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6.14.2026

Patricio Rey en el Palacio de Invierno- Audacia, audacia y siempre audacia: cuando el pogo explica la revolución.


Introducción

Una vez que arranca el pogo más grande del mundo, no hay vuelta atrás. El que duda se cae. El que se queda quieto desaparece. No hay tiempo para pensar. Solo saltar, empujar y moverse en oleadas.

Lenin lo escribió en Consejos de un ausente, a las apuradas, antes de la toma del Palacio de Invierno: una vez iniciada la insurrección, hay que ir hasta el final. La defensiva es la muerte. Y remataba con Dantón: "Audacia, audacia y siempre audacia".

Ni Lenin ni Danton explicaron el pogo. Es al revés. El pogo te explica lo que ellos dijeron. Porque lo que pasa en ese solo de Jijiji, cuando el saxo de Dawi larga la primera nota y la masa se convierte en protagonista, es lo mismo que quería decir Dantón pero sin palabras. Puro cuerpo. Puro salto. Pura audacia.

 

 

Oktubre (1986) abre con "Fuegos de Octubre".

“De regreso a Octubre (desde Octubre) / Sin un estandarte de mi parte… / Te prefiero igual, Internacional."

 

No es una declaración venida de la III ni de la VI.  Es la confesión de un hombre que vuelve a la cita con la historia sin insignias partidarias, pero con una lealtad intacta a eso que alguna vez se llamó la Internacional. Una Internacional sin carnet, sin comité central, hecha de música, de cuerpos y de un deseo de liberación que se cuela entre las estrofas.

En la tapa del disco, banderas rojas. Oktubre con "k" es un guiño inequívoco al Octubre Rojo bolchevique de 1917. Pero sin comisarios del pueblo ni soviets de diputados. La revolución que se propone es otra, y su campo de batalla es el campo del baile masivo. La misa ricotera.

 

El momento en que la palabra se rinde

 

Dentro de Oktubre está "Jijiji". Y dentro de "Jijiji", escondido en el centro de la canción, está el pogo más grande del mundo. Esa intensa melodía que lo desata se da en ese solo instrumental que Skay definió como "música gitana". La voz del Indio desaparece y lo que irrumpe es un diálogo frenético entre la guitarra y el saxo, una danza que se acelera como un carro desbocado. El Indio ya lo anticipó: "ahora se viene el pogo más grande del mundo". Después se calla y deja que la música haga lo suyo. Ahí, justo ahí, la masa pasa a ser la protagonista. Miles de personas saltan al unísono. La banda sigue sonando, pero la ceremonia ya no es de los músicos: es de los cuerpos que se mueven al compás de una melodía que no es triste ni alegre, es maníaco-depresiva, pero donde la manía aplasta a la melancolía y todo es vértigo, aceleración, rojo y gitano. La palabra se rinde. El cuerpo avanza.

 

Las reglas de la insurrección

 

En octubre de 1917, Vladimir Ilich Lenin escribió un texto urgente desde la clandestinidad. Lo tituló Consejos de un ausente (o Consejos de un espectador). Ahí, a días del asalto al Palacio de Invierno, repasó las enseñanzas de Marx sobre el arte de la insurrección. Y remató con una cita que había hecho famosa Dantón, el revolucionario francés:

"Audacia, audacia y siempre audacia."

Las reglas que Lenin enumera en ese texto son de una precisión quirúrgica. No se puede evitar leerlas con el oído puesto en el célebre solo de Jijiji.

"No jugar nunca a la insurrección, pero una vez empezada estar firmemente convencido de que es necesario ir hasta el final."

El pogo más grande del mundo no es un juego. Se prepara en el "¡No lo soñé!" gritado a pulmón, se toma envión en el silencio expectante, y cuando el saxo de Dawi larga la primera nota, ya está. No hay marcha atrás. El que entra, va a fondo. Dudar es caerse, y peor, es romper el hechizo colectivo.

"Una vez comenzada la insurrección, se debe proceder con la mayor decisión y pasar obligatoria e incondicionalmente a la ofensiva. La defensiva es la muerte de la insurrección".

En el pogo de Jijiji no existe la defensiva. Quedarse quieto es imposible, correrse a un costado es quedar fuera de la masa, fuera de la revolución de los cuerpos. La única postura es el salto, el avance vertical, la entrega total. Cada salto es una pequeña ofensiva contra la gravedad, contra la razón, contra el afuera.

Defenderse es la muerte del éxtasis. Atacar, en este caso, es entregarse.

Audacia, hermano, audacia.

 

La consigna de Dantón, que Marx hizo propia y que Lenin repitió como un martillo, es el alma del que se tira a ese remolino. Entrar al pogo más grande del mundo es un acto de audacia pura. No hay garantías. Confiás en el desconocido que tenés al lado, te abandonás al ritmo, ponés el cuerpo en una coreografía que se inventa a cada segundo. Como el militante que sale a la calle sin saber si vuelve, el que salta en el pogo se juega entero sin red.

Lenin también decía: "Hay que esforzarse por obtener éxitos diarios, por pequeños que sean, manteniendo a toda costa la superioridad moral." En el pogo, cada compás ganado es una victoria. Mantenerse en pie, sostener el salto, no bajar los brazos: todo es parte de la misma superioridad moral que pedía Lenin para los insurrectos. La moral del que no abandona.

 

La revolución en minutos

 

El solo termina. La banda retoma el riff, el Indio vuelve a cantar y la vida real —esa que tiene rutas trabadas, ojos de durax lastimado y lluvia en estocadas finas— te espera afuera. El pogo, como toda insurrección, es efímero. Un relámpago de belleza colectiva. Pero lo que viviste en ese minuto y medio es irrefutable. No lo soñaste. Fue real.

En octubre de 1917, el pueblo asaltó el Palacio de Invierno. En cada recital de los Redondos, el pueblo asalta el silencio y lo convierte en una danza de saltos. Dos insurrecciones. Una con fusiles, otra con cuerpos. Las dos necesitan de la audacia. Las dos, en su momento de gloria, no tienen vuelta atrás.

La Internacional sin estandarte

 

El tipo que canta "Fuegos de Octubre" dice que no tiene estandarte, pero que igual prefiere la Internacional. El estandarte a veces divide; la Internacional, en el sentido más hondo, une. Y en el pogo más grande del mundo no hay banderas partidarias. Hay una Internacional del deseo, del salto compartido, del codo a codo sin pedir nada a cambio.

Una Internacional que empieza con un solo de saxo y se sostiene a pura audacia. Hasta el próximo salto.

8.08.2022

BB King y Lucille- Una historia de amor que venció al tiempo

 


Cuando promediando los ’60 se daban los grandes éxitos discográficos tanto de los Beatles como de los Rolling Stones, emergían la psicodelia y la cultura del rock. Muchos jóvenes por ese entonces se inclinaban a escuchar a viejos mitos del Blues como Robert Johnson y Elmore James. Se trataba de imbuirse de ese espíritu negro e intentar desde ahí producir una nueva versión del blues y el rhythm’n’blues. A eso se lo denominó en ese tiempo: Blues blanco.

Lo cierto es que desde los 50, de forma bien subterránea, había varios bluseros negros de gran talento, que si posteriormente fueran sumamente conocidos fue gracias a que esos jóvenes de los 60 se empecinaron en llevarlos a los primeros planos. Tanto es así que un desconocido Muddy Waters fue conducido al escenario por los Stones para que juntos realizaran esas composiciones que tenían su origen el Delta del Mississippi.

Al igual que Muddy, también estaban los King -Albert, Freddie y B.B.-, Albert Collins, John Lee Hooker, entre muchos más.  La mayoría de ellos con edades cercanas a los 40 años, salían del anonimato en el que habían desarrollado hasta ahí su incipiente carrera artística. En lo que sigue nos referiremos a ese gran guitarrista que se llamó B. B. King y que fue considerado como el Rey del blues.

Quien escribe se enteró de la existencia de BB cuando en una Revista Pelo o Pinup, el guitarrista argentino Claudio Gabis del trío Manal, lo nombrara como a uno de sus gustos preferidos. Al encontrar en una disquería su larga duración Indianola Mississippi Seeds, que en la tapa mostraba una sandía con forma de guitarra, no dudó en adquirirlo. Una delicia en la que se podían oír esos fraseos que seguramente inspiraron a Gabis en temas como Avellaneda Blues.

BB nació el 16 de septiembre de 1925 en Itta Bena, una pequeña ciudad en el Estado de Mississippi. Habiendo fallecido en 2015 a los 90 años llevó adelante su producción hasta casi sus últimos días. Realizó cerca de treinta álbumes y compartió escenario a lo largo de su vida con los grandes bluseros de su tiempo. Muchos de ellos añoraban hacer presentaciones con el Rey. Recordemos la importancia que le dio a ello el ya extinto guitarrista argentino Pappo, cuando ambos se presentaron en un inolvidable show en el Madison Square Garden.

Lucille

Los grandes guitarristas, de cualquier género, serán recordados por sus interpretaciones, por los sonidos que le hacen emerger a un instrumento. BB King tuvo la particularidad de que además, siempre se recordará a su guitarra con nombre de mujer.

Cuenta la leyenda de que en 1949 cuando BB estaba tocando en un salón de baile en Arkansas, dos hombres comenzaron a pelearse, produciendo un incendio. Todos tuvieron que huir del sitio. BB entró de repente a buscar el instrumento que había quedado entre las llamas. Los dos hombres murieron quemados. Se supo que peleaban por una mujer llamada Lucille. BB bautizó con ese nombre a la guitarra que logró rescatar.  

Un debate nunca realizado es ese en el cual, no se sabe perfectamente qué es lo que más atrae de una mujer a un hombre. Si son las carnes o las formas. La primera opción pareciera desmentida hoy por lo que se dio en llamar Sexo virtual. Las formas bien curvadas de una guitarra recuerdan las formas de una bella mujer.

Los gemidos bluseros que siempre emergieron de Lucille, indicaban que ella nos recordaba que su amante lo hacía de la mejor forma. Siempre se sintió profundamente amada.

Cabalgando junto al Rey

En junio del año 2000, se publicaba un trabajo conjunto realizado por dos emblemas del blues. Eric Clapton junto a BB King lanzaban Riding with the King. Ambos habían coincidido muchas veces en el escenario pero nunca habían realizado una obra de estudio en conjunto.

Clapton desde mediados de los sesenta representó siempre al guitarrista blanco de blues más notorio. Habiendo salido de la innumerable cantera de los bluesbreakers de John Mayall y luego conformando el poderoso trío Cream junto al bajista Jack Bruce y el baterista Ginger Baker desde muy joven Clapton se transformó en una verdadera estrella.  En los primeros años setenta los tres integrantes del grupo eran considerados por las principales revistas especializadas de rock como los mejores ejecutantes de sus instrumentos.

Que se hayan juntado Clapton junto a BB para realizar una obra conjunta representó un verdadero logro y ese disco algo que no debe faltar entre los coleccionistas y melómanos.

Ambos habían compartido antes, entre otras cosas, el sentido homenaje al extinto Stevie Ray Vaughan. Otro gran emblema del Blues.

3.14.2022

Santana, padre del rock latino

 


En el Festival de Woodstock irrumpió una extraña banda que con una base rítmica influida por músicas latinas principalmente caribeñas; lograba un éxtasis propio de la psicodelia rockera o blusera. Era el grupo del extraordinario guitarrista mexicano Carlos Santana, el hombre que le dio un nuevo giro al rock.

Cuando se hace la historia del rock es casi imposible no entrar en una fuerte dicotomía. En los años 50 surgió como un estilo musical transgresor que no se puede homologar a lo que aconteció una década después con el mismo significante. Aquel estilo fuertemente rítmico que inmortalizaron figuras como Elvis Presley, Chuck Berry, Little Richard o Bill Halley y sus Cometas; entrada la década del ’60 ya dejó de ser un simple género musical para convertirse en lo que muchos denominaron la cultura del rock.

Lo que surgió en los ’50 fue un género musical que podía interpretarse como la versión blanca del afroamericano Rhythm and blues, mientras que en los 60 al calor de una muy fuerte oleada contracultural, emergió un movimiento que si bien su principal expresión fue la música, logró excederlo plenamente. Sobre la base rítmica del rocanrol de los ’50, más la utilización de todo lo que ofrecía por entonces el avance de la tecnología electrónica, los nuevos intérpretes incursionaron en diferentes estilos creando uno de los productos más maravillosos del quehacer estético humano.

En el rock de mediados de los 60 hacia adelante, los principales exponentes, tanto bandas como solistas comenzaron a realizar tipos de experimentación musical hasta ese entonces inédito. Se trataba de conservar cierta base bien ligada al rocanrol, pero aprovechando las diferentes tecnologías emergentes de ese tiempo. La potencia sonora, los efectos, las distorsiones, la incorporación de los nuevos órganos electrónicos hizo que sobre la base rockera se pudiese incursionar o fusionar otros estilos.

La influencia de la música oriental en los Beatles fue muy importante. Surgieron algunas grandes bandas que fusionaban al jazz con el rock. Chicago; Blood, Sweat & Tears fueron dos grupos emblemáticos. También el denominado rock sinfónico con bandas como Yes, Genesis, Pink Floyd o Emerson, Lake & Palmer. Hay muchísimos ejemplos al respecto. En esta nota quisiéramos destacar lo que llevó el nombre de rock latino.

En el transcurso de la película Woodstock (1969), que mostraba las distintas actuaciones de las agrupaciones que estuvieron presentes en aquel célebre festival que nucleó en la campiña estadounidense a miles de jóvenes, pudo verse a una extraña banda que con una base rítmica influida por músicas latinas principalmente caribeñas; lograba un éxtasis propio de la psicodelia rockera o blusera. Era el grupo del extraordinario guitarrista mexicano Carlos Santana.

En donde el sonido de la banda se tornaba sumamente intenso, principalmente por efecto del órgano y las percusiones, irrumpía el fraseo enloquecido de la guitarra de Santana. Un instrumento que iría a sonar bajo las reglas clásicas del blues o el rock psicodélico, aunque deslizándose –sin perder la energía-  hacia esas melodías caribeñas, como el bolero, la rumba, el Calipso o el merengue. Antecedentes de este estilo seguramente fueron esos encuentros furtivos en ciertos lugares del Caribe, entre instrumentistas de jazz y músicos de salsa.

Carlos Santana, nacido en 1947 en Autlán de Navarro, Jalisco, desde niño recibió una fuerte formación musical. Su padre era un violinista de los grupos de mariachis. Si bien Carlos había comenzado también como violinista, luego se inclinó por la guitarra, escuchando mucho blues, principalmente a B. B. King, T-Bone Walker y John Lee Hooker con quienes ya siendo conocido, pudo compartir escenarios. Poco se dice que su gran maestro fue el guitarrista mexicano Javier Bátiz que para todos aquellos que alguna vez escucharon su discografía fue un gran cultor de un rock emparentado en su sonido al de Eric Burdon & the Animals o al de ese maravilloso grupo inglés Spencer Davis Group en el que descollaba la voz de Stevie Winwood. El estilo de Bátiz estaba emparentado principalmente al rock and roll y el rhythm and blues, cantando incluso, en inglés.

Santana iría más allá del estilo de su maestro y crearía el rock latino. Muchos de sus temas estaban cantados en español, tal como los clásicos Guajira, Oye como va o Se acabó. Aunque se destacaban esos grandes interpretaciones fundamentalmente instrumentales como fueron Sacrifice soul (tema que se puede ver en Woodstock), Jingo o ese precioso bolero Samba pa ti, en el que Santana mostraba toda su creatividad con la seis cuerdas. Hoy está considerado uno de los mejores guitarristas formados a fines de los sesenta, compartiendo muchas veces el escenario junto a Eric Clapton.

Menos conocida en ese género es la agrupación Malo, fundada en 1970 y que tuviera como líder casualmente a Jorge Santana, hermano de Carlos. Un grupo que fusionaba lo latino con el jazz y el blues. Tuvieron gran éxito con temas como Suavecito o Café.

En 1969 se formaría en Inglaterra la banda Osibisa, conformada por músicos africanos y caribeños. Ellos mostrarían en sus producciones todo el encanto de los ritmos que la cultura afro desarrollaría en las islas del Caribe. Un gran éxito discográfico fue en 1975 el tema Sunshine Day. Osibisa según sus integrantes significaba "cruce de ritmos que estallan de alegría",

El término rock latino fue cambiando de significación para nombrarse así a todas esas bandas conformadas por músicos latinoamericanos aunque no practicaran ese estilo desenfrenado que creó Carlos Santana.

 

 


12.18.2020

Tecnología, Internet y los viejos discos. El revival del rock en las redes


 Con la irrupción del uso masivo de Internet, se ha dicho en una nota anterior que la gran red de conexión funcionó como una gran aspiradora que fue metiendo en su interior a las más diversas expresiones culturales. El buscador Google pasó a ser la puerta de entrada a un universo digital que aparentemente duplicaba la realidad. Más allá de la suposición, no todo estaba en la red. Podía inferirse que lo que en ella no se encontraba era porque no estaba bien buscado, pero en Internet sólo está lo que alguien se prestó a subir o en todo caso a los resultados que pueden devenir de la intervención de los logaritmos.

Si alguien no realiza el conteo de arboles presentes a  lo largo de cierta avenida, para luego subir esa cifra a algún sitio de internet, ese número nunc a estará presente por más que se utilicen los mejores buscadores. Lo dicho pareciera una perogrullada, pero espontáneamente muchos creen que vaya a saber por qué mecanismo,  la realidad es transferida a la red. Resulta importante decirlo ya que depende de la acción de ciertos sujetos el hecho de que a partir de Internet se produzcan determinados acontecimientos.

Con la llegada masiva de Internet, los usuarios no sólo comenzaron a utilizar la red para conectarse a través de correos electrónicos o mensajeros, sino que considerándola como un enorme vientre lleno y a la vez bastante libre, se prestaba a que allí se encuentre para descargar la música de todos los tiempos, las producciones cinematográficas, libros, diversos textos, etc.  El mentado acceso libre hizo que alguien como el filósofo esloveno Slavoj Zizek, considerase por entonces que Internet podía ser el lugar en el que tenga desarrollo el comunismo. El tiempo fue mostrando que el capitalismo no se permite resignar ningún lugar proclive a desarrollar ganancias y de a poco fue privatizando a la gran red.  De todas formas hubo experiencias que bien vale mencionar.

El revival del rock argentino

La música de grupos como Manal, Almendra, Vox Dei o Arco Iris; ya parecía sepultada en un tiempo remoto. Algunos sellos discográficos podían editar algunas selecciones que tal vez ni siquiera representaban bien lo que los viejos fans de esos grupos conservaban en su memoria. Sin embargo quedaban esos coleccionistas melómanos que mantenían material muy bien preservado y que se prestaron a compartirlo en internet.

No era una tarea simple, ya que a los viejos discos de vinilo, había que ripearlos de la mejor forma y que mantengan el sonido clásico, en su versión digitalizada. Transformar las pistas de un disco en mp3 para que sea accesible a remotos usuarios, no fue algo que se hizo solamente en la Argentina. Lo que si vale destacar es que si hubo un género musical que fue proclive a ser compartido, fue principalmente el rock de los 60- 70.

Si elegimos de modo arbitrario al año 2005 para indicar un tiempo aproximado, fue por ese entonces cuando irrumpieron en la red, una gran cantidad de blogueros que comenzaron a subir en esos soportes, enlaces para descargar toda esa música que cuidadosamente habían seleccionado para compartir. La tarea que emprendieron fue muy interesante porque además fueron adosando datos de las viejas bandas. El que encontraba a un grupo como Pescado Rabioso no sólo podía descargar su música, sino que podía leer parte de la historia y quiénes habían sido sus integrantes. De esta forma fue que el viejo rock rioplatense traspasó los límites que su tiempo le había impuesto.

 Por historia, por cultura, el rock argentino es un híbrido bastante interesante, tanto por el sitio geográfico donde se desarrolló, por haberse planteado cantar en castellano y porque en el momento de su aparición, resultaba una acalorada utopía que fuera conocido mucho más allá de nuestras propias fronteras. El mercado discográfico latinoamericano o español por ese entonces no era un espacio propicio para su propagación. Con respecto al mercado propiamente inglés o estadounidense, poder irrumpir ahí era casi imposible, ya que se cantaba en otro idioma, nuestra música era bastante underground, se contaba con pocos recursos tecnológicos y por otro lado, existía en una lejanía exótica. Las bandas que lograban meterse en esos rankings, siendo alemanas, holandesas o suecas lo hacían cantando en inglés.

 

La imposibilidad de aquel tiempo, con la irrupción de Internet se modificó. En una nota de la Revista Rolling Stone, escrita por Juan Ortelli aparecida en octubre de 2006, el autor señalaba  que la avanzada psicodélica estadounidense buscaba inspiración en Luis Alberto Spinetta, Pappo y todo el rock argentino de aquellas épocas. Noel Harmonson, vocalista de los Comets on Fire decía ahí: “Algunos de mis amigos y yo creemos que los discos de ese período particular del rock argentino (fines de los 60, principios de los 70) están entre los mejores del rock n´roll de todos los tiempos. Por su...sensibilidad.”

Dentro de nuestras fronteras, el viejo rock de acá, pudo salir de la encerrona en antiguos armarios. No fueron pocos los músicos que le cedieron a los blogueros material inédito que los sellos discográficos cajoneaban por considerar no redituable. Esto generó tensiones incluso legales. Lo cierto es que esa mítica música que se había originado en La Cueva de la calle Pueyrredón volvía al ruedo. Algo significativo fue que comenzara un ciclo en la misma Casa Rosada bajo el nombre de Música en el Salón Blanco. Allí volvieron a tocar en diferentes presentaciones -entre los años 2005 y 2007- los viejos íconos del rock argentino.

 

 

 

 

12.08.2020

Underground, ayer y hoy


 Durante el siglo pasado, diferentes camadas de jóvenes formados en la contracultura, la protesta social y la revuelta política encontraron en esa modalidad llamada underground, su principal modo de expresión. Hoy, la utilización masiva de internet, no hizo desaparecer todas las expresiones nombradas, sino que funcionando como una gran aspiradora, ubico todo en un nuevo soporte.

Sin la más mínima intención de realizar una apología generacional, es inobjetable que entre mediados de los 60 y pasada media década del 70, se produjo en el mundo, un cuestionamiento global a la sociedad existente, como tal vez no se hizo en ningún otro tiempo. Lo más interesante es que ello fue llevado adelante por los jóvenes de entonces casi sin mediaciones. No era algo que se heredaba sino la irrupción de lo nuevo. En muy pocos casos se podría decir que los padres de aquellos jóvenes estaban de acuerdo con las actividades de sus hijos. Era un tiempo de ruptura en la que las relaciones familiares se tensaban en su aspecto generacional.

Era el tiempo en el que el pelo largo o la barba eran vistos tanto con desprecio como peligrosidad. Gran parte de los jóvenes “sin la gomina, ni la oficina” –como rezaba aquella canción del dúo Pedro y Pablo- emprendían un nuevo rumbo. Esta pequeña introducción sobre un tiempo aún poco estudiado, fundamentalmente en su aspecto cultural e ideológico, sirve para adentrarse en lo que por entonces se llamaba underground o subterráneo, y que prosiguió de diferentes modos hasta la actualidad.  Imposible llevar adelante una apología generacional, cuando también hubo jóvenes que sí usaban “gomina” -metafóricamente hablando-, como muchos otros que comprometidos en su tiempo, luego renegaron de todo y también aquellos que al igual que el personaje de Guillermo Francella se quedaron en ese tiempo, vestidos de blanco y negro, sin incorporar todo lo nuevo que fue emergiendo.

Las diferentes camadas de jóvenes formados en la contracultura, la protesta social y la revuelta política encontraron en esa modalidad llamada underground, su principal modo de expresión. Una cultura que intentaba escindirse de la masividad generada por la televisión y los otros medios de ese tiempo. Si bien en su gran mayoría las diferentes vetas artísticas y estéticas no pretendían salir de ese plano, ya que a sus creaciones las consideraban a un nivel que no debiera contaminarse con lo masivo; se puede decir que eso podía ser lo reverso en lo concerniente a las vanguardias políticas que sí pretendían y también necesitaban alcanzar la atracción de las masas. 

Una manifestación musical como fue Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota que naciera en ámbitos casi reducidos y que lograra una masividad considerable, sin perder su espíritu contracultural, es un fenómeno bastante interesante que como experiencia incluso podría servir a las expresiones políticas de izquierda, para exceder el rango de elite. Considerando las obvias diferencias.  

Si bien la irrupción de lo subterráneo se pudo percibir durante los sesenta, resulta un antecedente considerable el surgimiento de la Generación Beat tras la posguerra, en los años 50. De todos modos las condiciones materiales para que exista lo under ya comenzaron a darse con el surgimiento de las grandes ciudades y principalmente con la irrupción de la sociedad de masas, propia a la existencia de medios de información y reproducción ampliada del quehacer cotidiano. Lo under vendría a ser ese recoveco en donde se puede reproducir todo ese inconformismo y desencanto que genera la sociedad de masas.

Con la irrupción generalizada en los 80 tanto del Pop como de la cultura mainstream, convencional, no son pocos los que intentaron mostrar que el underground había sido completamente sepultado bajo tierra y que ya ni siquiera tendría la posibilidad de retornar como aquel Viejo Topo del que hablara Karl Marx en El 18 Brumario de Luis Bonaparte.  

Lo cierto sí es que entre el tiempo señalado (Los 60-70) a la actualidad es posible rastrear diversas modalidades de expresión y comunicación que se fueron dando hasta la irrupción del uso masivo de internet, y que hoy también tienen cabida en esa imponente red de conexión. Describir o señalar todo eso tal vez sea una labor bastante ardua, y por tal motivo nos referiremos sólo a algunos casos significativos. Un término que comenzó a utilizarse durante los 80 para nombrar o asociar al espacio del que se viene hablando, fue también el de lo alternativo.

Desde inicios de los 80 se produjo la propagación de las radios de Frecuencia Modulada, las FM, que con bajo costo y llegando a un radio geográfico reducido de oyentes, lograban introducir temas propios a esa zona, o ser difusoras de música que no se escuchaba en las radios AM. Nacidas bajo la impronta de las radios piratas, poco a poco fueron sucumbiendo no sólo por dificultades económicas, sino porque las grandes emisoras de Amplitud Modulada fueron creando sus propias FM con recursos y tecnología imposibles de equiparar e incluso con una amplitud de llegada comparable a las AM.

Un fenómeno bastante interesante, surgido con el retorno de la democracia en el 1983, fue la aparición de diversas revistas y publicaciones de circulación alternativa. En estos medios impresos era posible leer a poetas desconocidos, encontrar entrevistas  a artistas e intelectuales de los que ningún medio masivo podría interesarse. Ahí podía encontrarse información sobre determinadas actividades, como el Teatro Independiente, talleres literarios o grupos de estudio tanto de filosofía como de psicoanálisis lacaniano (que por entonces no se había pasado al mainstream). Estas publicaciones se vendían mano a mano, en las mesas de diferentes agrupaciones estudiantiles y principalmente en eventos como podría ser un recital, una marcha o cualquier encuentro cultural. Tanto las FM como las publicaciones alternativas, tuvieron gran incidencia hasta los primeros años de este siglo.

Algo sumamente de interés fue, en 2001, la irrupción de diversos centros culturales surgidos en espacios recuperados, ya sea viejas fábricas o casas abandonadas o clubes de barrio en los que ya no había casi actividad. Se dio esto bajo una oleada popular que propiciaba la recuperación del espacio público, entre ellos construir plazas o parques o incluso huertas colectivas en lugares como ser vías por las que ya no pasaba ningún ferrocarril. Esos centros culturales cobijaban, entre otras cosas; a músicos, artesanos, actores, poetas que brindaban talleres o realizaban actividades públicas. La aparición masiva de las murgas se fue dando en este contexto.

La utilización masiva de internet, no hizo desaparecer todas las expresiones nombradas, sino que funcionando como una gran aspiradora, ubico todo en un nuevo soporte. Esta acción se produjo duplicando la realidad, haciendo que la denominada virtual, pasara paulatinamente a ser preponderante. Hoy se puede ver que el tradicional diario de papel, va quedando relegado a partir de que el mismo contenido es posible encontrarlo en la red. De todas formas el uso indiscriminado de internet provoca más allá de la supuesta hiperconexión, un estatus certero de desmovilización en cuanto a la relación efectiva entre los cuerpos.

Si bien Internet comenzó a utilizarse de forma domiciliaria promediando los 90, recién con la aparición de la Banda Ancha desde los primeros años de este siglo, fue cuando comenzó su irrupción masiva. El uso particular implicaba que el usuario conectara su computadora a la línea de teléfono con una velocidad de conexión muy baja. La Banda Ancha por su parte es una conexión propia de mucha mayor celeridad. Desde su aparición produjo el surgimiento casi masivo de los cibercafés que se extendió hasta aproximadamente el 2007- 2008, cuando la mayoría de la población pudo acceder a su conexión casera.

Con internet se comenzó a dar el hecho de que muchas de las viejas expresiones subterráneas volvieran a cobrar vida de otra forma. Desde ese tiempo hasta la actualidad, transcurridas poco menos de dos décadas hay cosas que fueron cambiando sustancialmente. La proliferación de los llamados algoritmos y el condicionamiento que fueron generando los buscadores hizo que hoy la vida en la red ya no sea igual, y que la variedad de expresiones contraculturales ya no tengan las mismas licencias, con las que se contaba en ese tiempo.

En una próxima nota, que será la continuación de ésta, nos referiremos a esas diversas expresiones se lo under que fueron cobrando vida con la utilización masiva de internet. 

11.04.2020

Skiffle, un antecesor del rock- Música desde abajo

Mungo Jerry
Cuando surgen determinadas expresiones artísticas que se tornan masivas no siempre se sabe muy bien cuáles son sus antecesores inmediatos. Mucho menos cuando esos ancestros son parte de la cotidianeidad y por ende pareciera que pueden pasar inadvertidos. En este caso nos referiremos al Skiffle, un género olvidado que estuvo muy presente en la irrupción del rock de la década del sesenta. Fundamentalmente en Gran Bretaña.

Este género tuvo su origen en los Estados Unidos durante la década de 1920. Con instrumentos principalmente caseros y acústicos, trabajadores pobres y negros convertían en melodías sencillas piezas del blues y del jazz. Un instrumento como la tabla de lavar se destacará en este género.

De todas maneras fue en los 50 cuando el skiffle irrumpió en Inglaterra con características propias, aunque sin renegar de su antecesor afro americano. Los jóvenes y niños proletarios que padecían el empobrecimiento de la posguerra fueron los que tomaron a este estilo como una bandera de resistencia. En 1957 había en Inglaterra unos 50 mil grupos de skiffle.

Desde las entrañas de las clases populares siempre emergieron ritmos y melodías. Con la emergencia de la cultura de masas en la que comenzó a hacerse posible la reproducción, muchos estilos pasaron a ser conocidos e incluso comercializados. El skiffle es un género casi doméstico que influyó considerablemente, sin ser reproducido de acuerdo a su relevancia. Bandas célebres como los Beatles y los Rolling Stones habían sido en su origen grupos de skiffle.

En 2017 fue publicado en Inglaterra el libro Roots, Radicals and Rockers: How Skiffle Changed the World escrito por Billy Bragg, autor que además es un ya legendario cantautor de izquierda, ligado al movimiento obrero británico.

En una nota publicada por BBC, Bragg sostenía que el surgimiento de este estilo fue una revolución, no una moda pasajera. "Skiffle fue un movimiento de retorno  a lo básico que trataba sobre las raíces de la música afroamericana", y lo comparaba con el punk, por ser una revuelta de bajo presupuesto realizada por jóvenes cansados ​​de formas de música más convencionales y (supuestamente) sofisticadas. "Skiffle era de base. Venía de abajo. Sorprendió a todos".

A principios de los años 50, la música popular estaba dominada por grandes bandas de swing y crooners schmaltzy. Las bandas de Skiffle redescubrieron los primeros discos de blues y los reinventaron para una nueva generación. Como el punk, el skiffle fue una reacción contra los supergrupos y las grandes empresas discográficas. Según Bragg el  "Skiffle permitió que esa generación se distanciara de la cultura de sus padres” ya que “Cada generación necesita algo así” agregando que para su caso, eso “fue el punk".

Contra lo que la mayoría piensa, el instrumento más importante de Skiffle no era la tabla de lavar o el bajo del cofre de té, sino la guitarra. En las bandas de baile de la década de 1940, la guitarra era un instrumento marginal, y el skiffle lo puso en el centro del escenario. Este instrumento había impulsado la auténtica música de los cantantes de blues afroamericanos, una música que las bandas de skiffle veneraban de igual forma que al jazz tradicional.

Según Billy Bragg, los jóvenes que formaban las bandas de skiffle creían que la música real sólo se hacía en Nueva Orleans, cuna del jazz, y que por esa razón la música británica le debe más a Nueva Orleans que a cualquier otra ciudad estadounidense. La famosa Caverna de Liverpool en dónde comenzaron los Beatles, fue originalmente un club de jazz. 

La palabra skiffle en la jerga de los negros significaba una Rent party (fiesta de alquiler). Así se le llamaba en Harlem a un encuentro social en el que los inquilinos contratan a un grupo musical, realizan una fiesta y luego pasan el sombrero, para con el dinero recaudado pagar el alquiler. Sin embargo skiffle como nombre de un género musical recién fue utilizado en Inglaterra durante los años 50. 

En Gran Bretaña el skiffle fue la piedra inicial del surgimiento -en los sesenta- tanto del rock como del blues blanco. Fue la base de la invasión de los grupos británicos en las listas estadounidenses. Hacia 1957 había 50 mil bandas de skiffle en Inglaterra.  Decía Billy Bragg en la nota citada que  "Cuando los Beatles irrumpieron en los Estados Unidos en 1964, había un ejército de bandas británicas, listas para continuar por el mismo camino; todas habían comenzado con el skiffle, y  venían haciéndolo desde que tenían 12 años”. 

Mungo Jerry 

Allá por los años setenta este grupo británico encabezado por Ray Dorset  se hizo muy popular por el tema In the summertime. Si bien esta banda tuvo una gran producción es recordada principalmente por ese tema. En el verano como fue conocida en nuestro país era un tema simple, bailable pero hecho bajo el molde tradicional del folk rock, el blues y el rockabilly. 

Mungo Jerry siempre fue catalogado como una banda de skiffle. Cuando se escucha gran parte de su producción se pueden encontrar rasgos bien marcados del blues, el rock and roll y el rhythm & blues, aunque realizados con una variedad significativa de instrumentos caseros. 

Además se hace notorio para Mungo Jerry considerar que el blues, por ejemplo, siempre será un género clásico realizado por los monstruos clásicos del Delta del Mississippi, mientras que su producción será sólo un tributo casero. Esa posición marca a la perfección la ideología del skiffle.

 

3.27.2015

Contracultural

Siempre se dijo en este lugar, que el rock no es un género musical. Nada más lejana a nuestra concepción que una definición de ese estilo. La música que deriva principalmente del Blues y el Rhythm and Blues, fue promediando los ’60, tal vez una de las marcas principales y emergentes de una nueva forma de mirar al mundo. Tal vez no la única, pero sí una de las más sobresalientes, ya que se dio principalmente en el seno de los territorios en los cuales se concentraba el principal poder global. Gran parte de los jóvenes de entonces se convirtieron así en un borde muy concreto de cuestionamiento a  ese poder, principalmente en las formas en que éste somete culturalmente a las mayorías populares, imponiéndoles modalidades de consumo y formas de vida. El rock no fue (no debiera serlo) un simple género musical. Es una respuesta contracultural. Es un profundo cuestionamiento al orden instituido. En ello el rock en los ’60 se acercaba sinuosamente y tal vez sin saberlo a otras modalidades de transformación de la cultura dominante, como eran por entonces la Revolución Cultural en la República Popular China, y las diferentes expresiones (por ese entonces llamadas de protesta) que se daban en diversos puntos del planeta.

Nuestra intención es abordar todas esas expresiones no catalogadas dentro de lo musical, que fueron parte si no integral al menos contingente del movimiento de rock, como pueden haber sido los ilustradores del estilo Rodney Mathews  o escritores de ciencia ficción como Michael Moorcock. Es lo que viene en este sitio.

1.14.2015

Manal y un sueño premonitorio

Transcurría el año 1970. Quien escribe tenía por entonces entre  16 y 17 años, y ese sueño fue sin dudas una marca indeleble. Tal vez transcurrió,  después de haber visto en altas horas de la noche el programa del “Indio” Edgardo Suarez. Un programa que a los que éramos adolescentes por entonces nos marcaba fuerte. En la escena onírica quien relata se decía a sí mismo que ya no era más hincha de River, sino de Manal. En aquellos tiempos no existían las camisetas de las bandas, como ahora, como podrían haber sido  después las marcas de The Ramones  o The Clash. Aún el rock no se había futbolizado.  Tal vez era una premonición de lo que algunos años después sería el Rock.  Una marca similar a la de los tifosi o la de los hooligans. En aquel tiempo sobre eso no podía hablar ya que quien escribe se iba convirtiendo cada vez más en un militante de la revolución cultural maoísta., y el fútbol o el rock se convertían en elementos secundarios. Lo cierto es que Manal me decía que “No hay que viajar a Europa ni estudiar en la Universidad” y que la proletarización se convertía en un dogma.

Hoy después de muchos años creo que aún no pude despertar de ese sueño…

7.02.2014

Ayer Nomás

Desde su inicio casi mítico, allá en la emblemática “Cueva” de la calle Pueyrredón, promediando los ‘60, la irrupción del rock argentino se metería en la médula de las diferentes generaciones de jóvenes del país.

Por mediados de los años sesenta en el mundo se comenzaban a respirar nuevos aires. Se iba produciendo rápidamente un desencanto general de las mayorías mundiales con respecto a las promesas que el capitalismo había realizado tras el final de la Segunda Guerra. Esto iría a impactar significativamente en los sectores juveniles de entonces, quizás de una forma no igualable a lo que sucediera con otra generación del Siglo XX. La Argentina no fue ninguna excepción. 
Algunos sostienen que en esos tiempos se vivió una profunda e inconclusa revolución cultural, que podríamos circunscribir a una multiplicidad de manifestaciones tanto políticas como artísticas, literarias, musicales, pasando por nuevos ensayos de organización social, como fueron las comunidades hippies o las comunas populares chinas. 
A Buenos Aires desembarcaron tanto el Pop Art, el happening, el psicoanálisis lacaniano, las nuevas vanguardias del pensamiento marxista, el rock, mientras se imponía la literatura de Ciencia ficción o la de Cortázar, y el Che Guevara tomaba las armas en la selva boliviana. Una muestra cabal de la nueva estética fue la existencia del Instituto Di Tella donde se daban cita los artistas de avanzada.

La Cueva de la calle Pueyrredón

La aparición del grupo de jóvenes músicos, poetas y escritores que hicieron de La Cueva, su punto de encuentro, no fue un acontecimiento aislado de todo ese contexto social, cultural e ideológico, sino el resultado legítimo de la integración de parte de esos nuevos aires que soplaban por el mundo, con una cultura bastante susceptible a las nuevas tendencias de vanguardia. 
Uno de los personajes claves de los que se daban cita en la Cueva, Pipo Lernoud, escribió en la Revista La Mano: “Fue en la Cueva donde empezó realmente el rock nacional. Sin el fermento de La Cueva, esa mezcla de influencias musicales, literarias e ideológicas, nuestro rock hubiera sido uno más en el continente, otro reflejo pálido de las ideas anglosajonas. Sin La Cueva no hubiera habido Avellaneda blues, ni De Nada Sirve, ni La Balsa. Y toda la historia que viene detrás, desde Charly García a Sumo, desde Los Redondos hasta Spinetta, está teñida con las inquietudes ambiciosas de los locos de La Cueva. No hay en el Continente, con la excepción de Brasil, una historia de rock, poesía y desafío como en la Argentina, y tampoco la hay en Europa fuera de Inglaterra. Porque el aislamiento cultural al que nos sometieron las sucesivas dictaduras y la multiplicidad de las influencias del rock, produjeron un híbrido original que nació ahí, a fines del 65 y comienzos del 66, cuando el mundo dejó sus viejos ‘conjuntos’ abandonó el sueño de triunfar en la Escala Musical y salió a caminar por la avenida Pueyrredón, desde La Cueva a La Perla, para empezar a escribir una historia diferente.”
De haber sido un sitio de encuentro de músicos de jazz, la Cueva se fue convirtiendo en el primer lugar de Argentina, donde se comenzaban a nuclear los pioneros del rock nacional. Allí convergían el gordo Billy Bond, los hermanos Fatorusso de la banda uruguaya Los Shakers, Tanguito, Moris, Javier Martínez, Pajarito Zaguri, Miguel Abuelo, Litto Nebbia entre otros. 
Resulta importante distinguir toda esta movida cuevera, de lo que comenzaba también a desarrollarse en la Argentina, bajo el rótulo de música Beat, que consistía simplemente en un género simple que no complicaba demasiado al pensamiento pero que era especialmente apto para bailar. El incipiente movimiento de rock era partidario de una música que además de “entrar por los oídos, ingresara en la cabeza, y no solamente por los pies” según expresaban los primeros representantes de esta cultura en nuestro país. En tal sentido una de las ideas fuerza, fue que siendo las letras de las canciones uno de los contenidos más importantes, se logró desmitificar esa idea eso de que el rock o el blues solamente podían cantarse en inglés. Entonado en un lenguaje poco comprensible, este estilo perdía la mayor parte de su sentido contestatario y revulsivo. Tampoco se podía cantar en español, diciendo todas esas cosas que a nadie les molesta y que refuerzan mucho más la alienación social. Es importante señalar que los grupos de música beat -también denominada comercial o complaciente-, cantaban en castellano, pero con letras que no cuestionaban lo establecido. Si hay un componente esencial en el surgimiento del rock argentino, eso fue hacer letras en castellano. Si bien un grupo mexicano como los Teen Tops habían realizado rock cantado en nuestra lengua, a principios de los ’60, sus producciones eran traducciones de clásicos del rock, que habían realizado en los ’50 figuras como Chuck Berry o Little Richard.

Las primeras bandas

Tal  como se encuentra historiografiado, el 2 de junio de 1966, se produjo la edición del primer disco simple del rock nacional. Los Beatniks, formados ese mismo año, editarían los temas “Rebelde” y “No finjas más”. La banda estaba formada por Mauricio Birabent (Moris), Javier Martínez, Pajarito Zaguri, Antonio Pérez Estévez y Jorge Navarro. El grupo se iría a disolver al poco tiempo. Vale destacar que el nombre “beatnik” que tomó esta formación provenía de un movimiento literario formado en Estados Unidos para finales de los ‘40. La traducción “derrotados”, expresaba antes que nada un fuerte contenido en contra de las pautas de vida americana, resaltadas en una visión cruda y con componentes muy ácidos. 
En 1967, se iría a producir el primer éxito discográfico del incipiente movimiento. Desde Rosario, habían llegado los Gatos, integrados por Litto Nebbia, Oscar Moro, Ciro Fogliatta, Alfredo Toth y Kay Galiffi. Ellos editarían los temas “La Balsa” y “Ayer nomás”, vendiendo más de 200 mil placas. Todo un éxito comercial por ese entonces. La cara principal del disco simple, “La Balsa” fue una composición conjunta de Nebbia junto al legendario Tanguito, mientras que el segundo tema era una composición de Moris con letra arreglada por Litto Nebbia, a la inicial que había escrito Pipo Lernoud. El tema original sería conocido posteriormente con la edición del álbum de Moris “Treinta minutos de vida”. La banda se iría a separar en 1969, para volver a juntarse en 1970, en una versión mucho más rockera, donde se notaba la presencia de un nuevo guitarrista: Norberto Napolitano, el inconfundible Pappo.
1968 iría a ser el año de aparición de los dos grupos que marcaron más que nadie, el futuro del movimiento de rock.  Manal y Almendra, con estilos bastante diferentes, blues con letras urbanas de alto contenido social, el primero y el rock canción con una poesía surrealista de muy alto vuelo el segundo; le darían al rock argentino una impronta que es la que sellaría un estilo inconfundible.
El año 1970 representó una vuelta de tuerca para el incipiente movimiento rockero. Hasta ese momento, se venía desarrollando de manera casi lacunar, en fragmentos, como un fenómeno nuevo que no terminaba de unificarse. No todas las bandas que iban apareciendo estaban conformadas por ex parroquianos de la Cueva, y muchos de los nuevos rockeros ni siquiera se conocían. La existencia de un sello musical como Mandioca, hizo que algunos grupos pudieran grabar sus primeros discos, cosa que en aquellos tiempos no era para nada fácil. Manal, Vox Dei y Moris si no hubiera sido por Mandioca, tal vez hoy serían completamente desconocidos. De gran importancia fue también el surgimiento de la revista Pelo, que además de promocionar a los diferentes agrupamientos locales, informaba sobre bandas internacionales, que por ese tiempo nadie conocía, ya que las ni las radios ni la TV difundían. El primer festival Buenos Aires Rock (BARock) organizado por Pelo, en 1970, en el Velódromo Municipal ubicado en los bosques de Palermo, fue tal vez el primer acontecimiento importante del rock local, en el sentido de que aunó en un mismo escenario a casi todas las expresiones locales del incipiente movimiento juvenil. 
Este nacimiento del rock producido promediando los ’60, paulatinamente se fue incorporando a las diferentes generaciones juveniles del país, extendiéndose hasta la actualidad. Sin dudas el rock argentino es un fenómenos singular, no sólo para haber comenzado a desarrollar letras en castellano, sino porque también a lo largo de los años se constituyó en algo sumamente masivo. Una parte importante de la cultura de los jóvenes argentinos en los distintos tiempos.

Nota publicada originalmente en la Revista Mascaró de julio de 2014

4.08.2014

El Lozano: el teatro donde todo comenzó

Nota publicada originalmente en la Revista Sudestada

Hay lugares que tienen nombres conocidos, sitios a los que se los asocia con determinados hechos o personajes, pero poco se sabe de sus particularidades, de cómo ciertos envases, moldean y a su vez representan a los productos que llevan adentro. El Teatro Lozano de la ciudad de la Plata es un ejemplo de eso. Sí no fuera por la trascendencia que alcanzó por el hecho indiscutido de que ahí se produjeran las primeras presentaciones del emblemático Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, su nombre sería desconocido hasta incluso por muchos habitantes de la ciudad de las diagonales. Los llamados “Lozanazos” se asocian indefectiblemente a dicha banda de rock, pero lo que acontecía en aquel pequeño teatro durante los años ’70 fue bastante más,  fue uno de esos sitios que albergaron a muchas de las principales expresiones de de la contracultura platense, entre ellas a los Redondos.
El teatro, o para ser más precisos el Salón Cultural Lozano, ubicado en la calle 11 entre 45 y 46, es un lugar perteneciente a la Agremiación Bonaerense de Empleados de Reunión del Hipódromo de La Plata, una entidad gremial con un largo antecedente de luchas y solidaridades.  El teatro está considerado por los trabajadores del sector como un factor de sostenimiento económico y verdadero orgullo de la agremiación.
Carlos Mariño uno de los precursores del rock platense, no por ser precisamente músico, sino por sus programas radiales, por ser un organizador de eventos, y sonidista entre varias cosas más; en 1972 les alquiló a los empleados por reunión del hipódromo el emblemático teatrito. Una vez por semana iría a presentar a alguna de las bandas del under platense. Según contaba Carlos por aquel entonces la mayoría de los grupos de rock de la ciudad no estaban afiliados al sindicato de los músicos, y esto hacía que fueran perseguidos y que no los dejasen tocar. En Buenos Aires era mucho más fácil entrar al gremio, pero en La Plata los requisitos eran tantos que ningún rocker aceptaba esos condicionamientos burocráticos. De esa forma realizar lo que propiamente se podría llamar un recital era casi una ceremonia clandestina, o camuflada con otros condimentos, principalmente expresiones culturales como teatro, poesía, muestras artísticas, etc. Y lo del sindicato de músicos no era pavada, una vez iba a presentarse en el Lozano una banda de Ensenada que se llamaba La Primera Flor que brotó después de la nevada, y cuando llegaron al lugar los estaban esperando con un patrullero. Burocracia sindical y policía de la mano.  No era para menos que muchos de ese sindicato eran músicos integrantes  de las bandas de la Marina y el Ejército. Tanto es así que los integrantes de la Cofradía de la Flor Solar tuvieron que afiliarse en Buenos Aires.
Eso sí, los que comenzaron a organizar eventos en el Lozano, metieron mano y tuvieron el permiso de los propietarios para hacer algunas cambios. Por ejemplo -según contaba Mariño-, la iluminación pasó a ser obra de una cantidad importante de luces de automóviles, faroles de 12 voltios metidos en latas de aceite de 5 litros, que pendían de unas barras de hierro sujetadas al techo. Esas barras se habían construido en la Escuela  Industrial de Berisso.  Las actividades tuvieron algún parate pero retomaron con fuerza a partir de marzo del ’74. Cuando a nivel de la sociedad la cosa se puso más dura, y la represión comenzó a ser moneda corriente, no solamente para los militantes de la izquierda, sino para cualquier cosa que pintase diferente, los grandes recitales en la Plata comenzaron a ser cada vez más espaciados. Ya no llegaban las bandas porteñas al Estadio Atenas, ni era factible hacer festivales ni en el Teatro del bosque, ni en el Comedor Universitario, en donde las bandas locales eran las principales protagonistas. Había que refugiarse en los tugurios, y cuidando que no se sepa que fuera un concierto, ya que los del sindicato de músicos te mandaban a la policía. No tenían ninguna compasión. Entonces eran eventos culturales, no sólo como fachada. Además porque ése era un gusto bastante arraigado en la bohemia platense. Sol de Barro, Ataúd, Liverpool, Experiencia Cósmica, Gusano, Planetas fueron algunos de esos grupos que tocaron en el Lozano desde el ’74, matizando con poetas que leían sus versos, con actores que improvisaban escenas, e incluso con espectáculos infantiles. Durante la semana la mayoría de esos grupos tenían permiso para ensayar en el lugar. El Lozano adecuaba su sala para diversas expresiones artísticas. No solamente era rock lo que se ofrecía, también tango y folklore para gente más grande, así como ciclos de cine, grupos de teatro, exposiciones de plástica y fotografía. Fue en ese escenario donde Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota iniciarían sus célebres ceremonias, con una cantidad importante de miembros que muchas veces rotaban, con dialoguistas y bailarinas que hacían striptease. Mucho se escribió sobre el antecedente de la Cofradía de la Flor Solar, pero si los Redondos musicalmente tuvieron algún predecesor, ese fue Billy Bond con su Pesada del Rock, que desde el ‘72 orbitaban por La Plata, e incluso ensayaban en una casa de Punta Lara, habiendo  incorporado a su formación a algunos ex integrantes de la Cofradía, como Kubero Díaz, Jorge Pinchevsky e Isa Portugheis. En el ’74 cuando la mano se puso dura muchos de ellos emigrarían a Europa. Y no era para menos, ya que por esos años anteriores al golpe de Estado del ’76 las patotas parapoliciales y fascistas, asediaban a todo lo que pareciera ir a contramano de la moralina social, en una ciudad en la que se convivía con una clase media bastante conservadora y reaccionaria.
Entrada ya la dictadura, allá por el ’77 la ciudad de La Plata se había vuelto grisácea y descolorida. La dictadura había golpeado muy duro en la región, mucho más que en otros sitios. Todo el empuje contracultural de años atrás había quedado reducido a pequeños tugurios, donde se pudiera ejercer cierta resistencia. Aquella “Pálida ciudad” que habían entonado Billy Bond y la Pesada del Rock, ya no sonaba ni en las diagonales, ni en la ribera. Aquel tema de Kubero, desde el silencio cobraba mucha mayor vigencia. Tan pálida se había vuelto la ciudad que ya ni siquiera era posible decirlo. Si bien el sol podía salir, su brillo estaba opacado y era preferible la noche, a pesar de sus peligros. Los sobrevivientes disimulaban su condición, a sabiendas de que a muchos amigos los habían perdido. El rock y la cultura ocuparon un lugar de resistencia, a condición de no masificarse. Los milicos no podían liquidar todo, porque menos, ya era mucho.
Durante los últimos meses del  ’77 Mariño consiguió un socio especial para darle un nuevo empuje al Lozano. Un escribano platense, de considerable billetera, y de renombre. Éste quiso ponerle  fichas a algo que para él era completamente desconocido, pero atractivo. Algunas nuevas remodelaciones, se hicieron y programaron otras actividades. El suplemento Imagen Platense del diario El Día, les brindó una hoja de una de sus publicaciones. El escribano tenía sus influencias. Fue así que llegaron al Lozano los cómicos Juan Carlos Mesa y los hermanos Basurto.  Pero también se daban hechos que no hay que dejar pasar por alto. Una vez se llevó la clásica obra "Pabellón 7" de Paul Vanderberg que interpretaba el actor Alberto Mazzini, una obra que mostraba la prisión y los avatares que suceden en ella. Justo enfrente del teatro está el Instituto Inmaculada, un tradicional colegio católico femenino, de los más caros; y el cura encargado se cruzó la calle para reclamar que esa obra no se realice más porque era una perversión, un mal ejemplo para las señoritas que cursaban en su institución. Obviamente no fue escuchado. Durante las presentaciones de Patricio Rey no pocas veces cayeron de Inteligencia y se suspendían las actividades. Un hecho bastante peculiar fue cuando se realizó un evento que contaba con la presencia de Armando Tejada Gómez y Hamlet Lima Quintana, que se denominaba “El Show de la Palabra”. El casero del teatro recibió un llamado telefónico en el cual decían que iba a explotar una bomba debajo del escenario. Rápidamente evacuaron el lugar y tras ir los de la brigada de explosivos, comprobaron que no había nada. Todos de nuevo adentro para que el show se haga.
Cuando los principales protagonistas de los eventos en el Lozano recuerdan aquellos tiempos no dejan de señalar la sana complicidad del gremio de empleados de reunión del hipódromo. Ningún otro locador hubiera dejado que se haga tanto, y que a su vez todo eso los comprometa. Mariño recuerda que el hijo del casero es uno de los treinta mil desparecidos y que siempre se prendía de todas las movidas que allí se hacían.

Tras la gira que los Redondos hicieran por Salta, más precisamente en el ya célebre Bar El Polaco, a su regreso ya siendo el ’78 volvieron a presentarse en el Lozano. El suplemento dominical del diario El Día decía en esa oportunidad: “Patricio Rey es una banda que hace un tipo de música nueva para nuestro país, con ciertas reminiscencias de la música de California, y, paradojalmente, también del punk rock, todo eso pasado por el tamiz de lo nacional, aquello con influencias de La Pesada y letras que se entienden y quieren decir algo” señalando luego que  “Esperamos que tanta ansiedad por parte del público rockero sea bien correspondida por Patricio. Lo esperamos por el público, por nosotros, y por el rock local, que este año parece querer salir de un largo letargo en el que parecía sumido. Será una cita con la música y además, suponemos, con todos los viejos popes de la música local y porteña, que esperan, igual que Imagen Platense, que Patricio sea todo lo que parece que es”.

12.06.2013

Machine gun. Tearing my body all apart.

El rock progresivo, ése que llevaría toda la impronta de construir nuevos sonidos, a partir de la explosión tecnológica, y que tendría un contraste y equilibrio importante entre los diferentes instrumentos musicales, sin dudas es el resultado del desarrollo del sonido electrónico y de toda la tecnología propia al tiempo de su irrupción. Pero, por qué a un instrumento o a un conjunto de ellos, habría que hacerle emerger sonidos, que de por sí, no estaban contemplados en lo que se refiere a lo estrictamente pentagramático. Tal vez eso, sea una respuesta al porqué de la existencia e invención de diferentes instrumentos, en tiempos en los que la tecnología no era avanzada, pero el interrogante se vuelve interesante cuando los diferentes sonidos, necesariamente tendrían que salir de un mismo instrumento, como si desde un solo sitio debieran irradiarse todas las variaciones posibles. La respuesta sin dudas no es obvia, pero responderse aunque sea algo de ella, sería comprender mínimamente  el surgimiento de un Jimi Hendrix.

Ya en los primeros tiempos del blues, tanto Robert Johnson como Elmore James, intentaron extraer sonidos de la guitarra, no previstos. Fue así el surgimiento del slide y el bottleneck, la utilización del cuello de una botella para que se desplace por encima de las cuerdas para generar un sonido indeterminado, pero cargado de significación. Eso podría casi considerarse como la invención de instrumentos complementarios para un instrumento principal. Sin este antecedente, es impensable la explosión sonora Hendrix. La tecnología es parte del desarrollo de las fuerzas productivas, y solamente tiene validez si como correlato existe  el desarrollo y el surgimiento de un sujeto, que sea capaz de producir con esa nueva tecnología. Porque claro, las máquinas solas no funcionan, y mucho menos si se trata de generar con ellas una estética o un arte.

El valor de Jimi Hendrix, en la historia del arte contemporáneo, además de su vuelo musical de envergadura, fue sin dudas el incluir diferentes efectos sonoros, a partir de distintos pedales (Overdrive, Octavia, Fuzz Face, Wah- Wah) para potenciar la guitarra electrónica, y conseguir sonidos, que hasta resultaban una versión satírica del tiempo fugaz que le tocó vivir. Machine Gun, es una de las muestras más acabadas de su producción, haciendo que del instrumento surja el sonido de esa ametralladora que debía callar.

6.20.2013

Syd Barrett, Pink y Floyd- “Wish You Were Here”

El destino de convertirse en mito, desde Robert Johnson en adelante parecía que tenía que ser la muerte prematura. Ese rasgo marcó a las grandes leyendas del rock, que fallecieron igual que el mítico guitarrista de blues, a los 27 años. El camino de Syd Barrett fue diferente, fue desaparecer, recluirse y que se pierda todo rastro de él. Barrett falleció en 2006, cuando tenía 60 años, pero desde hacía más de tres décadas ya era un mito viviente, y nadie sabía ni dónde estaba, ni qué hacía, y aunque estuviera vivo, para casi todos ya era parte del pasado.

En "Shine on You Crazy Diamond" Roger Waters, lo invocaba, pidiendo que el loco diamante vuelva a brillar como tiempo atrás, y que tal vez por haber encontrado al secreto demasiado pronto, o haber quedado atrapado en el fuego cruzado entre la niñez y la fama, esto le haya dejado en sus ojos una mirada, que parecieran dos agujeros negros en el cielo…
El grupo ensayaba la grabación de su obra “Wish You Were Here” cuando de repente un intruso se precipitó dentro de los estudios de Abbey Road, con una guitarra en sus manos como para grabar también su parte. Todos se preguntaron quién sería esta persona con la cabeza y las cejas afeitadas, y bastante obesa. David Gilmour quien fuera compañero del secundario, después de mirarlo varias veces, supo que Syd estaba ahí, demasiado cambiado en su figura, pero llegado casi como si lo hubieran llamado. No grabó, ya que su parte ya estaba hecha. Ese mismo día Gilmour contraía matrimonio y en la fiesta de boda que se realizara en el bar de EMI, fue cuando todos los integrantes de Pink Floyd lo vieron por última vez, tras perderse el loco diamante entre la multitud. Esto sucedía en 1975.

Desde 1964 Roger Waters, Rick Wright, Nick Mason y Bob Klose, ya eran parte de un agrupamiento musical que fue mutando su nombre, hasta que se incorporó un nuevo integrante: Syd Barrett, y si bien ellos por ese tiempo se llamaban Tea Set, el nuevo integrante además de darle el estilo psicodélico característico, rebautizaría al grupo con el nombre The Pink Floyd Sound. Este nuevo nombre vale la pena precisar de dónde provenía. Los sonidos de Pink y de Floyd evocaban el nombre de dos viejos negros bluseros, que seguramente cuando murieron, ni supieron que habían entrado en la historia del rock, es decir en la narrativa de la versión blanca del rhythm and blues. Pink Anderson había nacido en Carolina del Sur, en 1900, y tras una vida de bluesmen, falleció en 1974 en la miseria, subsistiendo como músico en las tabernas, mientras que Floyd Council nacido en Carolina del Norte en 1911 fue otro guitarrista de blues que desde finales de los ’60 a partir de un derrame cerebral no pudo seguir su actividad, y falleció en 1976. Cuando ambos murieron Syd hacía varios años que ya había desaparecido de escena, y es probable que nunca los haya conocido más que por el texto escrito en la tapa de un disco de Blind Boy Fuller de 1962, en el cual decía: “Curley Weaver y Fred McMullen, (...) Pink Anderson o Floyd Council - estos eran algunos entre los muchos cantantes de blues que podían escucharse en las onduladas colinas de Piedmont, o serpenteando con los arroyos entre los arbolados valles”.