bastante peculiar fue cuando se realizó un evento que contaba con la presencia de Armando Tejada Gómez y Hamlet Lima Quintana, que se denominaba “El Show de la Palabra”. El casero del teatro recibió un llamado telefónico en el cual decían que iba a explotar una bomba debajo del escenario. Rápidamente evacuaron el lugar y tras ir los de la brigada de explosivos, comprobaron que no había nada. Todos de nuevo adentro para que el show se haga.
Cuando los principales protagonistas de los eventos en el Lozano recuerdan aquellos tiempos no dejan de señalar la sana complicidad del gremio de empleados de reunión del hipódromo. Ningún otro locador hubiera dejado que se haga tanto, y que a su vez todo eso los comprometa. Mariño recuerda que el hijo del casero es uno de los treinta mil desparecidos y que siempre se prendía de todas las movidas que allí se hacían.

Tras la gira que los Redondos hicieran por Salta, más precisamente en el ya célebre Bar El Polaco, a su regreso ya siendo el ’78 volvieron a presentarse en el Lozano. El suplemento dominical del diario El Día decía en esa oportunidad: “Patricio Rey es una banda que hace un tipo de música nueva para nuestro país, con ciertas reminiscencias de la música de California, y, paradojalmente, también del punk rock, todo eso pasado por el tamiz de lo nacional, aquello con influencias de La Pesada y letras que se entienden y quieren decir algo” señalando luego que  “Esperamos que tanta ansiedad por parte del público rockero sea bien correspondida por Patricio. Lo esperamos por el público, por nosotros, y por el rock local, que este año parece querer salir de un largo letargo en el que parecía sumido. Será una cita con la música y además, suponemos, con todos los viejos popes de la música local y porteña, que esperan, igual que Imagen Platense, que Patricio sea todo lo que parece que es”.

1.30.2014

El agua clara que renace

Para los que teníamos gustos más sofisticados, tal vez los Creedence no eran la panacea de lo que uno buscaba como la mejor y más lograda música progresiva. Creedence era escuchado por muchos,  y tampoco faltaba en los bailes populares, en donde la mayoría lo que buscaba era  un buen ritmo para la danza. Tampoco se podía considerar que lo que hacían era una simple música comercial. Lo de la agrupación de los hermanos Fogerty era un rock simple, pero no embelesado para vender más placas, era un sonido demasiado digno, en el cual fluían desde el más puro rocanrol, hasta el blues y el rockabilly. Con esa pinta de cowboys con jeans y camisas a cuadro, Creedence Clearwater Revival, se ganaron en aquel tiempo un sitio inigualable, pero lo que más da para nombrarlos, es que a lo largo de todas las generaciones que los precedieron, hoy siguen teniendo un lugar. Ellos habían nacido en el Bayou.

12.06.2013

Machine gun. Tearing my body all apart.

El rock progresivo, ése que llevaría toda la impronta de construir nuevos sonidos, a partir de la explosión tecnológica, y que tendría un contraste y equilibrio importante entre los diferentes instrumentos musicales, sin dudas es el resultado del desarrollo del sonido electrónico y de toda la tecnología propia al tiempo de su irrupción. Pero, por qué a un instrumento o a un conjunto de ellos, habría que hacerle emerger sonidos, que de por sí, no estaban contemplados en lo que se refiere a lo estrictamente pentagramático. Tal vez eso, sea una respuesta al porqué de la existencia e invención de diferentes instrumentos, en tiempos en los que la tecnología no era avanzada, pero el interrogante se vuelve interesante cuando los diferentes sonidos, necesariamente tendrían que salir de un mismo instrumento, como si desde un solo sitio debieran irradiarse todas las variaciones posibles. La respuesta sin dudas no es obvia, pero responderse aunque sea algo de ella, sería comprender mínimamente  el surgimiento de un Jimi Hendrix.

Ya en los primeros tiempos del blues, tanto Robert Johnson como Elmore James, intentaron extraer sonidos de la guitarra, no previstos. Fue así el surgimiento del slide y el bottleneck, la utilización del cuello de una botella para que se desplace por encima de las cuerdas para generar un sonido indeterminado, pero cargado de significación. Eso podría casi considerarse como la invención de instrumentos complementarios para un instrumento principal. Sin este antecedente, es impensable la explosión sonora Hendrix. La tecnología es parte del desarrollo de las fuerzas productivas, y solamente tiene validez si como correlato existe  el desarrollo y el surgimiento de un sujeto, que sea capaz de producir con esa nueva tecnología. Porque claro, las máquinas solas no funcionan, y mucho menos si se trata de generar con ellas una estética o un arte.

El valor de Jimi Hendrix, en la historia del arte contemporáneo, además de su vuelo musical de envergadura, fue sin dudas el incluir diferentes efectos sonoros, a partir de distintos pedales (Overdrive, Octavia, Fuzz Face, Wah- Wah) para potenciar la guitarra electrónica, y conseguir sonidos, que hasta resultaban una versión satírica del tiempo fugaz que le tocó vivir. Machine Gun, es una de las muestras más acabadas de su producción, haciendo que del instrumento surja el sonido de esa ametralladora que debía callar.

6.20.2013

Syd Barrett, Pink y Floyd- “Wish You Were Here”

El destino de convertirse en mito, desde Robert Johnson en adelante parecía que tenía que ser la muerte prematura. Ese rasgo marcó a las grandes leyendas del rock, que fallecieron igual que el mítico guitarrista de blues, a los 27 años. El camino de Syd Barrett fue diferente, fue desaparecer, recluirse y que se pierda todo rastro de él. Barrett falleció en 2006, cuando tenía 60 años, pero desde hacía más de tres décadas ya era un mito viviente, y nadie sabía ni dónde estaba, ni qué hacía, y aunque estuviera vivo, para casi todos ya era parte del pasado.

En "Shine on You Crazy Diamond" Roger Waters, lo invocaba, pidiendo que el loco diamante vuelva a brillar como tiempo atrás, y que tal vez por haber encontrado al secreto demasiado pronto, o haber quedado atrapado en el fuego cruzado entre la niñez y la fama, esto le haya dejado en sus ojos una mirada, que parecieran dos agujeros negros en el cielo…
El grupo ensayaba la grabación de su obra “Wish You Were Here” cuando de repente un intruso se precipitó dentro de los estudios de Abbey Road, con una guitarra en sus manos como para grabar también su parte. Todos se preguntaron quién sería esta persona con la cabeza y las cejas afeitadas, y bastante obesa. David Gilmour quien fuera compañero del secundario, después de mirarlo varias veces, supo que Syd estaba ahí, demasiado cambiado en su figura, pero llegado casi como si lo hubieran llamado. No grabó, ya que su parte ya estaba hecha. Ese mismo día Gilmour contraía matrimonio y en la fiesta de boda que se realizara en el bar de EMI, fue cuando todos los integrantes de Pink Floyd lo vieron por última vez, tras perderse el loco diamante entre la multitud. Esto sucedía en 1975.

Desde 1964 Roger Waters, Rick Wright, Nick Mason y Bob Klose, ya eran parte de un agrupamiento musical que fue mutando su nombre, hasta que se incorporó un nuevo integrante: Syd Barrett, y si bien ellos por ese tiempo se llamaban Tea Set, el nuevo integrante además de darle el estilo psicodélico característico, rebautizaría al grupo con el nombre The Pink Floyd Sound. Este nuevo nombre vale la pena precisar de dónde provenía. Los sonidos de Pink y de Floyd evocaban el nombre de dos viejos negros bluseros, que seguramente cuando murieron, ni supieron que habían entrado en la historia del rock, es decir en la narrativa de la versión blanca del rhythm and blues. Pink Anderson había nacido en Carolina del Sur, en 1900, y tras una vida de bluesmen, falleció en 1974 en la miseria, subsistiendo como músico en las tabernas, mientras que Floyd Council nacido en Carolina del Norte en 1911 fue otro guitarrista de blues que desde finales de los ’60 a partir de un derrame cerebral no pudo seguir su actividad, y falleció en 1976. Cuando ambos murieron Syd hacía varios años que ya había desaparecido de escena, y es probable que nunca los haya conocido más que por el texto escrito en la tapa de un disco de Blind Boy Fuller de 1962, en el cual decía: “Curley Weaver y Fred McMullen, (...) Pink Anderson o Floyd Council - estos eran algunos entre los muchos cantantes de blues que podían escucharse en las onduladas colinas de Piedmont, o serpenteando con los arroyos entre los arbolados valles”.

4.21.2013

El violín del diablo

Jorge y su padre el tranviario Jaime


El nombre de Jorge Pinchevsky está asociado a un tiempo mítico de la historia del rock argentino, por haber sido su primer violinista, y por haber formado parte de legendarias agrupaciones como fueron La Cofradía de la Flor Solar y la Pesada del Rock and Roll liderada por Billy Bond. Menos conocida es su trayectoria en el exilio europeo, y la de sus últimos años cuando parecía haber ingresado en el olvido de todos aquellos que a principios de los ’70 lo tenían como a un ícono de la música progresiva local. El encuentro de Pinchevsky y el rock no fue convencional, no fue el del joven que se inicia en la ejecución de un instrumento musical; fue el de un músico experimentado y fogueado en diferentes estilos, a pesar de su juventud, que al descubrir lo nuevo que emergía le aportó un plus incomparable.
Jaime Tito Pinchevsky era un joven anarquista rosarino que, allá por los ’40, decidió buscar fortuna en La Plata. Junto a Sara, su mujer, y al pequeño Jorge, hijo de ambos, que había nacido en 1943 también en la Chicago argentina, se instalarían en una vieja casa situada en Diagonal 74 y 57. Allí, Jaime, tras conseguir trabajo como conductor de las líneas 5 y 25 del tranvía, sería padre de dos hijos más, Eduardo y Carlos. Este último es quien contó una cantidad de historias con las cuales este texto comenzó a tejerse.
Tito tenía muchas lecturas encima y era un apasionado por la música clásica. Mientras manejaba el tranvía, una vez fue sorprendido cerca de la parroquia del Sagrado Corazón silbando el Ave María de Schubert por el párroco Roberto Lodigiani, quien posteriormente, además de arzobispo, fuera el fundador de Cáritas. El futuro monseñor no podía creer que un tranviario conociera esa melodía, y tras conversar entre ellos entablaron cierta amistad, ya que Lodigiani viajaba asiduamente en ese transporte.
El sótano de la casa de Jaime se fue convirtiendo en un sitio de referencia, ya que ahí se juntaban varios anarquistas platenses, que además de reuniones conspirativas, también jugaban al ajedrez, comentaban libros de Rudolf Rockker y escuchaban música. El célebre activista libertario José Grunfeld, tío de Tito, solía dar charlas formativas a los que ahí se reunían. Jorgito pasó sus primeros años de vida en ese clima, y tal vez esa fue la matriz principal para llegar a ser ese primer violinista que tuvo el rock argentino, en un tiempo donde éste era parte de la contracultura. Por paradójico que resulte, don Jaime hubiera querido que Jorgito fuera un violinista del estilo del célebre Yehudi Menuhin, quien a muy corta edad parecía biológicamente dotado para ejecutar el instrumento de cuerdas. Jorgito daba la sensación de seguir el mismo camino, ya que a los cuatro años, cuando escuchaba los discos de música clásica de su padre, le preguntaba por un sonido que se le recortaba en sus oídos de la totalidad, y eso coincidía con el sonido del violín. “¿Papá qué es eso?”. y eso era el sonido del instrumento de cuerdas del cual Jorgito sería un eximio ejecutante. Pero como el nene se había vuelto insistente con esa pregunta, Tito, entusiasmado, se lo comentó a su otro tío, el doctor Rafael Grinfeld (hermano de José Grunfeld, quienes por culpa del registro civil tendrían en el apellido una vocal de diferencia). Rafael, además de ser un investigador de talla en Física nuclear y haber traducido a Einstein al castellano, era alguien bastante relacionado, y fue así que, además de comprarle el violín a su sobrino nieto, contactó a Jaime con su amigo, el maestro Humberto Carfi, para que le diera clases al niño.
El padre y su hijo de cinco años con instrumento nuevo fueron a verlo a Carfi. Lo primero que le pidió el maestro al niño fue que tomara el violín y lo colocara como si fuera a tocar. Al verlo, no dudó un segundo, asegurándole a Jaime que su hijo tenía condiciones para ser un gran violinista, y que él le iría a dar clases preparatorias para que Jorge ingresara al Conservatorio Provincial.
A los 13 años, cuando Alberto Ginastera era director del Conservatorio, Jorge egresaría realizando una presentación en el aula magna del Colegio Nacional, formando un trío junto a Alberto Portugheis en piano y Alberto Lysy en viola. Escribir sobre ellos llevaría un capítulo aparte ya que estos dos platenses se convertirían con el tiempo en afamados músicos clásicos de trascendencia internacional.
Pero el sueño de don Tito de que su hijo mayor fuera un gran violinista clásico, de a poco comenzó a desvanecerse. Con apenas 14 años Jorge iniciaría una deriva musical, que más de diez años después lo ligaría al incipiente rock argentino, cuando iría a encontrase con La Cofradía de la Flor Solar y un extraño violín hecho de metal con forma de ballesta.
Pinchevsky se sumaría a la orquesta típica del pianista Horacio del Bueno, y recorrería varias localidades de la provincia durante los bailes de carnaval. La relación de Jorge con el tango fue muy estrecha, e incluso siguió cultivando la música ciudadana, hasta los últimos años de su vida. Cuando en su exilio formara parte de Gong, una legendaria banda de jazz rock progresivo anglofrancesa, en uno de los temas del disco Shamal realizado en 1976 y que fuera producido por Nick Mason de Pink Floyd, Pin irrumpía con el sonido del violín interpretando un tango bien canyengue y recitando en voz baja sobre “el gato del arrabal que vio llegar a la morocha por el empedrado”.
Pero al tango también le sumó la formación de un dúo junto al guitarrista Raúl Maure, con quien realizaban un extraño mix de estilos que iban desde un folklore camelero, donde confluían la ranchera y el clásico Pájaro Campana con música gitana, bolero, bossa nova, paso doble y las Sardas de Monti. Con Maure tocaban en los cabarets, principalmente en Las Brujas de Ensenada, y en el Première de Diagonal 80 y 115. También si alguien se los encargaba eran capaces de arrimarse hasta algún balcón para tocar una serenata. A don Jaime todo esto ya no le gustaba nada. Él, que había pretendido un hijo que fuera como Yehudi Menuhin, y protestaba cuando le llegaba la cuenta de teléfono y se enteraba así que Jorge llamaba a sus novias para darles largos conciertos telefónicos. De todas formas, Tito le recomendó a su hijo que cambiara su nombre por uno artístico para presentarse con el dúo. Pinchevsky era un apellido muy ruso para eso, y así el nombre del violinista sería Jorge Durán, y el dúo Durán-Maure.
Un amigo contó que, allá por el ’67, fue exclusivamente a escuchar en el viejo cabaret de 7 y 32, más conocido como El Violín de Mi Tía, a ese asombroso par de músicos mientras el resto de los parroquianos se entretenían tomando whiscola junto a las coperas, sin prestarles demasiada atención. Quien tuvo la suerte de poder escucharlos e incluso compartir la mesa de aquel antro plagado por el humo del cigarrillo, recuerda haber disfrutado junto a ellos de una botella de Bols, la afamada ginebra que “entona y sienta bien”, según versaba la publicidad de la época.
Por la madrugada llegó la policía a pedir documentos y, tremendo detalle, quien había ido a conocer la música del dúo era menor y terminaría en un patrullero, deportado a su casa, previo paso por un juzgado de menores, y ahí fue cuando apareció el gesto de Pinchevsky, al enterarse de la situación. Se sentó al lado del muchacho y le dijo al uniformado: “Es mi primo, por la madrugada sale para Chivilcoy, no tenía dónde pasar la noche y lo traje conmigo. Yo me hago responsable...”. El policía los miró a los dos, y debiendo haber pensado que era impropio quedar mal con un artista admirado por la concurrencia, le dijo “está bien, pero no lo deje solo, no es ambiente para un pibe...”.
La otra veta ya señalada de Pinchevsky fue la del tango, y además de tocar con Del Bueno lo hizo con José Pepe Basso. En la escuela musical que éste tenía en 2 y 44, Jorge enseñaba: teoría, solfeo, vocalización, armonía y contrapunto. Mientras tanto también trabajaba como colectivero de la Línea 13, que era la que unía a La Plata con Ensenada.
La llegada del violinista al mundo del rock es la historia más conocida, y por la cual se hizo conocido, a pesar de pasar sus últimos años casi en el olvido.

2.23.2013

El mito de la "ballesta" y el violinista de rock


Allá por el ’71 según nos cuenta Carlitos Pinchevsky, él y su hermano Jorge: el violinista que por entonces todavía no había llegado al rock, ambos estaban tomando algo en un bar de 7 entre 50 y 51, más precisamente arriba del viejo bowling que estaba en el sótano de la galería San Martín, cuando pasó por ahí el Mono Cohen. Cuando los vio entró y se dirigió en particular al violinista. Ellos se conocían desde hacía bastante tiempo. ¿Qué le dijo? que tenía un extraño violín metálico y eléctrico en la casa de la Cofradía de la Flor Solar y que nadie sabía cómo hacer para tocar música con eso, que lo había probado Quique Gornatti, pero nada, era algo imposible. 
El Mono le pidió a Pin si podía acercarse a la casona de 122 y 72 bis, y ver si él podía hacer algo. Los tres se levantaron de la mesa, y se fueron para allá.
El instrumento conocido en aquella época como la ballesta, por su forma, era algo que había construido un brasileño que había pasado por ahí, y luego desapareció.
El violinista conectó el instrumento y se puso a tocar, y se quedó haciéndolo toda la noche sin parar, mientras Carlitos ya cansado, dijo “yo me voy, que se quede tocando”.
A partir de ese momento, surgía en la Argentina el primer violinista de rock.
Según cuenta Nancy Geymonat, última compañera de Pin, éste alguna vez le dijo que el brasileño que había construido el extraño instrumento, terminó en un loquero, y que cuando el violinista se exilió en Europa, la ballesta quedó perdida en el viejo continente.

11.22.2012

El Lozano y la resistencia cultural a la dictadura


Allá por el ’77 la ciudad de La Plata se había vuelto grisácea y descolorida. La dictadura había golpeado muy duro en está región, mucho más que en otros sitios. Todo el empuje contracultural de años atrás había quedado reducido a pequeños tugurios, donde poder ejercer cierta resistencia. Aquella “Pálida ciudad” que habían entonado Billy Bond y la Pesada del Rock, ni siquiera ya sonaba ni en las diagonales, ni en la ribera. El tema de la Cofradía desde el silencio cobraba mucho mayor vigencia.

Si bien el sol podía salir, su brillo estaba opacado y era preferible la noche, a pesar de sus peligros. Los sobrevivientes disimulaban su condición, a sabiendas que a muchos amigos los habían perdido. El rock y la cultura ocuparon un lugar de resistencia, a condición de no masificarse. Los milicos no podían liquidar todo, porque menos ya era mucho.

En los últimos meses del ’77 se incorporaba el Teatro Lozano de 11 e/45 y 46 a la red de lugares donde se podían escuchar grupos de rock, o distintas manifestaciones culturales. Se sumaba así a lo que ya brindaban el Opera, la AMIA, o el Astro.

Capitaneado por Carlos Mariño, el Lozano adecuaba su sala para diversas expresiones artísticas. No solamente rock era lo que se ofrecía, también tango y folklore para gente más grande, así como ciclos de cine, grupos de teatro, exposiciones de plástica y fotografía.
En el ’78 el Lozano sería el lugar donde se presentaría la entonces emblemática banda de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, la cual venía de un viaje por norte del país, más precisamente de Salta, habiéndose presentado en el ya mítico boliche del Polaco.

9.23.2012

Hongo Atómico


Corría el año ’73 cuando a la Argentina llegaba una nueva modalidad del rock, el progresivo y sinfónico. Los nuevos agrupamientos si bien venían muy influenciados por el hard rock de Led Zeppelín, Deep Puple y Black Sabbath, ahora se volvían proclives a escuchar bandas como Yes, Genesis y King Crimson, y a partir de ello intentaban construir un estilo de ese porte.

Pero bucear en lo progresivo, les llevaba a los que lo intentaban hacer, largas horas de ensayo, composición, búsquedas y ajustes sonoros. En La Plata uno de estos grupos fue Hongo Atómico. Llevaron casi un año en definir el sonido para salir al ruedo, en largas horas de sesión y ensayo en la vieja casa de 71 entre 23 y 24.
El Hongo tenía dos guitarristas, pero los dos fraseaban como primera guitarra, en un complemento verdaderamente asombroso, ellos eran Miguel López Muntaner y Víctor Videla. El bajista era el ensenadense José Luis Borza quien antes había sido parte de Tonelada, y el batero era Omar Farías.

Miguel quien antes había formado parte de la banda Caramelo, cuenta que Hongo Atómico buscaba la perfección musical, y que los riffs y acordes del bajo de Borza muy influido por el bajista Roger Glover de Deep Purple, eran mazazos en la melodía sinfónica, un cóctel verdaderamente explosivo.

Cuando el grupo ensayaba en la calle 71, se acercaban muchos a escucharlos ahí mismo, convirtiendo a la casa en un verdadero lugar de encuentro. Una modalidad de aquel tiempo que hoy ya no existe.

8.23.2012

Quique Gornatti


Si bien Quique Gornatti, nació y se crió en la ciudad de Nueve de Julio, Provincia de Buenos Aires, al terminar el secundario se vino a estudiar Arquitectura a La Plata, y se ligó al mundillo del rock local. Pero su afición por la música venía desde la niñez, ya que a los 9 años comenzó a estudiar piano y guitarra. Entonces, tocaba el piano de su madre y buscaba inspiración en la música que escuchaba por la radio. A los doce años le regalaron su primera guitarra eléctrica: una Fratti de un micrófono, y formaría con amigos en primer lugar el grupo The West Indian, y luego Los Drawers. Con esas agrupaciones tocarían en fiestas, cumpleaños, y bares de Nueve de Julio, y poblaciones aledañas.
Cuando llegó a La Plata conoció la Cofradía de la Flor Solar, y se incorporó tocando la guitarra rítmica, pero también formando otros grupos como Sol y el Ice Cream Trío. El que escribe se sorprendió gratamente allá por el ’72 cuando en un festival realizado en el viejo Comedor Universitario de 1 y 50, donde hoy está la facultad de Odontología, pudo escuchar al trío Sol, donde Quique Gornatti además de tocar la guitarra, era su vocalista. Siempre me quedó en la memoria un tema que supondría que se llamaba “Ella está pensando”, ya que así comenzaba la letra de un blues-rock duro, que tras preguntarse el intérprete qué era lo que ella pensaba, concluía dándose cuenta que lo que ella quería, era amar. El trío sonaba  muy bien, con ese sonido pesado que caracterizaba a los primeros años setenta, donde Zeppelín y Hendrix eran influencias decisivas.
Gornatti tocaría también con Billy Bond y la pesada, pero se exiliaría en España, donde junto a Miguel Cantilo, y los también ex cofrades Morci Requena, e Isa Portugheis formarían aquel grupo llamado Punch, que se había inclinado por el nuevo sonido new wave. Con Punch retornarían al país allá por los ochenta. 

8.14.2012

Claudio Gabis- El Fin del Romanticismo. (Revista Pelo- 1979)



Claudio Gabis

El Fin del Romanticismo. (Revista Pelo- 1979) 

Por pocos días estuvo en Buenos Aires Claudio Gabis, en una visita familiar que también incluyó las negociaciones para presentar antes de fin de año su banda brasileña, Index. Estos cinco años de residencia en el exterior, que abarcaron estudios musicales en Estados Unidos y conciertos en Europa, dotaron a Gabis de madurez profesional y humana. Este es el racconto de sus experiencias, el reencuentro con viejos compañeros de ruta en Europa, la perspectiva de su música en Brasil, y la posibilidad de tocar en Argentina.

Transcurrieron siete años desde que Manal se disolvió, seis desde La Pesada del Rock y cinco desde su radicación en Brasil. Para Claudio Gabis, como para otros tantos precursores del rock en la Argentina, el tiempo es una contabilidad de vivencias cumplidas, de las que resta el núcleo de una actitud ya despojada de confusión.
Desde la época de La Cueva, entre 1967 y 1968, el Manal donde estaba Gabis participaba, junto a Almendra y Los Gatos, del prestigio de ser uno de los primeros y de los exitosos. Cuando en 1969 se produjo la primera oleada de separaciones, la música y los músicos se eclipsaron. Con pecados y aciertos, La Pesada del Rock —a la que se incorporó Gabis— promovió un nuevo impulso, aunque marcados por el desenfreno. Gabis se fue a Brasil y cambió de música, y el músico creció en conciencia.
El Gabis de hoy, el que estuvo por unos días en Buenos Aires, es el reflejo veraz de ese balance: "Con Javier (Martínez) no nos veíamos desde hace siete años, justo desde que Manal se separó, y nunca se daba la posibilidad de que pudiera viajar a Barcelona. Cuando estuve en Portugal con Index, invitados a participar en el festival de jazz de Cascais, que es el último punto que toca la gira del festival de jazz de Newport en Europa (ahí actuamos junto a Albert King, Nancy Wilson y Dexter Gordon, entre otros), llamé a España para avisarle a Javier que iba. El reencuentro fue el de los viejos amigos, y me alegró verlo bien, activo, haciendo música, componiendo en abundancia, preparándose para mostrar una música rarísima, participando en grupos barceloneses, como Esqueixada Sniff, de alto nivel. En la Argentina se habían corrido muchos rumores tristes sobre él. Yo lo vi y quiero aclarar que está muy bien. No se quiere relacionar con los argentinos que viven allá, porque se han hecho una fama muy dudosa. Cuando llegué a Barcelona, hacía un mes que él estaba tocando en un trío de jazz, Omni Blues, y me integré a ellos. Esa fue la primera vez en mi vida que pude vivir tocando sólo jazz, y me quedé un mes con Javier. La pasamos muy bien. Pero él no quiere volver a la Argentina”.

Manal, La Pesada del Rock

En su momento, La Pesada del Rock se convirtió en una monstruosa organización que manipuló música, músicos, dinero y fama con una subestimación en algunos casos cercana a la anarquía: "Durante dos años, todos los que fuimos de la partida de La Pesada la pasamos muy bien, en muchos niveles. La idea de formar La Pesada fue muy buena y parecida a la de los músicos del sello norteamericano CTI, que consistió en constituir un staff de músicos que aparecían en los discos de los demás o funcionando como banda profesional especializada en rock, aunque también hicimos otra música. Desde el 72 al 73, no hubo un sólo día —y esto no es solamente una expresión exagerada— que no estuviéramos en los estudios de grabación trabajando para compañías discográficas distintas. Eso me llevó a mí y a los demás a una situación económica que yo sólo había conseguido con los shows —y no con los discos— de Manal, con el que solía hacer hasta veinticinco por mes. En la época de La Pesada, tenía coche y una casa en Béccar con 500 metros cuadrados de fondo, donde tenía una sala para ensayar cuando quisiera. Todo eso fue lindo, pero nos llevó al exceso que da la abundancia.
"Claro que en los comienzos con Manal nos embaucaron muchas veces. Por ejemplo, de los dos simples más importantes que tuvo Manal, 'No pibe' y 'Jugo de tomate', nunca cobramos nada de Mandioca. Manal no fue un éxito discográfico, el dinero que hicimos en esa época fue por las actuaciones en público. Ya una vez pedí a la compañía discográfica que tuvimos al final de Manal que nos hiciera las cuentas seriamente. Ahora voy a hacer lo mismo, y a partir de allí, si las hacen mal voy a iniciar un juicio. He llegado a un momento en que me doy cuenta de que de nada vale continuar con el romanticismo aquel, sino que hay que estar bien informado, sobre todo para que no te estafen. Esto no implica que uno se convierta en un ejecutivo. Por mi parte, sigo peleando por lo que decidí ser: músico y no comerciante. Otros músicos de los comienzos del rock estaban decididos a hacer dinero a cualquier precio y con cualquier música: yo preferí seguir con ésta de tratar de ser siempre mejor músico para hacer cada vez mejor música."

Index sube

Hace cinco años Gabis emigró a Brasil. Ese fue el indicio de que pretendía dejar atrás algo más que su país natal. El cambio comenzó a vislumbrarse en sus intenciones, finalmente cumplidas, de estudiar en la Berklee School de Boston, y en su música, que desembocó en el jazz progresivo. Ahora con Index, grupo con el que grabó un álbum ("Fiesta para un nuevo rey") que recibió alentadoras críticas de varios países del mundo, su carrera adoptó un giro hacia el profesionalismo y la investigación: "Lo del jazz no es nuevo en mí. Con Manal teníamos temas definitivamente jazzísticos, como 'Avellaneda blues' o 'Avenida Rivadavia'. El primer álbum estaba dentro de esa tendencia, pero ya en el segundo nos pusimos más rockeros. Con Index ahora las cosas están marchando bien. Hubo un cambio de bajista y ahora está constituido por el líder y tecladista Marcos Resende, José Paulo (guitarra rítmica), Mini Paulo (bajo), Wilson Meireles (batería) y yo en primera guitarra. Nos presentamos en el festival de jazz de San Pablo el año pasado. Después fuimos al festival de jazz de Cascais, auspiciados por la embajada brasileña. Cuando yo regrese, en septiembre más precisamente, vamos a empezar a grabar nuestro segundo álbum para Phonogram, y además ya fuimos invitados a participar en el festival de jazz de Río de Janeiro, que parece que será el mismo de Montreaux, y se hará hacia fin de año. Vamos a hacer en octubre un ciclo de diez días en una sala oficial como parte de una serie de ciclos en los que participará también gente como Gismonti y Hermeto. Después haremos una nueva gira por diez universidades ubicadas en los alrededores de Río. Fuimos invitados al festival de jazz de Edimburgo, Escocia, junto a Gismonti y el Zimbo Trío. Y espero que antes de fin de año podamos arreglar la venida del grupo a la Argentina, que es una de mis ambiciones desde que vivo en Brasil."



La única música nueva.

Transcurrió mucho tiempo desde que el rock del que emergieron Manal y Gabis se caracterizaba por una mezcla de romanticismo, caos y bohemia. La música que se produjo entonces en la actualidad sólo queda como un antecedente nostálgico: "Antes era distinto. Cuando sucedió todo el fenómeno del rock a nivel internacional, el poder de las compañías discográficas no era ni la mitad de lo que es ahora. A fines del '68 todavía eran vulnerables, y el movimiento que surgió en esa época supo captar eso. Hoy sería imposible. El rock aquel está muerto; en la actualidad todo se ha profesionalizado y depurado al mismo ritmo en que lo hizo la industria del disco. Antes de venir a la Argentina estuve leyendo el Jornal do Brasil, un diario muy importante allá, que daba la cifra del 8 por ciento de todo el mercado discográfico norteamericano para el jazz, que es tal vez la única música que continúa investigando. Pero la magia de antes se ha perdido. En Brasil se está produciendo la única música nueva del mundo, porque en el resto de los países siguen estando los mismos de siempre, como ocurre en el rock. Para los músicos de mi generación la cosa es difícil: la opción es dejarse llevar por cómo se maneja la música de consumo masivo o bien hacer la de uno, vivir dando clases y de vez en cuando haciendo conciertos con la música que a nosotros nos interesa. Ese es mi caso y el de Jorge Pinchevsky, con quien me encontré en París. Me comentaba sobre él el principal productor de rock de Francia —que es un tipo de 23 años muy macanudo— que a ningún extranjero se le abrieron las puertas como a Jorge, y él desperdició esas oportunidades. Ahora está dando clases y formando su grupo con algunos argentinos, por ejemplo el saxofonista Rubén Alterio (quien pertenece también a uno de los grupos más extraños y exitosos de Francia, compuesto solamente por cuarenta saxos y un coro), Chipi Lagos y otros. En mi caso, elegí ser músico y no puedo negar que me va bien."

7.26.2012

Los días de Kubero Díaz



Con apenas 15 años Kubero, descubrió a Los Beatles y eso le cambió la cabeza. Al igual que su padre ambos tocaban la guitarra, pero de niño interpretaba folklore. En su ciudad natal: Nogoyá (Entre Ríos) Kubero se acopló junto a Morci Requena, y otros mayores que él, a un primigenio grupo que emulaban a los de la Caverna de Liverpool. Los Grillos tenían todo el sello de la beatlemanía: trajecitos, flequillos, etc. Pero duró poco, ya que tanto Morci como los demás integrantes se vinieron para La Plata a estudiar en la Universidad. Kubero se quedó en Nogoyá, pero en poco tiempo también decidió probar suerte en la ciudad de las diagonales.
En La Plata se radicó en la casa tomada que la comunitaria Cofradía de la Flor Solar tenía, pero Kubero a diferencia del resto no vino a estudiar. En la terraza, tomaba mate y tocaba la guitarra todo el día, y fue ahí donde compuso muchos de los temas que luego la banda emergente de la comunidad realizaría. Luego consiguió trabajar como músico en una boite, cosa que le alivió la situación, ya que como el mismo contó alguna vez, sólo comía pan duro. Por no ser estudiante tampoco podía ir al comedor universitario.
Kubero sería el guitarrista, vocalista y principal compositor de la Cofradía de la Flor Solar, aquella legendaria y mítica agrupación platense enrolada en los sonidos del rock y la psicodelia. 
Luego junto a otros cofrades como Jorge Pinchevsky e Isa Portugheis, formaría parte de la Pesada del Rock, liderada por Billy Bond. Con esta formación grabaría su disco: Kubero y la Pesada en 1973.
Luego el exilio en Ibiza, donde Kubero tocaría junto a Miguel Abuelo, Miguel Cantilo, y otros músicos en variados proyectos.
En 1986 Kubero regresaría al país para ser parte de la última formación de Los Abuelos de la Nada, y su amigo Miguel, le dedicaría el tema: Los días de Kubero Díaz, donde entre otras cosas Abuelo decía: “Mi entrerrianito, luz, cruz en vida. Largá un poquito de melodía”

5.29.2012

Coleccionistas de discos de rock


Después de más de 40 años volví a ver Vargtimmen (La hora del lobo), una película de excepción del notable cineasta sueco Ingmar Bergman. Una verdadera obra de culto, que en aquel tiempo pude verla en el viejo cine Cervantes, de la calle 51 e/11 y 12. Viene a cuento porque fuimos junto a un compañero del Colegio Nacional, Fernando San Andrés quien además de saber mucho sobre cine y literatura, era un gran coleccionista de discos de rock. Gracias a él con apenas 14 años uno ya conocía bandas inglesas desconocidas, como The Dave Clark Five o bandas suecas como Ola & The Janglers. Aún no había desembarcado por esta parte del planeta ni el hard rock, ni el rock progresivo, que serían las marcas ineludibles de los primeros años setenta.
Desde una visión estrictamente reducida podría verse al fenómeno del rock solamente como un simple género musical, pero en aquel tiempo iba de la mano de diversas expresiones estéticas de vanguardia, y ser un adicto a esa nueva cultura emergente implicaba no solamente tocar un instrumento, sino ser parte de otras formas, tales como escribir en ciertas publicaciones underground, organizar recitales, y sobre todo coleccionar discos, que luego se intercambiaban con los pares, ya que uno solo no podía tener todo, y ya era cada vez más lo que había para escuchar. Un precursor como Carlos Mariño organizaba reuniones para deleitarse con discos importados, los cuales eran bastante difíciles conseguir, y de esta forma se podía escuchar los largas duración de Procol Harum o la primigenia discografía de Deep Purple.
Cuando comienzan las revistas especializadas como Pinup o Pelo, uno iba a descubrir una cantidad de grupos extranjeros que por acá ni siquiera habían sido nombrados.
El que escribe también fue un coleccionista, y de esos que por largas horas se ponían a buscar en la disquería. Debiera haber sido por el ’71 cuando en un negocio próximo a la estación de trenes apareció un LP de Eric Burdon & The Animals grabado en vivo en 1965, una verdadera joya que estaba en oferta. Sin dudar un segundo la obra fue comprada, y presta para ser compartida. Todo esto también era parte de la cultura del rock. 

4.25.2012

El Zapa Trío

La zapada era esa reunión donde varios músicos de rock, podían improvisar con sus instrumentos, en busca de experimentación y tal vez de nuevas melodías. Es casi probable que la etimología del término aluda a la zapa, esa herramienta de campo, que rompe la tierra para amasar algo nuevo, como también puede ser que algo tenga que ver con el eximio rocker estadounidense Frank Zappa. Lo cierto es que la zapada formó parte integral del inicio de la cultura del rock.



En Berisso allá por el ’70, se formó el Zapa Trío, integrado por “Memo” Manso en guitarra, Edu Manso en bajo, y el “Bochi” Antonelli en batería. La idea era en primer lugar la búsqueda y la experimentación en un marco de libertad, no homologable al caos. Las influencias eran fundamentales, lo que ellos escuchaban asiduamente: Led Zeppelin, Jimi Hendrix, Frank Zappa, Deep Purple. Por otro lado tener conciencia de los límites que implicaba hacer este tipo de música en el Río de la Plata: saber que los equipos y los instrumentos nunca iban a poder estar a la altura de lo que se jugaba en la Europa de entonces. El desafío era hacer “con lo que hay” lo más digno posible, y con marcas bien locales.
La presentación inaugural fue en el Cine Teatro Victoria de Berisso el 25 de noviembre de 1970, ante una nutrida concurrencia, esos que ya nos movilizábamos para ver bandas de rock y coleccionar vinilos, y que sobre ese interés común comenzábamos a encontrarnos seguido.
Los hermanos Manso, luego formarían parte del Sol de Barro, y hasta hoy están ligados a la música, mientras que el Bochi Antonelli, hoy es uno de los más reconocidos ingenieros de sonido de la región.

4.24.2012

La vida es una herida absurda, y es todo tan fugaz… Pinchevsky y el tango

De Pinchevsky es conocido su ingreso mítico al rock, allí en los inicios de los ’70, formando parte de la Cofradía. Todas las historiografías y relatos aluden a su anterior faceta como músico clásico: Conservatorio, Orquestas Sinfónica, Municipal y de Cámara de la Universidad Nacional de La Plata, pero poco conocida es su incursión en el tango desde su edad adolescente. Pin con catorce años ya recorría con una orquesta típica, los clubes de barrio de La Plata, Berisso y Ensenada durante los bailes de carnaval. El compás del 2 por 4, no fue algo transitorio, ni un accidente, sino una marca que el violinista le dio a toda su obra, no solamente por sus melodías, también fue un compadrito del rock, un “Pollo Ricardo” de la psicodelia.


En su obra hay algunos pasajes muy bien definidos: en Europa integrando Gong, esa increíble banda de jazz rock progresivo, en el disco Shamal de 1976, se puede escuchar una composición llamada Cat in Clark Shoes, un tema que arranca con una impronta bien jazzistica, y que en un punto se transforma en un tango bien canyengue, donde por lo bajo se escucha recitar al violinista: el gato en los zapatos de Clark, era el gato del arrabal que vio llegar a la morocha por el empedrado.
Allá por el ’95 cuando grabó su “Pinchevsky con la Samovar Big Bang", hay dos temas: Adiós Nonino de Piazzolla, y una versión tanguera del estándar de jazz:   "Goodbye Pork Pie Hat " de Charles Mingus y que luego fuera rebautizado como "Theme for Lester Young", y que para la versión pinchevskiana podría haber sido el Tema para el “Polaco” Goyeneche, tan es así que Pin recita ahí La última curda de Troilo y Cátulo Castillo, aludiendo al cantante.
Tuve la oportunidad de presenciar algún tiempo antes de su inesperada partida, un espectáculo propiamente de tango hecho por él solo. A media luz, haciendo frasear un nostálgico violín y recitando, uno de sus fuertes, Pin hizo bailar a las parejas presentes. El comandante fue sin dudas un rocker del arrabal.

4.11.2012

Saludo intergaláctico


Corrían los primeros días de marzo de 2002. Hacía poco más de una semana que con varios amigos y vecinos, habíamos recuperado un viejo club barrial de Berisso, para ponerlo en marcha como un espacio abierto, con un fin principalmente cultural. Había muchas ideas dando vuelta y con un lugar como ese era posible llevarlas adelante, y eso es lo que en el “Honor y Patria” fundado en agosto del ‘45 se sigue haciendo hasta la actualidad.

Por aquellos días se acercó Nancy Geymonat, con la intención de realizar algunos talleres en el club, entre ellos: artesanías y velas. Nancy me comentó que su compañero seguramente se interesaría en hacer muchas cosas en el lugar, y cuando le pregunté quién era, me respondió: Jorge Pinchevsky. Ni le pregunté qué quería hacer, sino que desde ya podía hacerlo. Nancy me respondió que Pin nos esperaba en su programa de radio por FM Difusión, al otro día, y ahí fui lleno de entusiasmo. Caminando hacia la emisora recordaba a aquel violinista de la Cofradía y de la Pesada de Billy Bond, a quien había visto y escuchado allá por los primeros ’70, incontables veces.

En la radio, Pin me dijo hablemos al aire, y que ahí le cuente la idea y el proyecto que teníamos. Eran esos raptos horizontalistas de un viejo anarco hippie formado en la contracultura, y como esa onda me iba, aunque no fuera idéntica a la mía, acepté el juego. Luego de relatarle lo que ya estábamos haciendo, y responderle algunas preguntas, Pin se comprometió al aire, en participar de la movida del club.

Al otro día junto a Nancy se arrimaron, y les presenté a otros de los integrantes. Allí el violinista, agasajó a todos con su saludo intergaláctico, que consistía en dar la mano de una forma diferente, incluyéndonos de hecho en su constelación. El comandante intergaláctico ya era parte también del proyecto.

Comenzó a dar clases de violín, guitarra, bajo y canto. La mayoría de los pibes del barrio se sumaron a sus talleres, y ya proyectaban grandes bandas de rock.

Recuerdo que en su primera clase enseñaba a interpretar con la guitarra aquel legendario tema de Tanguito: Amor de Primavera, una muy bella composición realizada en dos tonos. Pin no solamente enseñaba música, sino que también les hablaba a los pibes sobre la cultura del rock, y eso era un plus que hacía diferencia.

Se nos ocurrió realizar todos los viernes por la noche, un ciclo de charlas sobre la historia del rock argentino. Ahí Pin contaba historias de los primeros tiempos, pasaba música y también tocaba el violín. Lamentablemente no hay registros de todo aquello, ya que hoy sería un material impagable. Pin tampoco tenía precio, aunque por aquellos tiempos viviera con mucho menos de lo justo, aislado en Berisso, de un movimiento que tras casi cuarenta años de existencia por aquel entonces, no pudo dejar de reconocerlo tras su inesperada partida.

Para nosotros era un genio al alcance de la mano, en la cotidianeidad, y como tampoco contábamos con recursos, ya que lo nuestro era a puro pulmón, siempre nos quedó alguna deuda pendiente, más en lo simbólico que en lo económico propiamente dicho. El club era propiamente autónomo, no dependíamos de nadie, cosa que nos acercaba más a los grupos piqueteros de entonces que a cualquier gestión estatal. Este espíritu también lo atraía más al comandante, y cuando le hablaba a gente que se acercaba les decía que estábamos construyendo poder popular, y relataba cuando con los demás integrantes de la pesada del rock, asiduamente concurrían a la parroquia del Padre Mugica en la Villa 31, y se ponían a zapar.

3.20.2012

“Búsqueda” progresiva y sinfónica, allá por el ‘78 en La Plata


Si bien en la primer mitad de la década del ’70, las principales influencias para las bandas locales fueron el hard rock de Zeppelin, Deep Purple o Black Sabbath, para la segunda mitad, la llegada al país del rock progresivo y sinfónico fue decisiva para la conformación de no pocas agrupaciones. Fue así que Yes, Genesis o King Crimson se convirtieron en referentes ineludibles, y La Plata no fue una excepción al respecto.

Casi olvidada, Búsqueda fue una banda extremadamente singular, que llegó a grabar su único disco en el ’78 para el sello CBS Columbia, bajo la dirección artística de Carlos Dattoli.

Integrada por Jorge Fernández Molina, su idicutible líder, en guitarra, mellotron, piano, órgano y voz, Alfredo Muñoz en bajo, Tomás Loidi, en guitarra acústica y voz, Daniel Carrizo en batería, y el “Conejo” Ricardo Renaldi en sintetizadores, Búsqueda dejaría plasmada una muy bella placa, donde alrededor de hermosas baladas, desplegaban todo su arsenal progresivo y sinfónico. Para los críticos de entonces pareció que lo que más importaba era lo pobre de la tapa del LP, y no la aceitada y exquisita confección de sus producciones. Cabe resaltar que hay un tema en el disco que sale de lo común, y es “Muñeco a cuerda”, que además de ser bastante corto, no llega al minuto, es interpretado por Adrián Mercado, guitarrista invitado para tal fin, y a la vez hijo del gran guitarrista platense Domingo Mercado.

Si bien el grupo no volvió a grabar otro larga duración, ellos siguieron por algún tiempo más con algunos cambios en su formación. El bajista Néstor Madrid, quien había sido integrante de Senda y Los Redonditos de Ricota, reemplazaría a Alfredo Muñoz, Guillermo “Memo” Manso que venía de Sol de Barro, se incorporaría como primera guitarra, complementando a Tomi Loidi, mientras que Fernández Molina se abocaría estrictamente a los teclados, ante el alejamiento del Conejo Renaldi.

El grupo descollaba por su tono baladístico con arreglos propios del rock progresivo y sinfónico, pero en sus actuaciones en vivo, cuando llegaba la hora de la zapada, emergía todo lo poderoso de una banda de rock, donde en su base, el hard también era parte de sus influencias.

2.29.2012

Sol de Barro- Rock experimental desde Berisso

“Venimos del barro pero vamos al Sol” o “Necesitamos hacer un Sol del barro” son aproximaciones al nombre de aquella primigenia banda de rock experimental surgida en Berisso por los años setenta. Así lo expresaba Guillermo Manso, “Memo”, cuando me comentaba el origen del grupo. Una aspiración hacia la perfección, y una visión diferente a la que imponía o sigue imponiendo el “caretaje” y la mediocridad.

El 25 de noviembre de 1970 debutaba en el Cine Victoria de Berisso, el Zappa Trío, integrado por Memo en guitarra, Eduardo Manso en bajo y el “Bochi” Antonelli en batería, este último hoy muy reconocido por su labor como sonidista. Ellos hacían free rock, de igual forma como existía el free jazz, el trío metía una pequeña base, para luego imbuirse en la improvisación.

No duró demasiado este trío y Memo constituiría al poco tiempo Sol de Barro, junto a “Saturno” Distéfano en bajo y “Caíto” Geréz en batería. Desde sus inicios las influencias musicales del grupo fueron las mejores: Emerson, Lake & Palmer; Yes; Genesis; Mahavishnu Orchestra. Sus temas fueron siempre instrumentales: “Con la música era suficiente para la expresión”, ésta debía crear cierto clima y la vez hacer compatibles los distintos procesos internos de los músicos como de sus espectadores.

La primera presentación fue en Paxas, un sótano ubicado en 51 entre 10 y 11. Allí compartieron escenario junto a la Cofradía de la Flor Solar, e inmediatamente se presentaron en el programa radial “Persuasivo” conducido por Carlos Mariño, que se emitía por LS11 Radio Provincia. Sol de Barro así comenzaba a rodar todo su rock experimental en la región, e incluso ensayaban en el Pasaje Rodrigo, junto a las proto Redonditos de Ricota, y la banda de jazz rock latino que llevaba el nombre de Salsa Caliente.

Luego el grupo fue experimentando algunos cambios en su formación, Eduardo Manso reemplazó a Satur en el bajo, y también se incorporó otro bajista que hacía de suplente que era Román Báez. Por problemas de estudio, Caíto era suplido a veces por Néstor Gómez “Bujía” en la bata, hoy trabajando como músico en Marbella. Se incorporó Luis Santucci en la ejecución de flauta y violín. Eduardo Manso refiriéndose a la experiencia de Sol de Barro, comentaba que una gran falencia siempre fue la ausencia de un tecladista estable, y mucho más por las influencias del grupo. Fue así que por poco tiempo pasó por el grupo Dante Anzolini, quien hoy es un eximio director de orquesta sinfónica y que en la actualidad es el primer director invitado de la Opera de Linz (Austria). En su lugar se incorporó luego Eduardo Dragowsky.

Sol de Barro fue uno de los grupos estables que hacían su presentación en los Lozanazos, muy conocidos por ser donde debutaran Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Era costumbre que el agrupamiento de Berisso fuera el que cerrara cualquier recital en el Lozano, y la razón principal era que ellos aparecían como los con más ensayo para hacerlo.

Ya en tiempos difíciles por el hecho de la represión Sol de Barro, se iban a presentar en el mismo teatro en un espectáculo de música y poesía junto a Hamlet Lima Quintana y Armando Tejada Gómez, pero la policía desbarató el evento, que había sido ideado por Carlos Mariño. En compensación luego realizaron otro similar con cómicos de la época como Juan Carlos Mezza, Néstor Basurto y Mario Clavel, que no resultaba tan peligroso como el anterior.

De esta forma Sol de Barro desplegaba fundamentalmente sus actuaciones en el Lozano, sin poder llegar a grabar. El grupo prosiguió hasta casi los ochenta, para luego dispersarse, mientras que algunos de sus integrantes emigraron hacia Europa.

Los hermanos Manso cuentan que la inspiración ya se respiraba en su hogar. Memo recuerda que su padre el actor Víctor Manso, se reunía con otros pares a repasar textos, entre quienes estaban Federico Luppi, Lito Cruz y Gustavo Zuleta. Y por otra parte la madre de Memo y Eduardo, Dora Roldán es una reconocida cantante de tango siempre ligada al mundo de la cultura.

12.01.2011

Carlitos Mariño, entre Persuasivo y Patricio Rey. Pasado y presente del rock platense


Carlitos todavía no había hecho la colimba, tenía apenas 18 años, cuando encontró el momento justo para hacer lo que nadie aún documentó, ni patentó. Persuasivo fue el primer programa radial de rock de toda la América Indiolatina, allá por el año ´67, y la emisora fue LS11 Radio Provincia. A pesar de la dictadura iniciada en 1966, la ciudad de La Plata ya comenzaba a generar mucho sedimento contracultural, del cual uno se siente parte, pero sabiendo que indudablemente existían los pioneros y los adelantados, que aún siendo muy jóvenes ya encendían la mecha de los que algunos años después fue una movida extremadamente “grossa”, tanto en lo político como en lo cultural.
Hijo de un dibujante gráfico, Carlitos desde pequeño recibió toda una impronta, que cuando comenzaron a arribar a este margen de la ribera rioplatense, las primeras producciones del rock, para él ello no fue indiferente, y quiso propagarlo a través del sonido radial, y fue ahí donde Persuasivo tomó forma.
Discos inéditos de Deep Purple o de Procol Harum, se escuchaban al aire pero también presentaciones de grupos de la región, que tocaban en vivo en los estudios.
Pero como diría Carlitos Mariño, en aquel tiempo hablábamos de la cultura pop, esa que no reducía la expresión artística a un solo ámbito, sino que la cosa era llegar con ello en diferentes planos a distintos sitios. En 1972, junto a su colega Edgardo Rassio organizan el 1er Festival Persuasivo de la Música Progresiva, en el teatro Martín Fierro, ubicado en los márgenes del lago del bosque platense, y también organizar en algunos lugares, sesiones gratuitas para escuchar música.
Carlitos era, aún lo sigue siendo alguien sumamente multifacético, locutor de radio, productor y operador, fotógrafo, camarógrafo, sonidista, organizador de eventos y a la vez alguien comprometido con lo social. Fue alguien que militó en los últimos tiempos, con gran fuerza la aprobación de la Ley de Medios. De él se pueden escuchar anécdotas diversas, como cuando siendo allá por los setenta, camarógrafo de Canal 2, le ajustó el sonido a José Feliciano, quien le contará su pasión por el rock latino que hacían Carlos Santana, y su hermano Jorge en el grupo Malo, con quienes Feliciano se juntaba a tocar informalmente; o también de Carlitos se puede escuchar cuando, tuvo que exprimir relaciones, para sacarlos de la comisaría a varios integrantes de la Pesada de Billy Bond para que puedan tocar en Atenas, en un recital que tenía fecha y que había sido organizado por él. La tía de Carlitos era una madama que tenía un cabaret en 1 y 62, y su amante era un uniformado de peso, que le hizo la pata para sacarlos del calabozo. Probablemente el famoso Puticlub, haya sido aquel cabaret, donde un día a la semana se hacía rocanrol, donde tocaban según Carlos, músicos tránsfugas como Migoya y Madrid que venían de Senda y luego fueron parte ocasional de los Redondos, o el Topo Rodríguez de Idea de Ensenada.
En el ´73 comenzarían organizados por Mariño, los recitales del Lozano, verdaderos íconos del under platense, y fue unos tres años después que en ese lugar tocarían por primera vez Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, como teloneros del berissense trío Sol de Barro, donde militaban los hermanos Memo y Eduardo Manso.
Cuando los Redondos en 1978 viajan a Salta, para hacer aquella histórica presentación el bar El Polaco, Carlitos sería el sonidista, y casi alma mater del grupo, que perdió desgraciadamente en la vuelta a quien fuera su primera guitarra de entonces, Ricardo Meyer, y que uno puede escuchar en la grabación que anda circulando por la red, fraseando con la viola, un tremendo riff en Maldición va ser un día hermoso.
Mariño posteriormente, en tiempos más difíciles, se replegó en pequeños antros como el que tenía en Berisso a una cuadra de Montevideo y 13, para el lado del monte, donde funcionaba el Club Victoria y posteriormente Candombe en 6, muy cerca de Plaza Italia. Cuando en 1982 muchos músicos de rock acceden a ser partícipes de aquel gran festival por Malvinas, Carlitos creyó que esa era la muerte del rock, y en Candombe se celebró el velatorio, metiéndose el mismo dentro de un sarcófago.
Este legendario personaje de la escena del rock platense, no es alguien que se quede dormido, hace vida de topos, y en cualquier momento irrumpe, aunque nunca deje de lado sus grandes pasiones como son el rock y la radio.

11.29.2011

Don Cornelio y la Zona

Una vitrola agogó, tocando y tocando, pozo guerrillero irascible, bombardeando bombardeando. 

Eran mediados de los ochenta y tal vez lo que alguna vez se había llamado rock, ya no era igual, no era lo mismo, casi no quedaban rastros contraculturales y lo underground parecía haber descendido muchos más metros debajo de la superficie, de lo que hubiera sido normal. La banda de Don Cornelio por ese tiempo entraba en la Zona. 

En la Maniac Mansion, el meteorito púrpura se estrella en tierra y con malvada inteligencia es capaz de hipnotizar a los personajes, pero también de destruir la lúgubre casona. La Zona (Stalker) es un sitio posapocalíptico donde un meteorito había arrasado lo que quedaba de una civilización extraterrestre, y donde un cerco militar impedía la entrada de cualquier visitante, ya que quien ahí entraba no salía más, y tal vez porque la Zona, tenía la capacidad de hacer cumplir los más oscuros deseos de quien allí incursionara. Don Cornelio entró en la Zona, con un rock de estilo grunge muy marcado, y diferenciado de lo complaciente de la música de los ochenta. 

Lugarteniente cabizbajo, doctor en medicinas, experimentando cuerpos, comidos por escarabajos, un anaquel con escalpelos sin sangre, y dentaduras postizas arriba: tazas de te chino, una azucarera misionera, un pericuerpo de luz, es el cuadro de coruro, que murió duro y no pudo evitar el pavor. 

La metáfora de Don Cornelio examinando el pozo guerrillero, y bombardeado, era realmente significativa, y tal vez escalofriante. Una vitrola agogó, tocando y tocando, pozo guerrillero irascible, bombardeando bombardeando.