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12.08.2020

Underground, ayer y hoy


 Durante el siglo pasado, diferentes camadas de jóvenes formados en la contracultura, la protesta social y la revuelta política encontraron en esa modalidad llamada underground, su principal modo de expresión. Hoy, la utilización masiva de internet, no hizo desaparecer todas las expresiones nombradas, sino que funcionando como una gran aspiradora, ubico todo en un nuevo soporte.

Sin la más mínima intención de realizar una apología generacional, es inobjetable que entre mediados de los 60 y pasada media década del 70, se produjo en el mundo, un cuestionamiento global a la sociedad existente, como tal vez no se hizo en ningún otro tiempo. Lo más interesante es que ello fue llevado adelante por los jóvenes de entonces casi sin mediaciones. No era algo que se heredaba sino la irrupción de lo nuevo. En muy pocos casos se podría decir que los padres de aquellos jóvenes estaban de acuerdo con las actividades de sus hijos. Era un tiempo de ruptura en la que las relaciones familiares se tensaban en su aspecto generacional.

Era el tiempo en el que el pelo largo o la barba eran vistos tanto con desprecio como peligrosidad. Gran parte de los jóvenes “sin la gomina, ni la oficina” –como rezaba aquella canción del dúo Pedro y Pablo- emprendían un nuevo rumbo. Esta pequeña introducción sobre un tiempo aún poco estudiado, fundamentalmente en su aspecto cultural e ideológico, sirve para adentrarse en lo que por entonces se llamaba underground o subterráneo, y que prosiguió de diferentes modos hasta la actualidad.  Imposible llevar adelante una apología generacional, cuando también hubo jóvenes que sí usaban “gomina” -metafóricamente hablando-, como muchos otros que comprometidos en su tiempo, luego renegaron de todo y también aquellos que al igual que el personaje de Guillermo Francella se quedaron en ese tiempo, vestidos de blanco y negro, sin incorporar todo lo nuevo que fue emergiendo.

Las diferentes camadas de jóvenes formados en la contracultura, la protesta social y la revuelta política encontraron en esa modalidad llamada underground, su principal modo de expresión. Una cultura que intentaba escindirse de la masividad generada por la televisión y los otros medios de ese tiempo. Si bien en su gran mayoría las diferentes vetas artísticas y estéticas no pretendían salir de ese plano, ya que a sus creaciones las consideraban a un nivel que no debiera contaminarse con lo masivo; se puede decir que eso podía ser lo reverso en lo concerniente a las vanguardias políticas que sí pretendían y también necesitaban alcanzar la atracción de las masas. 

Una manifestación musical como fue Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota que naciera en ámbitos casi reducidos y que lograra una masividad considerable, sin perder su espíritu contracultural, es un fenómeno bastante interesante que como experiencia incluso podría servir a las expresiones políticas de izquierda, para exceder el rango de elite. Considerando las obvias diferencias.  

Si bien la irrupción de lo subterráneo se pudo percibir durante los sesenta, resulta un antecedente considerable el surgimiento de la Generación Beat tras la posguerra, en los años 50. De todos modos las condiciones materiales para que exista lo under ya comenzaron a darse con el surgimiento de las grandes ciudades y principalmente con la irrupción de la sociedad de masas, propia a la existencia de medios de información y reproducción ampliada del quehacer cotidiano. Lo under vendría a ser ese recoveco en donde se puede reproducir todo ese inconformismo y desencanto que genera la sociedad de masas.

Con la irrupción generalizada en los 80 tanto del Pop como de la cultura mainstream, convencional, no son pocos los que intentaron mostrar que el underground había sido completamente sepultado bajo tierra y que ya ni siquiera tendría la posibilidad de retornar como aquel Viejo Topo del que hablara Karl Marx en El 18 Brumario de Luis Bonaparte.  

Lo cierto sí es que entre el tiempo señalado (Los 60-70) a la actualidad es posible rastrear diversas modalidades de expresión y comunicación que se fueron dando hasta la irrupción del uso masivo de internet, y que hoy también tienen cabida en esa imponente red de conexión. Describir o señalar todo eso tal vez sea una labor bastante ardua, y por tal motivo nos referiremos sólo a algunos casos significativos. Un término que comenzó a utilizarse durante los 80 para nombrar o asociar al espacio del que se viene hablando, fue también el de lo alternativo.

Desde inicios de los 80 se produjo la propagación de las radios de Frecuencia Modulada, las FM, que con bajo costo y llegando a un radio geográfico reducido de oyentes, lograban introducir temas propios a esa zona, o ser difusoras de música que no se escuchaba en las radios AM. Nacidas bajo la impronta de las radios piratas, poco a poco fueron sucumbiendo no sólo por dificultades económicas, sino porque las grandes emisoras de Amplitud Modulada fueron creando sus propias FM con recursos y tecnología imposibles de equiparar e incluso con una amplitud de llegada comparable a las AM.

Un fenómeno bastante interesante, surgido con el retorno de la democracia en el 1983, fue la aparición de diversas revistas y publicaciones de circulación alternativa. En estos medios impresos era posible leer a poetas desconocidos, encontrar entrevistas  a artistas e intelectuales de los que ningún medio masivo podría interesarse. Ahí podía encontrarse información sobre determinadas actividades, como el Teatro Independiente, talleres literarios o grupos de estudio tanto de filosofía como de psicoanálisis lacaniano (que por entonces no se había pasado al mainstream). Estas publicaciones se vendían mano a mano, en las mesas de diferentes agrupaciones estudiantiles y principalmente en eventos como podría ser un recital, una marcha o cualquier encuentro cultural. Tanto las FM como las publicaciones alternativas, tuvieron gran incidencia hasta los primeros años de este siglo.

Algo sumamente de interés fue, en 2001, la irrupción de diversos centros culturales surgidos en espacios recuperados, ya sea viejas fábricas o casas abandonadas o clubes de barrio en los que ya no había casi actividad. Se dio esto bajo una oleada popular que propiciaba la recuperación del espacio público, entre ellos construir plazas o parques o incluso huertas colectivas en lugares como ser vías por las que ya no pasaba ningún ferrocarril. Esos centros culturales cobijaban, entre otras cosas; a músicos, artesanos, actores, poetas que brindaban talleres o realizaban actividades públicas. La aparición masiva de las murgas se fue dando en este contexto.

La utilización masiva de internet, no hizo desaparecer todas las expresiones nombradas, sino que funcionando como una gran aspiradora, ubico todo en un nuevo soporte. Esta acción se produjo duplicando la realidad, haciendo que la denominada virtual, pasara paulatinamente a ser preponderante. Hoy se puede ver que el tradicional diario de papel, va quedando relegado a partir de que el mismo contenido es posible encontrarlo en la red. De todas formas el uso indiscriminado de internet provoca más allá de la supuesta hiperconexión, un estatus certero de desmovilización en cuanto a la relación efectiva entre los cuerpos.

Si bien Internet comenzó a utilizarse de forma domiciliaria promediando los 90, recién con la aparición de la Banda Ancha desde los primeros años de este siglo, fue cuando comenzó su irrupción masiva. El uso particular implicaba que el usuario conectara su computadora a la línea de teléfono con una velocidad de conexión muy baja. La Banda Ancha por su parte es una conexión propia de mucha mayor celeridad. Desde su aparición produjo el surgimiento casi masivo de los cibercafés que se extendió hasta aproximadamente el 2007- 2008, cuando la mayoría de la población pudo acceder a su conexión casera.

Con internet se comenzó a dar el hecho de que muchas de las viejas expresiones subterráneas volvieran a cobrar vida de otra forma. Desde ese tiempo hasta la actualidad, transcurridas poco menos de dos décadas hay cosas que fueron cambiando sustancialmente. La proliferación de los llamados algoritmos y el condicionamiento que fueron generando los buscadores hizo que hoy la vida en la red ya no sea igual, y que la variedad de expresiones contraculturales ya no tengan las mismas licencias, con las que se contaba en ese tiempo.

En una próxima nota, que será la continuación de ésta, nos referiremos a esas diversas expresiones se lo under que fueron cobrando vida con la utilización masiva de internet. 

11.04.2020

Los ’80: música y neoliberalismo- Tocando al compás del capital

Si las décadas de los 60 y los 70 quedaron grabadas en la historia como tiempos de profundos cambios en todos los terrenos, en los 80 la música,  que había revolucionado esos años, empezó tocar otro ritmo.

Transcurría el año 1984. "Owner of a Lonely Heart" de la banda británica Yes era uno de los temas más escuchados. Por entonces un éxito discográfico. En cualquier televisor encendido podía verse el videoclip o también oírlo en alguna estación radial de las novedosas FM (Radios de Frecuencia Modulada). No está de más recordar que desde el 1º de Mayo de 1980 existía oficialmente en la Argentina la TV en color. Era un tiempo en el cual -a partir del regreso de la democracia- se declamaba que todo lo valioso de la década precedente debía retornar: la música de rock o las ideas de izquierda. Pero todo lo que volvía ya no era igual. Algo había cambiado.

Yes fue conformado en 1968 en Londres. Desde sus inicios la agrupación comenzó a desarrollar un sonido característico de rock con fusiones de jazz. Es de destacar que con la llegada en 1972 del tecladista Rick Wakeman la banda lograría un sonido muy particular que alinearía al grupo junto a otros grandes exponentes del rock progresivo y sinfónico de entonces: Pink Floyd; Genesis; King Crimson; Emerson, Lake & Palmer. Wakeman había sido un pianista de música clásica que pasó a utilizar una multitud de teclados electrónicos de última generación. Con Yes incorporarían a las grabaciones a una orquesta sinfónica y un coro. Eran los tiempos de búsquedas sofisticadas y la creación de obras conceptuales. En 1972 lanzarían el álbum Close to the Edge inspirado en el Siddhartha de Herman Hesse. Un año después tendría lugar Tales from Topographic Oceans, obra también conceptual escrita por Jon Anderson y Steve Howe. El clásico sonido progresivo de Yes llegaría hasta 1979. A partir de ahí la banda quedaría casi desarticulada y algunos de sus miembros propusieron tomarse un descanso. Wakeman y Anderson por ese entonces se inclinarían hacia la música étnica y New Age.

En 1982 los sobrevivientes de Yes alinearon al guitarrista sudafricano Trevor Rabin y allí comenzaba la nueva versión de la banda. Rabin lejos de provenir de la tradición progresiva era un virtuoso guitarrista que cultivaba el hard rock, el pop y el techno rock con lo que Yes adquiriría un sonido mucho más comercial y con llegada a un público masivo.  En octubre de 1983 la nueva formación grabaría el álbum que llevaría como nombre 90125 en alusión al número de catálogo de elepés en el registro del sello Atlantic Records. El tema Owner of a Lonely Heart llegó a ubicarse por varias semanas en el número uno de los rankings de popularidad. Por su parte el tema instrumental Cinema le permitiría al grupo recibir en 1984 el Premio Grammy que sería el único alcanzado por Yes a lo largo de toda su historia. En febrero de 1985 la banda se presentaría en la Argentina en un colmado estadio de Vélez Sarsfield.

El pasaje de un estilo sofisticado y de búsquedas a otro de tipo más bien comercial no fue una exclusividad de Yes. Hubo otros grupos como Genesis, Supertramp o Fleetwood Mac sólo por nombrar algunos que hicieron el mismo camino. Si bien es factible realizar una crítica al cambio de estilo hay que señalar que la calidad instrumental de esas bandas resultaba superlativa. Mientras en Europa se imponía un tipo de música pop rock en donde emergían bandas como The Police, U2,  Depeche Mode, Queen; en los Estados Unidos reinaba la música disco heredera del soul y el rhythm & blues. Michael Jackson era su principal exponente. La conversión al mainstream y la música pop debe entenderse como resultado de un vertiginoso cambio de época no siempre perceptible.  

Las décadas del 60 y 70 son valoradas como tiempos de cambio, de revuelta y contracultura. Sobre ello se ha escrito mucho y se sigue escribiendo. Es una necesidad hacerlo. Los 90 son considerados como la etapa en la cual se impondría el neoliberalismo y el pensamiento único heredero del proclamado fin de la historia. Por su parte los años 80 pareciera que no tuvieran grandes hitos para resaltar. Fue una década casi sin épica, una vuelta al sentido común más rutinario.  Sin embargo los 80 representan un tiempo refundacional del capitalismo global. Nada de lo que hoy ocurre podría entenderse sin saber mínimamente qué representó dicho período. Si en los 90 el neoliberalismo se hace perceptible es porque sus cimientos fueron realizados un tiempo atrás. Lo social, lo económico y lo cultural se transformarían sustancialmente. Los cambios en las disciplinas artísticas responden a ese proceso, se enmarcan en él. Se produce el fin de la sociedad de masas. Se comienza a constituir lo social como el entramado complejo de círculos íntimos con lo que devienen las mayorías silenciosas.

Si bien el fenómeno mainstream es posible a partir de una difusión extremadamente masiva en la que sus instrumentos comunicacionales se revolucionarizan permanentemente cabe destacar que no apuntan a conformar  colectivos sociales sino a desmantelarlos construyendo una cultura del hedonismo individualista en la que priman los círculos reducidos, los espacios de privacidad y el resguardo de la multitud.

El fenómeno de la discoteca

Si bien los locales a los que los jóvenes acudían para bailar música grabada tuvieron sus inicios promediando la década del 70, los mismos fueron lugares predominantes en los 80. En la Argentina los denominados boliches bailables desplazarían a los bailes populares a partir de 1976. Vuelta la democracia no habría cambios al respecto. Los lugares cerrados no sólo seguirían sino que se tornarían mucho más sofisticados.

En 1977 se crearía en Manhattan (EEUU) la célebre discoteca Studio 54. Allí se daban cita personajes famosos como Andy Warhol, Mick Jagger, Salvador Dalí, Liza Minelli, Cher, Woody Allen y Frank Sinatra. El rasgo particular de Studio 54 era que el ingreso al lugar no estaba asegurado. La gran afluencia de jóvenes podía verse en las puertas del lugar intentando ser aceptados para ingresar. Se imponía el derecho de admisión. Si bien las discotecas eran masivas, el fenómeno de las luces y la intensidad del sonido propiciaban una cierta imagen de aislamiento. El resto podía ser visto como un decorado necesario. Por esta razón se señalaba por entonces que si un grupo de amigos quería festejar como en su casa debía hacerlo en la disco.  La arquitectura de las grandes discotecas ofrecía diferentes pistas de baile y lugares reservados que sujetos a las sofisticadas iluminaciones propiciaban la ilusión de estar en un lugar no público. La música que emergía en los 80 debía adaptarse a estos nuevos lugares en los que lo social sería desplazado por una perspectiva íntima y privada. Es interesante rastrear estas características en el cine de la época. Esto se potenciaría en los 90 y hasta hoy mantiene vigencia.

2.16.2010

Cultura pop y cultura rock

Pareciera que con el transcurso de los años, hubiera términos que cambian de sentido. Hoy hablar del pop, para un rockero suena de alguna forma, bastante peyorativo, pero esto no era así en la década del sesenta. Es verdad que hasta aquí hemos hablado de la cultura rock como un movimiento contracultural que cuestionaba muchos de los cimientos del sistema, pero no habíamos ahondado en el impacto de la cultura pop como emergente principal sin el cual la anterior no hubiera sido posible. Vamos a hacer una salvedad necesaria y enunciar que lo que se denominaba cultura pop en verdad no tenía nada que ver con lo que hoy se denomina así, es decir que el pop no era el mainstream. En aquel tiempo no hablábamos de este último sino de lo comercial y lo complaciente, pero esto no era equiparable a lo que se denominaba pop. Las concepciones culturales nunca son ajenas a los contextos sociopolíticos. Esto pareciera una obviedad pero vale la pena subrayarlo. El cuestionamiento al establishment realizado por los jóvenes de los sesenta y los setenta, no era solamente un hecho subjetivo, sino que se expresaba como una realidad concreta y tangible, donde la revolución, en sentido amplio, era un paradigma bastante generalizado, y donde las masas comenzaban a tener un protagonismo privilegiado. En el tiempo que nos separa puedo percibir que muchos habíamos hecho de las masas, nuestro dios, y esto no poseía solamente un correlato político sino también una impronta muy fuerte en la cultura popular, y en todo un desarrollo de una tendencia estética que cuestionaba a la cultura de las elites. En el tiempo también pude evaluar que los adoradores de las masas éramos también algo así como una elite, pero de nuevo tipo, una elite que quería cambiar el mundo. Repitiendo que la cultura pop no era el mainstream, podríamos afirmar que era de alguna forma su opuesto. Para definir este fenómeno surgido principalmente en los sesenta, debemos partir de varios elementos a partir de los cuales fue posible, para yuxtaponerlos, realizar un patchwork, una almazuela, que no debe ser ordenada dogmáticamente, ya que de los que estamos hablando de dogmático tenía muy poco. Como elementos a tener en cuenta debemos referirnos a la cultura popular y/o de masas, al pop-art, a las grandes revueltas masivas de aquel tiempo como fueron el mayo francés, el otoño caliente italiano, la revolución cultural china, el movimiento pacifista de los EEUU, el cordobazo argentino, etc. De alguna forma el surgimiento de la cultura pop era el resultado predicho por Walter Benjamin, en la década del 30, al referirse al desarrollo de las fuerzas productivas y a la obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica. Benjamin a partir de vislumbrar la reproducción al infinito de una obra de arte, desprendía que esta estaba condenada a su desaparición como tal. La obra de arte era la producción de una elite y su lugar en la sociedad era completamente limitado, pero su implosión produciría una liberación de sus componentes que se expandiría en lo social, creando nuevas estéticas alejadas de los sitios convencionales donde el arte se exponía, y de donde a su vez adquiría su estatus. Para ser más precisos, si la obra de arte estaba circunscripta a un reducido sitio poligonal cerrado, como lo es un cuadro o un museo, su estallido produciría su expansión a todos los esquineros de la trama social, haciendo que los elementos estéticos aparezcan ahí donde antes no se los había tenido en cuenta. La cultura pop era un emergente multifacético, multidisciplinario en un momento donde el componente de masas estaba sujeto a una radicalización constante. El rock, el soul, el reggae eran el resultado del surgimiento de esta cultura pop, y en este sentido obviamente no se restringían a ser exclusivamente simples géneros musicales, y se articulaban a diferentes expresiones estéticas al igual como lo había hecho el Pop Art. Sin dudas que la cultura del rock va a alcanzar algunos elementos particulares que son los que le van a dar autonomía, pero no hay que desconocer de donde surgió. Uno de los elementos principales por los cuales vale hacer la distinción es sin dudas saber que sin psicodelia no hay rock, y por otro lugar tener en cuenta que en momentos de reflujo revolucionario al pop se lo fagocita el sistema y que la cultura rock en este sentido debe mantener su independencia, cosa que no es del todo obvia, ya que también hay rock que se vuelve parte del mainstream y pierde su esencia. La cultura pop si de alguna forma tuvo algún resurgimiento tendríamos que afirmar que en nuestro país a partir de diciembre de 2001, se produjeron experiencias muy interesantes de recuperación de espacios públicos y de construcción de centros culturales que reavivaron la llama de esta cultura de combinar diferentes disciplinas y hacer de la calle, el ámbito preponderante, pero como habíamos dicho anteriormente todo esto depende principalmente de la sensibilidad y el humor social, y del entroncamiento de ciertas vanguardias estéticas con lo popular, en momentos históricos muy precisos.